miércoles, 23 de julio de 2008

Hèlene Hanff y Alberto Manguel

Sobre "84, Charing Cross Road"
Este libro (que hoy no podría existir porque es una recopilación de cartas escritas con tinta sobre papel) lleva enamorando a los lectores desde 1970 simplemente porque revela la conversación entre dos amantes de los libros. Cartas demasiado breves y demasiado escasas para veinte años de correspondencia. Tras leerlas, sin embargo, parece que nuestras estanterías se han llenado también con los libros que mencionan, y los podemos ver, con sus encuadernaciones en tela, sus bordes dorados, libros centenarios y baratos de segunda mano que han recorrido un largo camino hasta llegar a nosotros...
El "Book-Lovers Anthology" se ve tan nuevo y primigenio que es como si nadie lo hubiera leído nunca, pero sí que lo han leído: se abre constantemente por los lugares más deliciosos como si el fantasma del antiguo amo me señalara cosas que yo nunca había leído [...] Yo tendré mi libro hasta el día en que me muera, y moriré feliz de saber que se lo dejo a otro para que también lo ame. Repartiré sutiles marcas de lápiz que señalen los mejores pasajes para que los vea algún amante de los libros que aún ha de nacer.
(El cartel es de la adaptación cinematográfica con la maravillosa Anne Bancroft en el papel de Helene Hanff)

Sobre "La biblioteca de noche"
Una de las ventajas de leer varios libros a la vez es la sorprendente aparición de cruces entre ellos. El mismo día que en "84, Charing Cross Road" Helene Hanff se quejaba a su librero inglés Frank Doel de haber recibido una edición del "Diario de Pepys" hecha de recortes, donde faltaban episodios como "el día que su mujer lo hizo saltar de la cama y lo persiguió por la habitación con un atizador candente", ese mismo día, digo, Alberto Manguel me explicaba en su libro "La biblioteca de noche" que el tal Samuel Pepys era un coleccionista de libros del siglo XVII que "fabricaba pequeñas alzas para sus libros más pequeños de forma que la parte superior de todos ellos siguiera una línea perfectamente horizontal". Es inevitable preguntarse por qué este señor fanático clasificador de tamaños llega desde el siglo XVII hasta mí por dos caminos diferentes el mismo día.
Si hay quien piensa que leer libros es un pobre sustituto de la vida, ¿qué pensar de leer libros sobre libros? Todo pagano adorador de ídolos de papel impreso puede reconocerse en este título de Alberto Manguel. Yo me quedo con este pasaje, donde se refleja la fragilidad de nuestra memoria...
¿Qué novela comienza con las palabras "Una tarde de primavera de 1890"? ¿Dónde leí que el rey Salomón utilizó un espejo para averiguar si la reina de Saba tenía las piernas peludas? [II Targum del Libro de Esther: "para recibirla el rey se sentó en una sala cuyas baldosas eran de cristal. Al entrar la reina de Saba creyó ver un estanque, se levantó el vestido para pasar y dejó al descubierto los pelos de las piernas". También en el Corán 27, 44] ¿Quién escribió ese extraño libro "Vuelo a la oscuridad" del que sólo recuerdo la descripción de un corredor sin salida lleno de pájaros batiendo las alas? ¿En qué relato leí la frase "el trastero que era su biblioteca"? ¿Qué libro tenía en la cubierta una vela encendida y unos gruesos lápices de colores sobre un papel de color crema? En algún lugar de mi biblioteca se encuentran las respuestas a estas preguntas, pero he olvidado dónde.
(Gracias a Philoousia por recordarme a Manguel)
-84, Charing Cross Road, Helene Hanff (1970). Empúries/Anagrama nº 33, 2002.
-La biblioteca de noche, Alberto Manguel (2006), Alianza literaria.

6 comentarios:

Filô dijo...

