miércoles, 29 de junio de 2011

Espinas de luz

De Margarita Ruiz Reyes no conozco nada más que estos maravillosos cuadros de la serie Espinas de luz que encontré en internet, así que me permito darlos a conocer. Éste es el currículum que los acompaña:

Nació en la ciudad de México el 1 de octubre de 1959. Es egresada de la licenciatura de Artes Visuales de la Escuela Nacional de Artes Plásticas de la UNAM, México D.F. Cursó el diplomado de Museografita Contemporánea Diseño y Plantación de Exposiciones impartido por el maestro Alan Knezevich en 1992 además de otros talleres con los maestros Pedro Ascencio, Gilberto Aceves Navarro, Felipe Ehrenberg entre otros. Asistió al taller de papel japonés hecho a mano en Setagaya Tokio en 1991. Trabajó como asistente del maestro Carlos Olachea en el taller de Producción e Investigación Grafica Carlos Olachea de la E.N.A.P. - U.N.A.M. y en la juraduría del Museo Nacional de la Estampa del I.N.B.A. así como jefe de departamento de Difusión Cultural de la E.N.A.P. de 1983 a 1993. Coordinó diversos cursos para el programa de actualización del personal académico de la U.N.A.M. Coordinadora e instructora del Taller de sensibilización platica para niños del programa Alas y Raíces para los niños C.N.C.A. en 1997. Fue becaria del F.E.S.C.A. en el año 2001. Cuenta con dos exposiciones individuales y diversas colectivas. Ha impartido clases de dibujo sensibilización plástica y actualmente de grabado en la Universidad Internacional de La Paz y en la Universidad Autónoma de Baja California Sur de la misma disciplina.

Descripción de la técnica "Washi Zoo Kei".
Es una técnica japonesa para hacer papel que significa papel hecho a mano como obra de arte , y consiste en la mezcla de fibras naturales y el reciclaje de papel común. Esta mezcla de pulpa y fibras se tiñen por separado de acuerdo a las necesidades de la obra, después se coloca en un bastidor y se espera hasta que seca. Esta técnica permite la introducción de diversos materiales en la obra como plantas, metales, papel etc. El resultado es la realización de un papel que al terminarse pasa de ser papel utilitario a ser una obra de arte.

Éste es el sitio donde los encotré:


http://www.artetotal.com/special/carpeta/slide72.html

lunes, 27 de junio de 2011

La humanidad de Dios

Me ha conmovido el discurso de José María Castillo al ser investido doctor honoris causa por la Universidad de Granada el pasado 13 de mayo. En general me interesa siempre lo que escribe este hombre, aunque no necesariamente esté de acuerdo en todo con él, pero sólo porque se atreva a pensar, a cuestionar, a remover, y siempre esté dispuesto a arriesgarse a sus 82 años. Y también porque creo que sus palabras están de sobra respaldadas con su vida, con su defensa de la Teología de la Liberación; alguien que, después del asesinato de jesuitas en la Universidad Católica de El Salvador, por colocarse al lado de los pobres, sólo un año después acudió a enseñar a la misma universidad, a pesar de haberse quedado sin su cátedra en la Universidad de Granada, al haberle retirado Roma el placet para enseñar teología. Desacuerdo que veinte años después le llevó a dejar también los jesuitas, harto de estar en el ojo del huracán. Pero sus palabras permanecen, y tengo la sensación de que dicen todo lo que yo quiero comunicar con menos talento. Aquí destaco un resumen de su defensa de la acción por encima de esquemas anquilosados, y del valor supremo: el ser humano.

