martes, 20 de enero de 2009

Dios o el azar

Hace 150 años que Darwin publicó "El origen de las especies", y aún hoy en día es posible oír a alguien decir: "es sólo una teoría", sobre todo a alguien que lo único que sabe de la teoría de la evolución es que se llama "teoría de la evolución" y nada más. No sabe que después de 150 años la genética ha confirmado la teoría y lo único que se discute es sobre los procesos de la evolución. Pero aunque nadie defiende ya que el sol gira alrededor de la tierra, sin embargo la evolución parece no convencer, y creo entender por qué.
Esto me hace recordar un tema que de vez en cuando vuelve a la actualidad, un movimiento científico llamado Proyecto Simio que defiende el reconocimiento de derechos especiales para las tres especies de primates: orangutanes, gorilas y chimpancés. Cualquiera que haya estudiado a estas criaturas se ha dado cuenta de que su sensibilidad, su percepción y su pensamiento rompen todas las barreras que los separan del ser humano. No son humanos, pero tratarlos como conejillos de indias o usarlos en espectáculos es especialmente humillante para toda la humanidad. Siempre que aparece este debate, los periódicos empiezan haciendo chascarrillos sobre monos que podrán votar o casarse... Después aparecen las opiniones de personas supuestamente religiosas con comentarios del tipo: "ya estamos otra vez, reduciendo al ser humano a la condición de animal..." Es una postura de ciertos sectores religiosos que cree que hay una conspiración científica para atacar la dignidad humana y su condición única en la cúspide de la naturaleza, para reducirla a una simple masa celular y dar rienda suelta a todo tipo de experimentos médicos interesados.
Yo siempre había pensado que la gente se dividía entre creyentes y no creyentes, pero no se trata de elegir entre Dios o la nada, sino entre Dios o el azar. La evolución no sólo nos dice que somos animales como los demás, sino que no hay ninguna razón especial para estar aquí, que todo ha pasado por casualidad, por muchísimas casualidades. La vida busca la forma de salir adelante, pero no por propia voluntad. Los cambios van surgiendo al azar, algunos triunfan y otros no. No se trata sólo de la famosa supervivencia del más fuerte (otro tópico muy citado), sino de la supervivencia del más listo, del más cooperador, del más abnegado. La religión ve un motivo no sólo en nuestra existencia, sino en todo lo que sucede.
Bueno, no debería decir religión. Para cualquier budista o taoísta ésta es una discusión absurda. "La luna no busca ser reflejada en el agua, y el agua no tiene ninguna intención de reflejar a la luna". El Tao no es intencionado, es un flujo que se ajusta a sí mismo, sin interés ni provecho, que es simplemente tal y como debe ser... ¿como la evolución? ¿Y si sólo se tratara de cambiar el punto de vista?
La Creación es una sola, es un gran Organismo con una única Alma. Ese ser hecho a imagen y semejanza de Dios es la Creación toda. En ella ningún ser puede existir sin todos los demás. Y el órgano donde reside la conciencia es el Ser Humano, el que es capaz de comprenderlo todo, el que le da sentido y razón de ser. Los pueblos primitivos siempre lo han visto así, porque nunca usaron a la naturaleza como un objeto. Nuestro deber como Conciencia es llegar a comprender cómo funciona este sistema. El azar no es confortable ni consolador, pero ya que es la realidad debemos intentar darle sentido. Creo que la única manera de reunir estas dos opciones tan contrarias es así. No hay ningún motivo para existir, la Existencia es el Motivo.

lunes, 19 de enero de 2009

Samarcanda

Las Robaiyyat (estilo poético que se podría traducir por cuartetas) fueron una forma popular de poesía en el mundo musulmán medieval; en persa o árabe, varios poetas las utilizaron, pero por este título se identifica sobre todo la obra de Omar Jayyam, que fue un reconocido matemático y astrónomo, pero mucho más famoso por sus versos amargos y subversivos, donde evoca la tristeza de la vida mientras se consuela con la belleza de las mujeres y el vino. Son versos depresivamente románticos:
Si de mí dependiera, yo no habría venido,
si de mí dependiera, yo no me marcharía.
Y lo mejor sería que en este mundo ruinoso
ni llegara, ni hubiera de partir, ni estuviera.

Hubo una gota de agua, se acabó uniendo al mar;
hubo un poco de tierra, y se igualó a la tierra;
tu llegar y partir de este mundo, ¿qué son?:
apareció una mosca y desapareció.
Son también versos descreídos:
Que amantes y borrachos irán a los infiernos,
no puede ser verdad, creerlo es imposible;
si van a los infiernos amantes y borrachos,
quedará el paraíso desierto y despoblado.
Y muy, muy desconsolados:
Cuando huyan de sus cuerpos tu alma pura y la mía,
sobre nuestras dos fosas levantarán dos tumbas;
más tarde, para alzarles a los demás sus tumbas,
con tu tierra y la mía moldearán ladrillos.
Este libro de poesía es el protagonista del libro de Amin Maalouf Samarcanda, biografía inventada de un personaje real (como en León el Africano), excusa para desgranar la historia de Asia Central en el siglo XI, y de epílogo la del mismo lugar entre los siglos XIX y XX. Pero qué forma de contar la historia, como si fuera algo personal, como una novela de intriga con giros inesperados, muletillas del tipo: "Lo que él me dijo a continuación con frases entrecortadas, el mundo entero iba a saberlo al día siguiente". El mismo principio de la novela es una promesa: "En el fondo del Atlántico hay un libro. Yo voy a contar su historia". Ese libro es un manuscrito imaginario de las Robaiyyat de Jayyam, el motor de todo el argumento, poco importa que muchos versos citados por Maalouf no sean originales, pero ¿quién quiere distinguirlos, si la ficción es mejor?
Omar Jayyam deseaba dormir entre las flores. En su tumba de Nisapur "las ramas de los perales y melocotoneros se extendían sobre la sepultura y esparcían sus flores de tal manera que estaba oculta bajo una alfombra de pétalos".
¡Qué solo estabas, Jayyam, junto a tu amada!
Ahora que se ha ido, podrás refugiarte en ella.
-Robaiyyat, Omar Jayyam. Edición e introducción de Sadeq Hedayat. Versión española de Zara Benham y Jesús Muñárriz. Poesía Hiperión nº 217, 1998.
-Samarcanda, Amin Maalouf (1988) Alianza Editorial. El libro de bolsillo, Literatura Contemporáneos L5541, 2002.