martes, 26 de enero de 2010

Teología feminista y Teresa Forcades

Teresa Forcades va camino de convertirse en “la monja de la tele”, lo cual sería una lástima porque si por algo es mediática no es por populista o banal, sino todo lo contrario: porque sorprende que alguien que forma parte de la Iglesia hable con tanto sentido común, con tanta libertad y diga cosas tan arriesgadas.

Yo también la conocí hace años gracias a la tele, pero no quiero hablar aquí del candente tema de la gripe, sino de las muchas cosas que he leído y conocido gracias a ella, sobre todo de su brevísimo libro “La teologia feminista en la història”, editado en catalán por Fragmenta, y del que no tengo noticia de que se haya traducido al castellano hasta ahora.(ACTUALIZACIÓN mayo/11: nueva edición en castellano: La teología feminista en la historia)

Ni siquiera sabía que existiera algo llamado “teología feminista”, y las verdades concentradas en este estudio me impactaron. Por supuesto que hay un tema pendiente, pero parecía que era algo poco importante de lo que no tocaba hablar: la versión patriarcal de la Biblia y de toda la tradición religiosa, que es algo que viene dado por la cultura y por la historia, no por el mensaje en sí. No es un asunto menor, si ha afectado a la vida de las mujeres hasta ahora y lo continuará haciendo mientras no se revise seriamente. Esto es lo que las teólogas feministas hacen, y no veo que estén echando abajo las instituciones, simplemente se interrogan, discuten, investigan, y exponen sus conclusiones.

Un pasaje bíblico que ha hecho sufrir a las mujeres durante siglos es el famoso de San Pablo en la carta a los Efesios (5, 22-24): “Las casadas estén sujetas a sus maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo, del cual él mismo es salvador. De donde, así como la Iglesia está sujeta a Cristo, así las mujeres lo han de estar a sus maridos en todo”.

Siglos y siglos de opresión lo usaron como excusa, cuando el mismo San Pablo había dicho en la carta a los Gálatas (3, 28) algo totalmente opuesto: “Ya no hay judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer: porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús”.

La Biblia es contradictoria, escrita por muchas manos en muchas épocas, y nadie hoy en día puede pretender tomársela al pie de la letra (¿de qué letra? ¿De la hebrea, de la aramea, de la griega, de la latina, de la castellana…?). “El texto bíblico se ha redactado bajo la inspiración de Dios –Bondad y Verdad absolutas- pero pasando por mentes y corazones humanos –limitados en bondad y comprensión”. Así que no tenemos un manual de instrucciones, sino que hay que hacer el esfuerzo de encontrar esa Verdad en medio del marasmo de las debilidades humanas. El primer párrafo está claramente influido por la sociedad de su tiempo. El segundo es revolucionario y arriesgado, ¿cuál tiene más credibilidad?

Dice Teresa Forcades que la teología feminista ha existido siempre, aunque no se la llamara así, porque siempre hubo mujeres con unas inquietudes que no les permitían someterse a lo que se esperaba de ellas, y de algunas, aunque parezca increíble, nos ha quedado testimonio. Por el libro pasan Christine de Pizan, Isabel de Villena, Santa Teresa de Jesús, la sangrante historia de sor Juana Inés de la Cruz, Marie de Gournay, Margaret Fell… y una larga lista de desconocidas. La autora resume así la evolución de este pensamiento:

1) En las sociedades y culturas premodernas y patriarcales, la teología feminista sostuvo que Dios ha creado a la mujer y al varón con igualdad de dignidad: no es Dios quien considera que la mujer es menos espiritual que el varón.

2) En la Modernidad temprana (desde la invención de la imprenta hasta la Revolución Francesa), la teología feminista sostuvo que Dios ha creado a la mujer y al varón con igualdad de inteligencia y que es voluntad de Dios que ambos desarrollen al máximo los talentos que les han sido dados: no es Dios quien prohíbe a las mujeres el acceso a la educación superior.