En cuanto a la crisis actual de la fe en Dios, lo primero que deberíamos tener claro es que semejante crisis no tiene su explicación última, ni normalmente está motivada, por las razones que con frecuencia suelen aducir teólogos, sacerdotes y obispos cuando se refieren a este asunto. Mucha gente no ha dejado de creer en Dios por causa de la degeneración moral y de los pecados, de los que tanto suele hablar el clero. Ni es correcto decir que se ha perdido la fe porque vivimos en una cultura laicista, secularizada y relativista, en la que se han perdido los “valores absolutos” porque los avances incontrolados de la ciencia y la tecnología han desplazado a Dios del centro de la vida. Sin duda, hay personas que, en sus problemas de fe, están influenciadas por todo eso. Y por otras posibles causas que nadie se imagina. Pero - ya digo - el centro del problema no está en nada de eso. Como muy bien ha escrito recientemente el profesor Juan de Dios Martín Velasco, “la actual crisis de Dios sólo ha podido desencadenarse debido a la forma falseada de presentar a Dios y de vivir la relación con él, que se había extendido por las Iglesias cristianas sobre todo en la época moderna”, Mucha gente no ha abandonado su creencia en Dios porque se trata de gente que se ha pervertido, sino porque a la gente se le ha ofrecido una imagen de Dios tan deformada, que Dios, para muchos ciudadanos, resulta inaceptable o incluso insoportable.

El problema de Dios no está, ni puede estar, en creer en lo incognoscible, en lo indemostrable, incluso en lo absurdo. Una relación con Dios, que se plantea desde semejante presupuesto, es una relación llamada inevitablemente al fracaso. En este sentido, y si pensamos en la fe sólo como creencia (conjunto de saberes que afirmamos y defendemos racionalmente), se puede afirmar que, “desde el punto de vista filosófico o psicológico, la fe no es ninguna virtud, sino un vicio, no constituye excelencia alguna, sino un defecto, un fallo del aparato cognitivo. Creer lo que no podemos ver ni comprender ni demostrar, creer lo absurdo, creer lo increíble, es más bien una patología mental que una virtud o excelencia que merezca recompensa alguna” [Jesús Mosterín]
En definitiva, la exactitud y corrección de nuestra relación con Dios no consiste en la exactitud y corrección de nuestras ideas religiosas, sino en la exactitud y corrección de nuestra conducta. O, dicho con otras palabras: la relación del ser humano con Dios no se verifica mediante la fe, sino mediante la ética. No se juega en el ámbito de la creencia, sino en el ámbito de la conducta.

Las ciencias humanas nos han enseñado hasta la saciedad que los saberes y los comportamientos de los seres humanos están, desde su raíz, condicionados y determinados, no sólo por contenidos mentales, que expresamos mediante signos, sino sobre todo por experiencias (con sentido de totalidad), que comunicamos mediante símbolos. Por esto, ni la ciencia, ni los conocimientos que nos apasionan, ni las relaciones humanas, ni (menos aún) las convicciones, que dan sentido a nuestra vida, nada de eso está determinado solamente por razones y verdades, sino sobre todo por experiencias y símbolos.
Por esto se comprende la gran paradoja que consiste en que, no obstante la contradicción racional que entraña el problema de Dios, las creencias religiosas movilizan en el ser humano la fuerza de experiencias y de símbolos mediante los que tales experiencias se expresan. Símbolos que son, según la certera formulación de Paul Ricoeur, los “centinelas del horizonte” último de nuestra inmanencia. Y símbolos también por los que sabemos y experimentamos que el Trascendente se nos hace presente en nuestra inmanencia.


Jesús, por tanto, representa y significa que en lo humano, y sólo en lo humano, es donde podemos encontrar a Dios y donde podemos relacionarnos con Dios. [...] el Dios, que se nos da a conocer en Jesús (el Dios que se nos reveló en Jesús), sólo se hace presente “en forma de esclavo”. Con lo cual estamos afirmando que Dios ha renunciado definitivamente a toda grandeza, a toda majestad, a toda expresión de poder. Es decir, al Dios de Jesús sólo se le encuentra en lo que puede representar un esclavo en el presente orden establecido, o sea en este mundo. Lo cual es la renuncia total a toda condición sagrada, a todo privilegio y a toda distinción. Por tanto, en la medida en que nos acercamos a esta forma de estar en el mundo y nos ponemos de parte de cuantos viven en ella, en esa misma medida nos acercamos a Dios. Andan, por tanto, desconcertados, perdidos y extraviados, todos los que (por más que sean sacerdotes, obispos o papas) pretenden aparecer en este mundo como “representantes” de un Dios que ya no puede ser representado nada más que en el vacío y el despojo de los últimos, “los nadies” de este mundo.

