jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi monstruo favorito

Ya que me han recordado últimamente a H. R. Giger, por qué no volver a su mejor pesadilla, el monstruo más aterrador de la historia del cine, mi monstruo. Realmente no tiene nombre, pues alien es una palabra inglesa que suele usarse para “extranjero”, es decir de fuera, ajeno. Ahora esa palabra produce un efecto inmediato al oírla: algo así como un encogimiento de tripas y unas ganas desesperadas de salir corriendo.

Que es el monstruo más aterrador, quizá sea una opinión personal, de alguien que ha tenido la ocurrencia de ver alguna vez esta película de noche, y además ha soñado con él, y ya se sabe que los sueños son mucho más reales que ver una película; quizá haya habido monstruos más feos y más feroces en el cine (y los hay en la realidad, como sabrá quien haya visto un cocodrilo del Nilo de cinco metros o un pez abisal). Pero el alien no es una simple fiera depredadora, lo que lo hace especial es… que es demasiado humano.

Puede lucir una naturaleza biomecanoide, mezcla de órganos desmembrados, remendados, fosilizados, acero y huesos, no necesariamente vivo, quizá artificial, o antinaturalmente inmortal, insensible y pululante como un insecto gigante; pero sobre todo parece algo que ha sido humano, que lo puede ser, una evolución, una involución, una mutación hacia algo terrible, un esqueleto o trabazón de huesos que se ha deshecho de su envoltura civilizada, sociable y anodina de persona; intuimos que lo llevamos dentro como un órgano desconocido hasta ahora, que quizá en cualquier momento puede comenzar a crecer y a hacer metástasis, a emerger y abrirse paso y reventarnos el pecho, y eso será lo que realmente éramos aunque no queríamos reconocerlo. Alien es la fiera, el hambre, la violencia, el grito, la enfermedad, la llaga, la herida, la muerte… Alien es el Miedo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El consejo internacional de las trece abuelas indígenas

Se reunieron por primera vez en el 2004 en el estado de Nueva York, EEUU. Trece abuelas provenientes de las llanuras y los desiertos de Norteamérica, de México, de Brasil, de la selva amazónica, del centro de África, del Ártico, de Nepal y el Tíbet. Pertenecen a pueblos indígenas y practican religiones nativas, de las que no tienen libros sagrados, ni han sido nunca oficiales ni obligatorias. De las que no merecen mucha credibilidad. Tienen visiones y hablan con espíritus, reverencian a sus antepasados, curan con hierbas y para sus ceremonias sagradas usan el peyote, la ayahuasca, la planta iboga y otras sustancias. Han tenido vidas durísimas, pero se han convertido en maestras y guías de muchos. Aunque rezan a dioses o espíritus de tradiciones diferentes, todas se han entendido perfectamente. Bendicen el fuego y el agua, aman la naturaleza y quieren para sus nietos un mundo mejor. Son viejas y humildes y no tienen ningún poder, pero esperan irradiar con sus reuniones algo de luz y de esperanza.
Desde entonces se han reunido en Nuevo México, en Oaxaca, en el norte de la India, donde fueron recibidas por el Dalai Lama, en las Black Hills, en el Amazonas, en el Vaticano, donde las echaron de la plaza de San Pedro, en Asís, y en España, con visita a Barcelona. La próxima reunión es en el mes de octubre, del 22 al 25, en la isla de Amami en Japón.





Página web del International Council of Thirteen Indigenous Grandmothers.

“La voz de las trece abuelas. Ancianas indígenas aconsejan al mundo”- Carol Schaeffer. Ediciones Luciérnaga, 2008