domingo, 25 de marzo de 2012

Helena de Esparta


Entre las peculiaridades de la sociedad espartana, generalmente admiradas por otros pueblos griegos, una provocaba tanto rechazo como desconcierto: la proverbial libertad de sus mujeres. Un personaje aparece como ejemplo de esta controversia: Helena de Esparta, más conocida como Helena de Troya. Representante de muchos aspectos de la mujer espartana, por ello mismo acabó convirtiéndose para la mítica griega en ejemplo de mujer adúltera desobediente a su marido. Sin embargo, sus orígenes están envueltos en un aura divina, y acabó dando lugar a un culto que pervivió varios siglos.

La versión mítica de sus orígenes la hace nacer de Zeus, convertido en cisne, y —según una de las versiones— de la diosa Némesis, prefigurando las futuras discordias que sembraría, o —según otra versión— de la reina Leda, esposa del rey de Esparta, Tindáreo. Según la versión más pintoresca, la reina Leda puso dos huevos, de los que nacieron dos parejas de hijos, dos mortales (Cástor y Clitemnestra) y otros dos inmortales y divinos (Helena y Polideuces).
En todo caso, Helena sería criada como otras muchachas espartanas, practicando deporte al aire libre para tener una buena forma física. Plutarco, en su Vida de Licurgo, recogió las noticias que tras el paso de los siglos le habían llegado de lo que debió ser la educación de las muchachas en Esparta:
“Habituó a las jóvenes a que, desnudas, desfilaran, danzaran y cantaran en ciertos cultos, ante la presencia y contemplación de los muchachos. […] El desnudamiento de las jóvenes nada tenía de vergonzoso, al estar presente el pudor y ausente la lascivia; en cambio, las habituaba a la sencillez y fomentaba el estímulo por la belleza.”
Efectivamente, la belleza se había convertido en un referente para las espartanas, y es difícil establecer si dio origen o fue consecuencia del mito de Helena. Ya en el siglo VII, la sacerdotisa del oráculo de Delfos incluyó en una de sus profecías una referencia a las mujeres de Esparta como las más hermosas de Grecia. El poeta Teócrito (s. IV-III a. C.) dedicó un epitalamio, o canto nupcial, a la boda entre Helena y Menelao, el número XVIII de sus Idilios, donde las compañeras de la princesa aparecen practicando la típica vida activa espartana, y alaban la belleza de Helena destacando aquella cualidad que los espartanos realmente hubieran apreciado de ella: su capacidad de tener hijos sanos y dignos, objetivo final de los ejercicios. Los versos 20-25 dicen:
En verdad, grande sería la criatura que pariese, si pariese una a su madre semejante. Y de nosotras, todas las compañeras de sus misma edad, que, ungidas a usanza de varones y a la vera de los baños del Eurotas hacíamos la misma distancia a la carrera cuatro veces por sesenta, muchachas en caterva femenina y juvenil, ninguna había que sin tacha apareciera luego de equipararse con Helena.
Por el contrario, en la Andrómaca de Eurípides (s. V a. C.), el rey Peleo censura a Helena, dejando claro el punto de vista de los otros griegos sobre esa libertad física en la que habían sido educadas:
...y aunque ella hubiera querido ser honesta, una mujer no puede serlo en Esparta. Allí, junto con los mancebos, dejan la casa, van a las palestras y a los estadios, con los miembros desnudos, con las ropas flotando en el aire; para mi, detestables costumbres. ¿Es posible admirarse entonces de que no eduquéis mujeres castas?

Aristóteles creía que en su época, la libertad para heredar había hecho que dos quintas partes de la tierra espartana hubieran caído en manos de mujeres. Lo cierto es que, posiblemente, las espartanas recibían como dote la mitad de lo que sus hermanos recibían por herencia, mientras en Atenas esa proporción era de una sexta parte. Cuando no existían hijos varones para heredar el patrimonio, éste pasaba a la hija en unas condiciones también preferentes en comparación con otras herederas griegas: “En Esparta, las herederas —es decir, hijas sin hermanos legítimos del mismo padre— recibían el nombre de patrouchoi, que significa literalmente ‘titulares del patrimonio’, mientras que en Atenas las llamaban epiklêroi, que significa ‘en (o sea, que va con) el kleros (adjudicación, lote, porción)’”. La diferencia consistía en que, en Atenas, la heredera sólo transmitía la herencia al siguiente propietario varón, mientras en Esparta era propietaria por derecho propio, y no estaba obligada a casarse con un miembro de la casa paterna para mantener el patrimonio. Posiblemente, incluso pudieran elegir a su marido.
En el caso de Helena, pudo suceder algo parecido, aunque la historia ha quedado corrompida por la leyenda. Ella sí tenía hermanos varones, los célebres Cástor y Polideuces (Pólux en latín), conocidos como los Dióscuros. Sin embargo, tras elegir entre un sinfín de pretendientes, acaba casándose con el rico Menelao, hermano del rey Agamenón de Micenas, el cual ya estaba casado con su hermana Clitemnestra. La circunstancia es que Menelao se convierte en rey de Esparta tras casarse con la princesa, de ahí que, tras el rapto o fuga con Paris, el átrida tenga motivos mayores que los celos para tratar de recuperarla, ya que es ella la garante de su autoridad sobre Esparta.
Según la tradición, Helena vivió plácidamente en Esparta a la vuelta de Troya y sobrevivió a su marido. Al enviudar, el hijo de Menelao (o de los dos) la hizo marchar a Rodas, colonia fundada por uno de sus pretendientes, Tlepólemo, ya muerto en la guerra de Troya. Su viuda Polixo se vengó de ella haciendo que las mujeres de Rodas, vestidas de Furias, la colgaran de un árbol. Desde entonces, Helena fue venerada en Rodas como Dendritis (‘de los árboles’). Este aspecto también aparece reflejado en el Idilio XVIII de Teócrito. Los versos 45-49 dicen: “Y en su corteza [del plátano] letras quedarán grabadas, para que quien por su vera pase se detenga y a la doria lea: ‘Venérame, que árbol soy de Helena’”.
Los espartanos también le construyeron un santuario en su ciudad, el de Terapne, donde fue venerada junto a su  marido y sus hermanos los Dióscuros. Según parece, data del siglo VIII a. C., momento en que era importante para Esparta reivindicar sus orígenes homéricos. La advocación Dendritis parece reflejar una fusión con otra diosa de la vegetación y la fertilidad relacionada con los árboles, más antigua. Heródoto cuenta la historia de la hija fea de una rica familia espartana, la cual era llevada por su niñera cada día al santuario de Terapne, hasta que la propia Helena se le apareció y le concedió el don de una belleza como la suya.
El templo fue destruido, pero el personaje de Helena continuó formando parte de la tradición greco-romana, como un eco de la controvertida figura de las mujeres espartanas: atlética, heredera por derecho propio, capaz de escoger a su propio marido (y de cambiarlo), adúltera y deshonesta para los griegos, y finalmente divina.
Los espartanos, una historia épica-Paul Cartledge, 2009. Grandes batallas, Ariel.