3) Durante la consolidación de la Modernidad (desde la Revolución Francesa hasta el simbólico año de 1968), la teología feminista sostuvo que Dios ha creado a la mujer y al varón con igualdad de libertad y de capacidad para asumir responsabilidades en el ámbito público: no es Dios quien prohíbe el acceso de las mujeres a la política, al ejército, a las profesiones remuneradas o al sacerdocio.

4) En nuestros tiempos posmodernos (desde 1968 hasta el presente), la teología feminista sostiene que Dios ha creado a la mujer y al varón con igual capacidad de amar y para asumir responsabilidades en el ámbito doméstico: no es Dios quien prohíbe a los varones que asuman el cuidado de niños, del hogar, de los enfermos, de los ancianos o de los desvalidos.

Recomiendo dos artículos de prensa que aparecieron a raíz de este libro, donde Teresa Forcades resume y expone estos pensamientos mucho mejor de lo que podría hacerlo yo:

La Vanguardia: feminismo es liberación. 16/12/07

El Periódico:la entrevista con Teresa Forcades, monja, médica y teóloga feminista. 7/8/2007

Así como una interesante Entrevista en La Contra La Vanguardia 17/10/07

Hubo en el 2009 otra polémica sobre ella a raíz de una extensa entrevista que se le hizo en el programa de TV3 SINGULARS, en el que se atrevió a exponer sus dudas (ni siquiera sus opiniones, sólo sus dudas) sobre el tema del aborto, como también hizo en un artículo de la revista FOC NOU. Como siempre que se habla del aborto, en realidad estaba hablando de otra cosa: de la libertad de conciencia: “El respeto a la conciencia ha sido una adquisición lenta en la historia de la humanidad. Durante muchos siglos las conversiones religiosas forzadas bajo amenaza de tortura o pena de muerte han estado al orden del día. Aún hay personas hoy que encuentran incoherente, por ejemplo, que la Iglesia católica celebre el derecho a la libertad religiosa que permite que miles de niños y niñas sean educados en cosmovisiones abiertamente contrarias a la fe cristiana […]. En la Iglesia nos ha costado mucho aceptar que nuestra misión evangelizadora no se puede llevar a cabo sin el respeto a la libertad de conciencia”. Y el problema que ella plantea es la contradicción entre la libertad personal de la madre y la vida de su hijo. ¿Se puede optar por uno, atacando al otro? Lo que veo es que Teresa introduce nuevos puntos de vista, propone nuevos interrogantes y pide un debate sereno y responsable.

Esta opinión expuesta por ella, siempre tan y tan matizada en su forma de hablar, fue contestada por grupos integristas y llegó hasta el Vaticano, en un culebrón que no sé si ha acabado pero que explica mucho mejor este artículo en La Vanguardia: Una oveja entre lobos 18/10/09.

La teología feminista es una teología de la liberación. Teresa Forcades nunca deja de hablar de libertad, como en este bello párrafo con el que concluye su libro: “Tal y como expresa sucintamente la famosa sentencia de San Agustín “ama y haz lo que quieras”, el amor y la libertad, cuando son verdaderos, son indisociables y se identifican el uno con el otro. Esta sentencia de San Agustín es la más precisa expresión de la verdad de nuestro ser personal: sólo en libertad es posible amar; sólo en el amor es posible ser libres. La libertad no precede al amor, pero tampoco el amor precede a la libertad. Sea yo mujer o varón, el grado en que puedo amar es igual al grado en que puedo ser libre”.

Después de haber leído todo lo que he encontrado sobre ella, y a ella misma, aún recomiendo en esta entrada trufada de links otros dos más:


-El de su blog personal (en català)

-Y el de la página que le dedica la web de su monasterio de Sant Benet de Montserrat, llena de escritos interesantísimos.