Por todo esto se debe decir que la correcta comprensión del cristianismo es la que lo interpreta como un movimiento no-religioso. Dios, en Jesús, no se encarnó en “lo sagrado”, como tampoco se encarnó en “lo religioso”. Dios, en Jesús, se encarnó en “lo humano”. La experiencia nos enseña que las religiones, por más cierta que sea su influencia positiva y enormemente benéfica para muchas personas, no es menos verdad que también es cierto el hecho de que con frecuencia las religiones dividen a los individuos y a los grupos humanos, alejan, enfrentan y, de una forma o de otra, generan violencia, descalificación, humillación e incluso, en no pocos casos, han provocado (y siguen provocando) muerte. Por eso, yo no puedo entender a Jesús como fundador de una religión que desencadena los conflictos, persecuciones, condenas y sufrimientos que históricamente ha provocado el cristianismo. Todo lo contrario, mi convicción más firme es que Jesús está, no sólo por encima, sino sobre todo está en contra de todas esas atrocidades y de las condiciones que las han hecho posibles, las han justificado y las han fomentado.
Pero no sólo esto. Estoy profundamente convencido de que Jesús es patrimonio de toda la humanidad. Quiero decir: Jesús no es propiedad del cristianismo. Ni es pertenencia exclusiva de los cristianos o de la Iglesia. De ahí que, a mi manera de ver, ha sido el cristianismo, ha sido la Iglesia, la que se ha apropiado de Jesús y lo ha presentado como el centro y el contenido fundamental de una religión determinada, la religión cristiana. En realidad, lo que tendría que haber hecho la Iglesia es tener la libertad, el coraje y la honestidad de presentar a Jesús como la realización plena de lo más profundamente humano, de lo plenamente humano, de lo mínimamente humano, de aquello que, por encima de culturas, tradiciones, costumbres y creencias religiosas, constituye el logro de los anhelos de humanidad y de ultimidad que todos llevamos inscritos en lo más básico de nuestro ser.


Para leer el discurso completo, aquí

viernes, 10 de junio de 2011

Sobre "España y sus ejidos" de Juan Goytisolo

EL RACISMO ES IGNORANCIA, decía una pintada sobre una pared de mi barrio hace unos años. ¿O quizá era EL FASCISMO ES IGNORANCIA? No cambia demasiado el enfoque, y da en la clave de que, todas las expresiones de odio, menosprecio y abuso sobre el extraño o débil, proceden de una terrible falta de formación humana, por no decir de cultura. En esta sociedad “del conocimiento”, la gente basa su actitud vital en difamaciones y rumores sin confirmar, y por qué no, si hasta los políticos los utilizan impunemente y les sirven para ganar elecciones. El común de la gente no sólo es ignorante de grandes verdades históricas, sino que ha olvidado su propia historia, sus orígenes, su pasado. A propósito de esto recomiendo la lectura de “España y sus ejidos”, de Juan Goytisolo, libro de 2003 que no ha perdido nada de actualidad.

El libro incluye una recopilación de artículos de diferentes épocas relacionados con el tema de la emigración. En los años 60, Juan Goytisolo viajó a Andalucía, la zona más pobre de España, y sobre todo conoció Almería, un desolado desierto que era la misma imagen de la miseria del campo español. El escritor acabó viviendo en París, donde publicó artículos denunciando la situación de pobreza de los andaluces y de todos los españoles que se veían obligados a hacer la maleta y que veía llegar para buscarse un futuro en Europa. Recogió testimonios de estos emigrantes, tristísimas historias de hambre, de lanzarse a los caminos y dormir al raso, de comer hierba para llenar el estómago, de llorar al nacer los hijos por no tener nada que darles, de una esperanza al fin al escapar a Francia o a Alemania, a cavar en minas, limpiar suelos o lo que fuera. Estos artículos no hubieran podido publicarse en España, donde no se permitía alzar la voz a favor de la justicia. En aquella España, sin embargo, se alentaba la emigración como única forma de prosperidad de una gran masa de población empobrecida, ya que el Estado era incapaz de proporcionarles bienestar. Como recuerda Goytisolo:

"Dadas las condiciones de pobreza imperantes en diversas regiones españolas- muy parecidas a las que hoy reinan en el Magreb y el África subsahariana-, un representante de los Sindicatos Verticales expuso ante las Cortes franquistas la ponencia titulada “El derecho a emigrar”, en que se decían cosas como: “El derecho a emigrar es un derecho natural derivado de la libre personalidad del hombre” y “El reconocimiento de este derecho deberá incorporarse a los textos fundamentales del Estado español”. Pero qué vueltas da la vida.

Desde los años 60 hasta los 80 y 90, España experimentó una evolución meteórica en prosperidad, pero no una evolución mental. “El acceso a las ventajas materiales y técnicas de las sociedades avanzadas se produjo así sin una preparación ético-cultural adecuada. Lo arcaico se entreveró con lo nuevo sin continuidad ni equilibrio”. En la reseca Almería se excavaron pozos y se produjo el milagro de cultivar fruta en el secano. Los antiguos campesinos se hicieron de oro. Pronto faltó mano de obra y llegaron los extranjeros. Trabajaban por lo que fuera y soportaban lo que fuera. ¿No debían recordarles a ellos mismos cuando huían desesperados en busca de una vida mejor en Europa? Pues no. “La memoria de un pasado cifrado en su anhelo de huir de la pobreza no plasmó en una comprensión de la miseria ajena ni en una ética solidaria”. A partir de 1997 se sucedieron las explosiones de violencia, con persecuciones e intentos de linchamiento. Goytisolo escribió sobre el ambiente enrarecido de explotación, desprecio e ignorancia total sobre los moros y los negros. Por estos artículos, los almerienses que le habían proclamado hijo adoptivo cuando defendía la región de la injusticia franquista, lo declararon persona non grata.

Hasta los años 90, los españoles declaraban que no eran racistas. Pero, si miraban a su alrededor, no veían a nadie de otra raza, de otra religión ni de otras costumbres. “Si no somos racistas, se debe ante todo al hecho de que España fue el primer país moderno que resolvió de modo tajante el problema de las razas acosando, persiguiendo, robando y expulsando por fin masivamente a moros y judíos”. La herencia de 500 años de limpieza étnica, de Inquisición y depuración de sospechosos de judaizar, de hablantes de algarabía, de gitanos y otras “gentes de mal vivir”, es una sociedad para la que el catalán y el euskera no son idiomas españoles, para la que nacer aquí y tener apellidos árabes o chinos es no ser de aquí porque tus antepasados no campaban con el Cid, que cree que España siempre fue así desde que Dios la creó y no tiene ni idea de que su sangre es impura y mestiza y cada día usa palabras árabes y come platos judíos, de que esta España se edificó sobre mucha sangre y sufrimiento y de esos polvos vienen estos lodos. Como dice una cita de Américo Castro en el libro: “Los españoles no saben quiénes son, pues ignoran quiénes fueron”.

Son los mercaderes y los políticos los que levantan fronteras y las colocan a su antojo, esas fronteras que ahora matan y marcan a quien las atraviesa con el estigma de ciudadanos de segunda. No quiero vivir en una sociedad que tenga ciudadanos de segunda, y no se trata de España sino de Europa, del mundo. No hay fronteras para la injusticia. En la entrada sobre Joan Melé hablaba de lo que cada uno puede hacer. Lo que yo hago es pensar, aprender, leer, escribir en este blog. Porque EL CONOCIMIENTO ACABA CON EL RACISMO, LA CULTURA ACABA CON EL FASCISMO.

-España y sus ejidos, Juan Goytisolo. Hijos de Muley-Rubio. Madrid, 2003.