9 comentarios:

Matriarcal dijo...

Gracias por este interesante retrato de Helena. Sinceramente, no sabía que la mujer espartana disfrutara de esos privilegios hereditarios, inexistentes en otros pueblos. Lástima que la fama de pueblo guerrero haya dejado en segundo plano la libertad de que gozaban sus mujeres.
Saludos. :)

hiniare dijo...

Si alguna cosa he aprendido con los espartanos y los griegos, es a derribar las estructuras sociales supuestamente inevitables, cerradas. Sí, las mujeres espartanas tenían total libertad sexual, pero eso era porque Esparta había dinamitado la unidad familiar y todo individuo dependía de la sociedad (desde los siete años). Así, no importaba quién fuera el padre (ni la madre) de un niño, sólo que fuera sano y robusto para llegar a ser un buen guerrero, y que una niña fuera sana y robusta para llegar a parir buenos guerreros. Lo más parecido que se me ocurre a la sociedad espartana es la nazi (y perdón por el anacronismo), pero en ella las mujeres estaban totalmente reprimidas. ¿Por qué esta diferencia?

También es cierto que la sociedad griega era absolutamente patriarcal y machista, pero la homosexualidad masculina y la femenina eran totalmente aceptables, en cambio en las sociedades patriarcales occidentales posteriores fueron un completo tabú. No me vale el argumento de que eran más libres, porque siempre hay motivos sociales tras todos los comportamientos. En fin, tras estudiarlos tengo más preguntas que respuestas, ¿no es genial?

Alyebard dijo...

A "les noces de Cadmo i Harmonia" l'autor planteja que fins i tot era una imatge sagrada que van robar els troians. Si no recordo malament. Ja fa temps que el vaig llegir.

hiniare dijo...

Durante mucho tiempo se trató de exculpar a Helena de sus pecados (haber provocado la guerra de Troya y la muerte de miles de guerreros). Una de las versiones, que no he incluido en el post, y que proviene del poeta Estesícoro, dice que la auténtica Helena fue llevada por Hermes a Egipto, según órdenes de Zeus, bajo el cuidado del rey Proteo; mientras tanto, Paris se llevó a Troya un fantasma. Cuando los aqueos asediaban la ciudad, los troyanos insistían en que Helena no estaba allí, pero no quisieron creerlos hasta que la tomaron y se convencieron por sí mismos. De vuelta a casita, Menelao se pasó por Egipto a recoger a su señora, y aquí no ha pasado nada. Pero a mí me parece que como exculpación no cuela.

Ya Gorgias en un de sus divertimentos verbales daba tres argumentos para exculparla: que lo que pasó fue voluntad de los dioses; que quizá fue raptada contra su voluntad; o que fue arrastrada por la irresistible fuerza de los camelos de Paris, ya que “la fuerza de la sugestión adueñándose de la opinión del alma, la domina, la convence y la transforma como por una fascinación”.

Perdón por la efusión de clasicismo, pero lo he estado estudiando y he leído tanto que me desborda por las orejas.

Alyebard dijo...

Perdó? Però si és un plaer llegir-te. Si vols, per via privada, digues-me de què fas que ho hagis estudiat tant?

hiniare dijo...

No res, literalment ho estic estudiant, acabo de començar primer d’Humanitats a la universitat i algunes de les últimes assignatures han estat Prehistòria i Història Clàssica, es nota?

PD: que això de fer d’universitària no et despisti, puc ser la mare d’alguns companys, però també la filla d’altres, o sigui que no em sento gens marginada.

Alyebard dijo...

A la UOC o presencial? Jo sóc UOC i en la mateixa situació que la PD: :D

hiniare dijo...

Presencial, a la UPF, per ara m'ho puc combinar, però potser acabi a la UOC. Què tal això d'estudiar a distància?

Alyebard dijo...

Bé, requereix més esforç i voluntat, no hi ha bar de la facultat per passar apunts. Ni campus de gespa. Però molt content pel resultat ( per ara) ;)