viernes, 20 de marzo de 2009

Sobre "Memorias de África" de Isak Dinesen

Este libro cumple la más mágica función de la palabra escrita: contiene la vida. Y no como un frío museo de animales disecados. Cuando deslizas los ojos sobre las letras, emerge de ellas un aliento cálido, un rumor que crece, y se produce el milagro del viaje en el tiempo. Un mundo se reconstruye ante tus ojos, a veces más real que tu realidad misma.
La nostalgia es el ingrediente clave de la pócima milagrosa. No es una historia anotada en el momento, sino una evocación, una memoria recuperada. Eso le da a todas las cosas un valor superior. Son cosas, hasta la más insignificante, que se echan de menos. Además, el tiempo permite colocarlas en su respectivo valor en las estanterías de la memoria. Cada cosa y persona de las que se habla, contienen en sí mismas su principio y su fin.
Esta memoria ajena se ha introducido en tu memoria y has vivido muchos años concentrados en dos semanas de lectura. Y lloras en ese largo final de pérdida, porque sabes el valor de lo que se pierde. Tú, que tantas veces te has sentado en el banco de piedra frente a la rueda de molino que hace de mesa. Desde allí contemplabas las colinas de Ngong, azules y onduladas, siempre con lechosas nubes atrapadas en su espesura. Recuerdas a Kamante de niño y a Farah con sus blancas túnicas. Recuerdas los peces del estanque, supones que los habrá pescado alguien que no sabe quién fue el viejo Knudsen.
Mucho tiempo después y muy lejos de allí, aún medio dormida en una fría mañana del norte, te ha parecido sentir la campanilla de la gacela Lulú, aquella que criaste en casa pero siempre fue libre, que volvía desde la selva a hacerte visitas de cortesía, delicada, elegante, orgullosa, y piensas: ¡Lulú ha vuelto! Pero está muy lejos, África está muy lejos.Puedes llegar a pensar que toda tu vida, que toda África, han existido tan solo para albergar, como un cofre, a la perla Lulú y su corazón libre.

martes, 17 de marzo de 2009

Sayyidatuna Maryam: María en el islam

María, madre de Jesús, puede considerarse la mujer más venerada por los musulmanes, siendo la única cuyo nombre es mencionado en el Corán. Un famoso hadith del Profeta Mahoma dice: "entre todas las mujeres, sólo han alcanzado la perfección Myriam, hija de Imran, Fátima, Khadiya y Asiya, esposa del faraón". Sólo esta última aparece en el Corán, pero sin figurar su nombre.
En el Libro Sagrado se relatan los episodios de la concepción de María y de su vida consagrada en el templo, muy similares a lo que narran los evangelios apócrifos. El nacimiento de Jesús, sin embargo, es ajeno a la tradición cristiana. No hay Belén ni San José, sino que en la soledad del desierto, María se recuesta bajo una palmera, de la que caen dátiles para alimentarla, al tiempo que un arroyo mana a sus pies y le da de beber.
También existe una tradición en el islam sobre la Anunciación, en que María va a buscar agua a una cueva o cisterna, donde se le aparece el arcángel Gabriel, que sopla sobre ella para hacerla concebir (por supuesto, tampoco aparece ningún Espíritu Santo).
Los teólogos del islam llamaron a María Sayyidatuna Maryam (Nuestra Dama María). La mayoría le concede el nivel de santidad (waliyah), aunque algunos le reconocieron la nabiyah, lo que la situaría en el rango de los profetas. Entre estos, Ibn Hazm (siglo XI), Ibn Arabi y Al Qurtubi (siglo XIII). El poeta Rumi comparaba el alma humana pacificada con la Virgen María que da nacimiento al corazón personificado por Jesús.
Es curioso que muchos de estos comentarios coinciden con los hechos por místicos cristianos a lo largo de los siglos. Ibn Arabi escribe: "Dios llamó a Jesús a la existencia por la intermediación de María. Por ello, María fue situada en la posición de Adán y Jesús en la de Eva. Ya que, por lo mismo que un ser femenino vino a la vida a partir de uno masculino, un ser masculino nació a partir de una mujer. De esa manera Dios termina por donde había comenzado, trayendo al mundo un hijo sin padre, lo mismo que Eva vino a la existencia sin madre. Así Jesús y Eva son hermano y hermana, de los que Adán y María son padres". La idea de que María es el reverso de Eva al redimir su pecado, y de que la Encarnación es una nueva versión de la Creación, la mencionaron entre otros místicas medievales como Julianne de Norwich o Hildegard de Bingen.
También mencionan los teólogos musulmanes la idea de María como "hija de su hijo", conocida en la tradición cristiana. Así aparece en el último canto del Paraíso de Dante: "Oh Virgen madre e hija de tu hijo...", y en un verso de Chrétien de Troyes: "Este glorioso padre que de su hija hizo su madre..."
Es remarcable otra tradición de los comienzos del islam que dice que, cuando el Profeta conquistó La Meca y destruyó todos los ídolos de la Kaaba, incluyendo una imagen de Abraham, hizo una excepción con un icono de la Virgen con el niño, protegiéndola con sus manos.
Igual que para los cristianos, María es el ideal de creyente que acoge en su interior la Palabra y la hace nacer, para los musulmanes representa el ideal de la sumisión a la voluntad divina, la pura adoradora totalmente consagrada a Dios.
-De "Marie et le Mystère Marial", Revue Connaisance del Religions, nº 47-48, 1996.
La ilustración corresponde a una miniatura persa antigua.

domingo, 1 de marzo de 2009

Onnagata

El onnagata es el actor de teatro kabuki que interpreta sólo papeles femeninos. Esto viene de una antigua prohibición para las mujeres de subir a escena, pero con el tiempo los onnagata se han convertido en las auténticas estrellas de este género. No conocía demasiado el kabuki hasta que he visto los vídeos de la gran superestrella Bando Tamasaburo, y he descubierto esta danza que a ojos occidentales es más bien una mímica sutil. En ella a menudo el resto de personajes son imaginarios, los accesorios son evocados por abanicos o pañuelos y los asistentes que cruzan el escenario para ayudar con el atrezo se ignoran sin más. Cuesta imaginar cómo se puede hacer una coreografía de gestos tan mínimos, pero Tamasaburo recrea un auténtico sueño en el escenario. Su verdadero arte es moverse con esos quimonos en un oleaje de seda, y ni los copos de nieve se dejan caer tan delicadamente sobre el suelo como él/ella.
Muestro aquí un vídeo que en realidad es la parte central de una serie de tres. Sé que 10 minutos de danza japonesa pueden ser demasiado para quien no sea un fanático sin remisión como yo, pero este vídeo es especialmente precioso por la belleza del decorado y los espectaculares cambios de vestuario. La variedad de registros del/la intérprete es un muestrario de danza japonesa.