martes, 23 de septiembre de 2008

Pasión viajera

No hay nada más adecuado cuando llega el verano que buscar un libro de viajes con una exótica foto de colores brillantes en la portada y un título evocador, y dejarnos llevar en nuestra lectura a alguna costa lejana, aunque las vacaciones sólo den para coger el autobús hasta una playa mediterránea. Los libros de viajes me han llevado hasta lugares maravillosos, y últimamente he descubierto a una autora que viaja tal y como yo querría: quedándose a vivir en las ciudades, encontrándose a gente por los caminos, haciendo amigos que te abren las puertas de su rincón de mundo...
Ana M. Briongos es una barcelonesa que con veintipocos años hizo la ruta hippy de los 60 en dirección a Oriente... pero ella se quedó en Afganistán. Como cuenta en su libro "Un invierno en Kandahar", donde aparece un Kabul insólito, con bares y hoteles, y personajes apasionantes. Si algo fascina de esta autora es la manera en que nos acerca a esta gente que conoce, que ama, con la que comparte tanto... Me permito compararla con Isak Dinesen y su manera de contar una vida haciendo que la vivamos también nosotros y lleguemos a considerar sus recuerdos como nuestros.
Le gustó tanto Afganistán que para estudiar su idioma quiso ir a la Universidad de Teherán, como recuerda en "Negro sobre negro" y "La cueva de Alí Babá", que son sus dos libros sobre Irán, en que combina viajes actuales con el recuerdo de aquella época de monarquía dictatorial y movimientos juveniles progresistas y retrógrados enfrentados.
Pero yo la he conocido por su último libro hasta ahora, "¡Esto es Calcuta!", por fin en la India, aunque no en el lugar más turístico... La combinación de una trama medio real y sus experiencias hacen este libro el más ameno de todos, y no puedo dejar de recomendarlo, por lo mucho que he aprendido sobre este inmenso país, por la encantadora gente que he conocido...
Dejo aquí una evocadora cita de "Negro sobre negro":
La mujer que viaja sola tiene acceso a lugares donde un hombre nunca podrá entrar. Durante estos viajes a Afganistán viví con las mujeres de una tribu baluchi acampada cerca de Herat, me acogieron las mujeres y los niños de un juez de Kandahar, compartí tienda y trabajos con las mujeres de una tribu hazara de Bend-i-Amir, viví con los cuchís de Bamian, vestida con el precioso vestido rojo hecho de cientos de pedazos y plagado de abalorios que todavía conservo, y en Maimana estuve con las mujeres de los criadores de caballos destinados al buzkashi, el deporte nacional afgano.
Estas son sólo unas modestas palabras de recomendación, y me alegraría mucho acercar a algún lector hasta esta autora. Por eso, recomiendo acudir a su página web, donde se la puede conocer personalmente.