lunes, 9 de noviembre de 2009

La historia no me cuadra

Últimamente, estoy leyendo varios libros que me desmontan las ideas históricas que tenía hasta ahora. Sé que la historia no es una ciencia exacta, que no tiene por qué ser lógica ni seguir un recorrido ordenado, pero yo creía haber aprendido algo de los diferentes períodos históricos, y ahora veo que no me cuadran.

Veamos un resumen histórico que yo hubiera suscrito hace unos años:
Primero, la antigüedad greco-latina donde se creó nuestra cultura y apareció la idea de democracia e igualdad.
Segundo, la oscura Edad Media en que todo quedó interrumpido o retrocedió.
Tercero, el Renacimiento y después la Ilustración, que supusieron el triunfo de la razón sobre la superstición, y de la libertad sobre la opresión. La época actual es heredera de este movimiento y en él seguimos.
Hace poco he visto la película Ágora que insiste en esta idea. En ella se especula con que la científica Hipatia hubiera descubierto el heliocentrismo y las órbitas elípticas. Era heredera de un modo de pensar (analítico, experimental) que no hace imposible esa posibilidad. Pero Hipatia es destruida por el creciente poder del cristianismo, que supedita la realidad imparcial a sus propios dogmas. Harán falta más de mil años para que Johannes Kepler haga el mismo descubrimiento, en pleno Humanismo, época en que la humanidad empieza a sacudirse el yugo dogmático.

A mí, este limpio esquema se me empezó a deshacer cuando oí las primeras críticas a nuestro estupendo mundo moderno, en que la Ciencia es el nuevo Dios. Un mundo en que sólo valen los resultados científicamente probados, y la única realidad es la visible y física (analizable). Un mundo sin origen ni razón, un mecanismo que se analiza para conocer todos sus engranajes pero que da mucho miedo, angustia y vacío. Oí voces que reclamaban lo que se había perdido con el triunfo de la Razón. Pero, ¿lo que había antes no era oscurantismo y superstición?

A lo mejor resulta que la Edad Media no era esa época de atraso y barbarie. Es una época muy ambivalente y llena de sugerencias. El cristianismo expurga las filosofías clásicas, hereda y adapta mucho de ellas, pero es cierto que el enfoque ha cambiado. ¿Por qué investigaban los sabios antiguos el cielo y la tierra? Tenían una especie de amor imparcial por la verdad. Los cristianos no buscan leyes científicas imparciales; estudian el mundo para entender a Dios. Por eso intentan unas ciencias morales, y no les importa si la realidad no cuadra del todo con ellas. Los sabios antiguos no tenían la necesidad de hacer el bien. Se olvida a menudo que las relaciones humanas en la Antigüedad eran muy crueles, sobre todo para las mujeres y los niños. En el mundo cristiano, al menos en teoría, hay una constante llamada a la justicia en nombre de Dios.

La forma política de la Edad Media es el feudalismo. Es una relación de jerarquía, pero sobre todo de fidelidad. Está basado en la confianza. A pesar del rígido orden social, se insiste en que todos los hombres y mujeres por igual son obra de Dios. Es una época en que hay mujeres con poder y autoridad moral, porque nadie les puede negar su filiación divina. Esas eran las ideas en que estaba basada la sociedad, aunque luego fueran utilizadas en favor de los poderosos para someter al pueblo. Pero no es esa época de ignorancia y miedo que se suele vender. Hay un ejemplo muy claro, y es que la gente suele asociar la quema de brujas con la Edad Media, cuando es un fenómeno que se produce a partir del siglo XIV, y tuvo su época fuerte en los siglos XVI y XVII. Pero, ¿no era ésa la época de la libertad y la razón?

Analicemos la evolución política. Al feudalismo le sigue el absolutismo de reyes o emperadores. Amenazados por el poder de los nobles, los reyes favorecen las ciudades y su burguesía, lo que lleva al triunfo del capitalismo. Los burgueses, carentes de genealogías, ensalzan el individualismo del hombre hecho a sí mismo. Las correspondientes revoluciones quitarán el poder a los reyes y crearán estados modernos. Tanto el absolutismo como los estados ensalzan la unidad y persiguen la diferencia o la divergencia. La prosperidad ahora es técnica, y para el progreso de la ciencia es necesaria la libertad, sobre todo de pensamiento. El hombre moderno no tiene que responder ante ningún dios, si acaso ante el Estado, aunque éste puede ser un estado totalitario y asesino como hemos visto en el siglo XX.

Lo curioso es que ya hemos dejado atrás la creencia en que la técnica salvaría al mundo y nos llevaría inevitablemente al bienestar y la felicidad. Esa creencia existía a principios del siglo XX y quedó enterrada bajo las cenizas de dos guerras mundiales. Ahora la esperanza en la ciencia es mucho más pragmática y espera satisfacciones más inmediatas, aunque dentro de poco va a ser más bien un asidero al que agarrarse desesperadamente en la lucha por la supervivencia, después que el mismo progreso técnico esté destruyendo el equilibrio natural del planeta.

Lo cierto es que es imposible que la ciencia y su realidad analizable lleguen a ser suficientes para colmar las aspiraciones humanas. No somos robots o máquinas de carne, necesitamos un motivo para funcionar, y está en nuestra propia naturaleza la necesidad de una vida psicológica, espiritual, emocional o como quiera que se la defina. No hay una evolución que lleva desde la adoración del sol a los telescopios espaciales, son asuntos distintos, aunque algunos lo quieren ver así y de hecho he escuchado a científicos increíblemente integristas para ser herederos del triunfo de la razón. La cuestión es que la mayoría del mundo occidental vive en una sociedad consumista, manipulada y totalmente vacía de sentido.
Los antiguos hablaban de Sabiduría. No se trataba sólo de conocer cosas, sino de que ese conocimiento nos hiciera mejores. Según la tradición de enseñanza en la antigua India, no existe un saber independiente, que es aprendido por el discípulo. No, el Saber es el proceso de aprender, existe sólo cuando toma cuerpo en el que lo aprende y asimila, el Saber se crea al vivirlo. A mí me parece una lección muy valiosa para cualquier época. Intransigencia, oscurantismo e integrismo los ha habido en todas las épocas. También ha habido ideas valiosas que no hay que desechar. Puede que las bibliotecas ardieran, pero el verdadero conocimiento estaba en los corazones de los hombres que no dejaban de absorberlo en todo lo que les rodeaba. Saber que los planetas giran alrededor del sol en órbitas elípticas a ti y a mí no nos sirve de nada en sí mismo, si no nos enseña: humildad (vivimos en un rincón del universo); armonía (todo tiene su orden); libertad (los astros no dependen de nosotros, ni nosotros de ellos) y amor: en este universo armónico y libre, somos una pieza que se funde con el todo, y la belleza de todo esto nos conmueve.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La belleza de las miradas afganas

Se llama Zabi y tiene 24 años. Se viste y baila como una mujer bellísima aunque la sociedad no lo reconozca. Seguramente le matarán por eso. ¿Por qué un país como Afganistán es capaz de crear tanta belleza y tan incapaz de reconocerla?
Lo contaba Plàcid Garcia-Planas en La Vanguardia del 1/11/09


Ver también: La mirada asesinada