domingo, 25 de septiembre de 2011

domingo, 11 de septiembre de 2011

Català<>Castellà

No me identifico con las banderas ni con los himnos, ni con ningún otro símbolo patrio de cualquier concepto o circunscripción oficial u oficiosa de patria, y sin embargo me identifico con la lengua, tal vez porque amo las palabras y me apasiona toda reflexión sobre el lenguaje, que considero la herramienta principal para comprender y utilizar la vida. Y por eso mismo me duele que algunos hagan de la lengua un arma cargada con la que asediar constantemente al enemigo, un arma en realidad imaginaria, porque verdaderamente no existe ninguna guerra, y lo que duele es usar algo tan tierno e íntimo como la lengua de una forma tan zafia.



No existe ninguna guerra y por eso no se entiende a los que están anunciándola constantemente. Por mucho que se repita una mentira, no se convierte en verdad, pero también parece que por mucho que se repite la verdad, nadie quiere creerla. Si acaso, yo la cuento una vez más.



A veces pienso que lo que pasa es que la gente que vive en el monolingüismo no entiende lo que es el bilingüismo. Creen que los que hablan castellano y los que hablan catalán viven en una especie de apartheid y que cuando se encuentran siempre surgen conflictos. Es difícil explicarles cómo es una conversación normal en una tierra bilingüe; cómo podemos iniciar una conversación en catalán, pasarnos al castellano, continuar hablando cada uno en una cosa y acabar no se sabe cómo, dependiendo del tema, no lo sé… Y sin problemas para entendernos. Cómo no se puede saber en absoluto por el idioma que alguien usa si sus orígenes son catalanes o no. Hay gente de origen catalán que habla en catalán, que se pasa al castellano cuando le hablan en castellano, que no se pasa, gente que no es de origen catalán pero lo usa siempre, que usa los dos, que no sabe hablarlo pero lo entiende… Hay emigrantes españoles que llevan cincuenta años aquí y se han negado a aprenderlo; hay inmigrantes que llegaron hace seis meses de algún país sudamericano sin saber que en España existía algo llamado catalán, y a pesar de poder conformarse con el castellano han hecho el esfuerzo de aprenderlo porque han entendido que es una manera de comprender el sitio al que han venido. La combinación es tan grande que nadie se preocupa ya por clasificaciones.



Claro que nada de esto sería así sin un sistema educativo de inmersión como el que tenemos. Existen unas leyes que favorecen el catalán porque es el que lo necesita. Siempre intento explicarlo comparándolo con la situación de la mujer: hay leyes que favorecen a las mujeres porque han sido las históricamente discriminadas, y es la manera de igualar la situación. Nadie consideraría que los hombres están discriminados por esas leyes; los hombres no necesitan leyes que los favorezcan, porque tienen la ventaja desde que nacen. En Catalunya el castellano es dominante, está mayoritariamente en los medios de comunicación, en las instituciones nacionales, en la prensa, en la literatura, en la música, en el ocio y en la calle. Gracias a nuestro sistema de enseñanza, yo, que he vivido en un ambiente así, puedo decir que soy bilingüe, se me ha hecho el regalo de una lengua que uso y me concede placeres como leer a Jaume Cabré en toda la maravillosa expresividad de la lengua en que crea su literatura. Y también me siento totalmente coherente si escribo esta defensa de la lengua catalana en castellano, porque es mi lengua materna y sé que me comprenderán, y nótese que este artículo no contiene una pizca de demagogia ni provocación gratuita y que es una apología del sentido común y las buenas intenciones, porque la gente se entiende sólo si quiere entenderse, y eso no tiene nada que ver con las lenguas (pero voto por las lenguas que nos llenan de palabras, que significan pensamientos, que significan emociones, que significan vida).

Viñeta de Kap en La Vanguardia 11/9/2011