Gracias a ti, Hiniare :D
Esa frase en que dices: "Si hay quien piensa que leer libros es un pobre sustituto de la vida, ¿qué pensar de leer libros sobre libros?" me ha hecho recordar una conversación que tuve ayer mismo con una compañera. Ella pertenece al selecto grupo de los anti-libros, si, esos que viven en el mundo real... Yo le conté que la lectura no es creación de mundos imaginarios, sino conocimiento "real" del mundo por los ojos, mentes y manos de otros. Y que "leer el mundo" era mucho más real que conformarse -como ella- con la pequeña fracción del suyo propio: extremadamente reducido y de escaso interés... Alguien podría creer que mi contestación fue algo brusca. Pero no, fue muy suave, pues llevaba 10 minutos escuchándola hablar sobre las ventajas de comprarse ropa de marca, mientras que los libros eran un "lujo innecesario"... en fin...

Boehmiano dijo...

Con permiso, me uno a la conversación. Por si no fuera evidente que leer forma parte de la vida (escribir también), es que ¡es tanta la riqueza que nos da un buen libro! Una persona, que amaba los libros y a la que quise mucho, me dijo cuando yo era joven que algún día descubriría que la verdad (¿o la vida? Yo no las distingo demasiado) no estaba en los libros.
No sé, no sé. Jamás criticaré la lectura. El acopio de libros puede deberse a muchas causas. Lezama ya no dejaba libros, sino que los compraba y regalaba (¡había perdido tantos, prestándolos!).
Pienso que, hacia la madurez, los libros se van haciendo cada vez más esenciales: se releen, se lee un trocico de algo nuevo, se saborea una buena historia... Se recuerda con ellos lo que ya se sabe (Platón) y se sigue soñando y disfrutando.
Saludos.
B.

hiniare dijo...

Bienvenido, Boehmiano, gracias por irte pasando por mi blog. Voy escribiendo estas entradas y dejándolas ir en la selva de internet sin mucha esperanza de que alguien las encuentre; me alegra ver que alguien les dedica su atención.
La mayoría de libros que leo no me pertenecen, son de bibliotecas. Esto me ha hecho perder todo sentido de posesión con ellos: los encuentro, los leo y los dejo ir, y considero la biblioteca del barrio una extensión de mi salón. Sólo un par de veces he sentido la necesidad de buscar en las librerías algun título que deseaba conservar. Los que tengo en casa son una selección muy personal, de relectura habitual. No me preocupa perder libros si es en manos de buenos amigos que sé que los apreciarán como yo. Estoy a favor del libre tráfico, los libros necesitan ser leídos, no coger polvo en una estantería.
Así los libros van pasando por mi vida o mi vida por los libros, no hay mucha diferencia, y lo lamento mucho por toda la gente que se pierde esta forma de vivir.
Un saludo,
h.

Boehmiano dijo...

Me encanta que digas eso. ¿Para qué acumular libros, aunque sean valiosos? El genuino desprendimiento es virtud esencial y básica. Ahora recuerdo que muchos de los míos se han detenido en manos de amigos y alumnos, aunque igual siguen fluyendo. Como la vida, a la que tampoco habrá que apegarse.
Yo acabo de escribir mi primer libro. Es pequeño y modesto. Y su padre algo mayor. Me tendrán que gustar incluso sus defectos.
Pero claro, por derechos y esos líos, no puedo colgarlo en internet.
La editorial es joven y sin medios, pese a su nombre y anagrama: Milyuna ediciones, de Alicante.
Ah y soy yo quien tiene que agradecerte tu blog. Es hermoso visitarlo.
Un saludo, B.

hiniare dijo...

¡Vaya, qué interesante...! Me he pasado por la web de Milyuna ediciones pero no tiene mucha información. Ya me irás contando...

Boehmiano dijo...

Claro. Es un libro sobre San Agustín de Hipona, pensado para alumnos de 2º de bachillerato. Pero también espero que sea útil a quien desee iniciarse un poco en su pensamiento filosófico, sobre todo por los textos que cito.
Un saludo,
B.