He tenido que resumir todo lo que Teresa Forcades me ha inspirado y me ha hecho pensar, pero tengo anotadas muchas sugerencias que seguramente acabarán apareciendo por este blog tarde o temprano. Esté de acuerdo con ella o no, me encanta que haya alguien que me remueva las ideas y me haga reaccionar. Fue Chesterton quien dijo: “para entrar en la Iglesia, se nos pide que nos quitemos el sombrero, ¡no la cabeza!”.

martes, 19 de enero de 2010

Leyes de la física gatuna



Todo el que tenga o haya tenido un gato sabe que hay ciertas leyes físicas que siempre se cumplen, por ejemplo:




- Ley de la inercia gatuna: un gato en reposo seguirá en reposo hasta que sea movido por alguna fuerza exterior, algo así como el ruido de la apertura de una lata de comida para gatos (la aceleración de 0 a 100 se produce a velocidades ultrasónicas).


- Ley del movimiento gatuno: un gato siempre se moverá en línea recta a no ser que tenga una muy buena razón para cambiar de dirección, como por ejemplo la apertura de una lata de comida para gatos (SIEMPRE se moverá en línea recta, aunque otros cuerpos se interpongan en su camino, por ejemplo tus piernas, el marco de la puerta, un camión, etc).
- Ley del magnetismo gatuno: los abrigos, las americanas y los jerséis atraen el pelo de gato en proporción directa a la oscuridad de la pieza (y es IMPOSIBLE despegarlo de la superficie dada).




- Ley del dormimiento gatuno: todo gato intentará dormir con humanos siempre que sea posible, y en una posición que sea lo más incómoda posible para estos (humano=colchón blando y caliente; gato=adorable bola de pelo aplastándote las piernas).


- Ley de la resistencia gatuna a la obediencia: la resistencia de un gato varía en proporción directa al deseo humano de que haga algo concreto (el valor del deseo humano es igual a 0 para el gato).


- Ley de la ocupación de la bolsa / caja: toda caja o bolsa dejada en una habitación, será ocupada por un gato en el primer momento posible (no importa que la bolsa/caja sea de una proporción de 1 a 3 con el gato).


- Ley de las fundas: el deseo de un gato de arañar cualquier sofá es directamente proporcional al valor de este (para el gato sólo existe el valor de rugosidad).


Lista completa de las leyes de la física gatuna en Gatoweb.

Ilustraciones: mis dibujos de la Luna.

domingo, 10 de enero de 2010

¿Quien es yo?

Conocí a Alan Watts gracias a sus libros sobre religiones orientales, muy reveladores y directos, capaces de hacer entender a un occidental el pensamiento oriental sin descafeinarlo ni vulgarizarlo. Aplicó sus reflexiones a otros campos de la espiritualidad y la filosofía, como en su libro de ensayos “Mito y religión”. La última entrada de Candelero y unas palabras de Raimon Pannikar (“…mientras no lleguemos a considerar la Tierra como nuestro cuerpo y el cuerpo como nuestro Sí…”) me han hecho recordar un texto que hace mucho que quería comentar, aunque no puedo llegar a abarcar todo lo que dice. Es el ensayo “¡Olvidemos lo que debería ser! Es lo que es”, sobre ese complicado asunto del Yo.

¿Qué es lo que entendemos por yo? Watts es muy expresivo cuando dice que creemos ser “un ego metido en un saco de piel situado a medio camino entre las orejas y la parte posterior de los ojos”. Eso debe ser el homunculus montado en su máquina biológica. ¿Y algo tan absurdo nos parece la realidad real?



Watts da la clave cuando se fija en la expresión “venir al mundo” con la que describimos el inicio de nuestra vida. No venimos al mundo sino que nacemos de él, igual que las manzanas salen del manzano. Somos el producto de nuestro medio ambiente, estamos incluidos en la circulación atmosférica y la deriva de los continentes, somos lo que comemos y bebemos y todo lo que nace o germina nos concierne, tanto como el funcionamiento de nuestro páncreas o la circulación de nuestra sangre. No es una ilusión, no podemos elegir vivir sin el medio ambiente como no podemos elegir vivir sin cabeza o sin respirar.

Nos cuesta definir la realidad real con palabras porque nuestro idioma está organizado de una manera tan rígida que no logramos superarlo. Hemos construido la estructura Sujeto+Verbo, por lo tanto, necesitamos un protagonista para nuestras vidas, y ese debe ser Yo. Estoy viviendo; ¿quién es el que vive?: Yo. Pero en realidad no estás viviendo: más bien eres vivido, o se vive. Esta construcción gramatical nos desconcierta y es difícil de interpretar, pero se acerca más a la verdad.

