domingo, 20 de septiembre de 2009

Otras tres páginas

Una página de Francisco de Quevedo
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido.

Su cuerpo dejará, no su cuidado,
Serán cenizas, mas tendrá sentido,
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Una página de Robert Louis Stevenson
Cielos brillantes e infinitos
se alzaron, y en la noche vi
incontables estrellas ángeles
derramando tristeza y luz.

Las vi lejanas como el cielo,
mudas y brillantes y muertas,
estrellas de la noche, ociosas,
más queridas que mi sustento.

Noche tras noche en mi tristeza
vi las estrellas sobre el mar,
hasta que miré en las tinieblas…
y una estrella bajó hasta mí.

Una página de San Juan de la Cruz
Noche oscura
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A escuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba,
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedeme y olvideme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

sábado, 12 de septiembre de 2009

La mujer del cuadro

Hay pintores cuyos cuadros son fáciles de reconocer al primer vistazo, porque tienen un estilo único, por sus colores, sus temas. Sin embargo, algunos pueden ser reconocidos porque en sus cuadros siempre aparece Ella. En el caso del renacentista del siglo XV Botticelli, Ella es Simonetta Vespucci. Era una dama noble, cuya belleza cantaron todos los poetas. Todos los cortesanos se enamoraron (neoplatónicamente) de ella, pero él era un humilde pintor, muy lejos de poder aspirar a nada más que a trazar sus rasgos Ella murió poco después, pero en la pintura de Botticelli se había marcado una frontera visible: sus anteriores vírgenes y santas eran convencionales, sin rasgos destacables; a partir de entonces, todas sus vírgenes, santas, princesas o diosas serían Ella: la misma inconfundible y trenzada cabellera dorada, el rostro alargado, su dulce sonrisa. Incluso esa gloriosa Venus es etérea y grácil, una casta diosa del amor.

El otro pintor reconocible por la misma causa es el prerrafaelita del siglo XIX Rossetti. En su caso, Ella fue varias modelos: Elizabeth Siddal, con la que se casó y que acabó suicidándose, o Fanny Cornforth, o Jane Burden, esposa de William Morris. Pero en sus cuadros Ella es siempre la misma mujer pelirroja, de labios carnosos y mirada turbia; su Venus aparece en un jardín exuberante (las mariposas se posan sobre su aureola). En su cuadro “El sueño de Dante (la muerte de Beatriz)”, tanto Beatriz como las dos damas que sujetan su dosel son Ella. ¿Todas esas mujeres se parecían, o es que él pintaba un rostro ideal, el único que veía?


Hablar de Dante Gabriel Rossetti y del florentino Botticelli, me lleva a hablar del genuino Dante. Para Dante, Ella era Beatriz Portinari, que nunca le correspondió y que también murió joven y bella. Él no era pintor, pero encontró la forma de inmortalizarla. Borges comenta una opinión que él mismo comparte, que Dante escribió su Divina Comedia, y se hizo su protagonista, sólo para escribir que Beatriz lo cogió de mano y lo llevó al Paraíso. Los lectores se han conmovido por esa escena durante ocho siglos, pero sólo Dante fue consciente de que nunca ocurrió, de que la escribió en la soledad de su escritorio sin que ningún cielo resplandeciera sobre él. Pero la hizo tan resplandeciente que Ella permanece para siempre.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Bunraku

El Bunraku, el teatro de marionetas japonés, alcanzó su máxima popularidad en el siglo XVII, sobre todo gracias a la obra del gran maestro Chikamatsu Monzaemon. Hasta entonces, las obras de títeres eran sobre todo históricas, legendarias o heroicas. Estas obras eran conocidas como “jidai-mono”. Chikamatsu inventó un género completamente nuevo llamado “sewa-mono”, u obras de la gente de a pie, que retrataban vívidamente sucesos contemporáneos, hechos reales, o la vida de la gente normal de la época.
Una de sus más famosas obras sewa-mono fue Sonezaki Shinju (Suicidio de amor en Sonezaki), escrita en 1703, que fascinó al público de su época y se convirtió en un gran éxito. Narra la trágica historia de amor del ayudante de tendero Tokubei y la prostituta Ohatsu, en la que el deber social (giri) se enfrenta a los sentimientos íntimos (ninjo), llevando a los amantes a la muerte. El Bunraku llegó a ser más famoso que el Kabuki. Más adelante cayó en desuso, pero fue recuperado a principios del siglo XIX y su popularidad se ha mantenido hasta ahora.
Las grandes marionetas (ningyo) de casi un metro pueden llegar a pesar hasta 15 kilos y necesitan tres personas para ser manipuladas. El maestro principal (omo-zukai) controla la cabeza con la mano izquierda, que incluye el cuello, los párpados, la boca y las cejas, mientras con la mano derecha mueve el brazo derecho de la marioneta. Es el que dirige el movimiento y el único que a veces lleva la cara descubierta. Sus dos ayudantes se cubren con capuchas negras, el uno controla el brazo izquierdo del muñeco (hidari-zukai) y el otro las piernas y los vestidos (ashi-zukai). Todos deben acompasarse con el narrador, que recita o canta el texto y hace todas las voces, acompañado por la música del shamisen.
Este documental en castellano es algo anticuado pero explica bastante bien el funcionamiento y la fuerza expresiva de las marionetas.


Si algo creado por el ser humano pudo parecerse a la vida, son estas marionetas-actores. Sin duda su manipulador siente que son ellos los que le arrastran. Cuando se les mira, quietos, deben parecer a punto de decir algo. En escena se los ha visto llorar, gritar, respirar. Algo de conciencia debe haber quedado en ellos.