jueves, 28 de agosto de 2008

Letras sueltas

El mundo de las escrituras es un universo inmenso del que jamás se llega a conocer toda la profundidad, por eso no pretendo dar una lección, sólo intento transmitir por qué me produce tanta fascinación. Este mundo está lleno de historias encantadoras, algunas son éstas:
La escritura china
Hace tres mil quinientos años, la adivinación en China tenían un gran prestigio, basta recordar que la primera gran obra de su literatura es el I Ching, el conjunto de oráculos que se invocaban echando 50 tallos de aquilea [por cierto, me resulta curioso que en la mayoría de bibliotecas este libro esté en la sección de parapsicología]. Pero el método de adivinación más importante era el de arrojar al fuego caparazones de tortuga, en los que se abrían grietas que después eran "leídas" por el adivino. Me imagino que esas letras escritas por seres divinos e invisibles fueron produciendo la idea de que unas líneas trazadas podían transmitir información; de ahí a que después fuera naciendo la palabra escrita, y que los mismos adivinos escribieran en los caparazones sus propios mensajes para comunicárselos a sus espíritus. Son las primeras muestras de escritura china, un sistema que ha evolucionado sin interrupción hasta el día de hoy.
Escritura sagrada
Siempre se ha creído que las primeras muestras de escritura en Mesopotamia se crearon para fines mundanos: transacciones comerciales, inventarios, compras... Sólo más tarde culturas como la sumeria o la egipcia atribuyeron a sus letras un origen divino. Pero lo cierto es que todos esos escribas eran también sacerdotes, y a menudo lo que redactaban eran las listas de ofrendas de los fieles a los templos. Esas ofrendas eran un acto de fe y su puesta por escrito les daba carácter divino. Hoy en día nos cuesta entenderlo, pero aquello era realmente burocracia santa.
Memoria
Las primeras escrituras no tenían ortografía ni sintaxis, eran una lista de palabras colocadas una tras otra. En realidad, los escribas no leían esos textos, sino que eran una ayuda para la memoria. Después, cuando las escrituras evolucionaron, no siempre consideraron necesario hacer constar todo lo que se pronuncia. En escrituras semíticas procedentes del fenicio, como la hebrea y la árabe, aún ahora no se hacen constar las vocales. Los lectores deben echar mano de su memoria para deducir cómo se lee la palabra según el contexto. Lo cierto es que es difícil leer una palabra si no se la conoce antes.
Hubo pueblos que nunca usaron la escritura e incluso la despreciaron, como los celtas (la escritura oghámica parece ser una adaptación del alfabeto latino, y no consta que se usara demasiado). Para los druidas celtas, era propia de gente inculta la necesidad de anotar sus conocimientos; ellos presumían de atesorar en su memoria infinita sabiduría. Eran los herederos de una cultura oral antiquísima y frágil, que acabó desapareciendo con ellos.
Los panes
¿Cómo puede entender lo que significa la escritura quien jamás ha tenido contacto con ella? Acabo con una historia que leí una vez: un misionero encargaba a un indio llevar a otra misión una cesta con panes. Pero le hicieron sospechar que no llegaban tantos panes como él enviaba, así que en una ocasión metió en la cesta una nota con la cantidad enviada. Efectivamente, el indio se había comido varios por el camino, y gracias al papel escrito fue descubierto y amonestado. De nuevo se le encargó el transporte, pero con la nota incluida por si acaso. Cuando llegó a la otra misión y los responsables miraron el papel, descubrieron sorprendidos que volvían a faltar panes. El indio no esperaba que le volvieran a descubrir: a mitad del camino, se sentó, sacó los panes y se comió varios, pero antes tuvo la precaución de esconder la nota bajo una piedra mientras tanto, para que no pudiera verle y después delatarle.
Hay mucho más que contar, pero eso será otro día.

miércoles, 20 de agosto de 2008

Las primeras religiones

Por casualidad llegó hasta mí el libro de Marlo Morgan "Las voces del desierto". Después me he enterado de la polémica que lo rodeaba, pero más allá de su calidad literaria y de las intenciones de su mensaje, me ha gustado de esta obra el retrato que hace de un pueblo primitivo (sea o no exacto) que, habitando en un medio infernal como son los desiertos de Australia, se ha desprendido de toda posesión para habitar sólo sus cuerpos, desnudos y a merced del día y la noche, del sol y del viento, haciendo de sus vidas una experiencia mística. Es cierto que puede que sólo sea una recreación poética, pero de una poesía bellísima. Cada día abren sus manos y sus mentes a lo que la realidad del infinito universo quiera traerles, y el universo responde y los acoge. Desde un punto de vista religioso, no parecen estar lejos de la naturaleza búdica.
Esto me ha recordado un capítulo del estupendo libro de Huston Smith "Las religiones del mundo", el dedicado a las "religiones primitivas" o primeras. También él reconoce la importancia de la cultura aborigen australiana, la única que no vivió el neolítico que cambió el resto del mundo hace 12.000 años. Estos pueblos habitan en un mundo mítico, pobremente traducido como "ensueño", que no está separado del cotidiano sino que es una misma realidad que se puede experimentar de diversas maneras. Es el mundo de los héroes creadores, que no pertenecen a un pasado lejano, sino que se encarnan en cada acto que realiza la persona: la caza, el nacimiento, el aprendizaje... vuelven a repetir la creación del mundo. Porque el tiempo primitivo no es lineal (del pasado hacia el presente y luego al futuro), ni siquiera cíclico (el giro de las estaciones), sino que es atemporal, es un eterno ahora. La relación de las religiones primeras con la naturaleza se puede explicar en tres partes:
-Su afianzamiento en el lugar: los arroyos, los árboles y las rocas no son intercambiables con otros. Cada uno, en su lugar, evoca recuerdos de los hechos legendarios de los que formaron parte.
-La integración en su propio mundo: la identidad de cada individuo se define sólo dentro de su comunidad, es como la relación entre un órgano biológico y el cuerpo que habita.
-El enraizamiento de la comunidad en la naturaleza: los animales son "gentes" con las que se puede intercambiar la identidad. En el libro de Morgan los aborígenes explican que los animales y las plantas "realizan la función por la que vinieron al mundo" al "dejarse" cazar o recolectar.
Toda su vida está llena de mística, una mística desprovista de teología, práctica. Un jefe indio explicó a un investigador que la caza era para ellos la búsqueda vital de la verdad última, una búsqueda que requiere la oración previa y la purificación del sacrificio. "Las huellas diligentemente seguidas son signos o indicios del objetivo, y el contacto final con la presa es la comprensión de la Verdad, el objetivo máximo de la vida". En las religiones primitivas, todos los seres, humanos, animales, vegetales, rocas, ríos, viento, cuerpos celestes, todo tiene vida y es uno, todo depende de todo lo demás. Como dice Huston Smith, "si continuamos investigando esta compenetración, llegaremos a un punto en que el orden se revierte y comenzaremos a pensar, no en los pueblos primitivos integrados en la naturaleza, sino en la naturaleza que, en busca de sí misma, penetra en los seres y los impregna con el fin de ser moldeada por ellos".
-"Las religiones del mundo", Huston Smith (1991) Editorial Thassàlia, 1995