Y así Watts lo resume en una frase preciosa: el yo auténtico es el universo centrado en nuestro organismo. Claro que la mayoría no somos capaces de experimentar que somos el universo, sólo aquellos que tienen alguna vivencia mística especial. Una vivencia en que son capaces de percibir directamente lo que les rodea saltándose el análisis cerebral.

No tiene nada de malo nuestro cerebro, es la única forma en que puede funcionar. Necesita escanear la realidad, línea por línea, para poder procesar la información, y después necesita crear símbolos para manejarla, como el lenguaje. Es un gran avance evolutivo, sólo que la realidad “nos sobreviene en un continuo multidimensional en que todo sucede a la vez, en todas partes y al mismo momento”. Una vez simbolizada la realidad, debemos considerar el hecho de que sólo conocemos una parte de ella, que queda mucho más, y que debemos buscar otra forma de entenderla.

Por eso va a ser difícil superar esta dolorosa separación de la naturaleza a la que nos hemos condenado, porque hemos construido toda nuestra sociedad a base de separarnos de ella. No es imposible, hay pueblos en el mundo que siguen viviendo dentro de la naturaleza, y hay filosofías y escuelas espirituales que han encontrado el camino para lograr esa conciencia. Llevan miles de años haciéndolo pero la mayoría del mundo les da la espalda. Mientras los continuemos considerando curiosidades extrañas no podremos salir de este absurdo que cada vez se vuelve más una cuestión de supervivencia. Lo digo antes que nada por mí: tengo las ideas y la teoría, ahora necesito encontrar la manera de llevarlo a la práctica.

Ilustración: el universo y el hombre según el Libro de las Obras Divinas de Hildegarda de Bingen (siglo XII).

jueves, 7 de enero de 2010

¿Qué está pasando (en el cuadro)?

Hace falta valor para ser un pintor realista en pleno siglo XX, pero Edward Hopper llevó a cabo su obra sin preocuparse por las tendencias del momento, y acabó convirtiéndose en uno de los pintores americanos más famosos de su época. Si algo identifica la imagen de América en todo el siglo XX, es el cine. Hopper retrataba los mismos lugares y a las mismas gentes, por eso sus cuadros siempre se han calificado de “cinematográficos”. Son el fotograma de una película de la que no sabemos nada más. Sus personajes han quedado congelados en un momento en que parece que algo ha pasado o está a punto de pasar, pero el cuadro no nos muestra qué… Oficinas, hoteles, teatros, calles llenas de comercios, carreteras… y personas que pasan por allí, que esperan algo, que están trabajando, tomando una copa… El escenario los encierra y los empequeñece, frías luces artificiales los iluminan y los congelan.

Nighthawks es su cuadro más famoso, imitado y utilizado incluso… para pósters de películas. Es un buen ejemplo de la luz de Hopper: se derrama desde esa inmensa cristalera por una calle vacía y envuelve a los personajes en una cegadora soledad.
En Summer Evening es un porche iluminado, sólo unos tonos azules y unas líneas horizontales de sombra, pero se puede sentir la brisa de la noche, el canto de los grillos y el olor del verano. Uno de mis favoritos, Hotel Room, el típico cuadro-historia de Hopper. Esta mujer ha llegado a la habitación de hotel, se ha quitado la ropa y está leyendo una carta. Es un cuadro lleno de preguntas: quién es, a dónde va o de dónde viene, espera a alguien, huye de alguien, está sola… En cualquier momento esperas que la película continúe, pero ahí se ha quedado, para siempre recibiendo tus preguntas y tu inquietud.

No puedo hablar de todos los valores pictóricos de Hopper, y es difícil que cualquier otro pintor realista me interese tanto, pero creo que él fue una extraña conjunción de una época y un lugar en que pintar así tenía una fuerza especial. Siempre me ha impresionado y por eso he querido hacerlo asomarse por aquí.