lunes, 19 de enero de 2009

Samarcanda

Las Robaiyyat (estilo poético que se podría traducir por cuartetas) fueron una forma popular de poesía en el mundo musulmán medieval; en persa o árabe, varios poetas las utilizaron, pero por este título se identifica sobre todo la obra de Omar Jayyam, que fue un reconocido matemático y astrónomo, pero mucho más famoso por sus versos amargos y subversivos, donde evoca la tristeza de la vida mientras se consuela con la belleza de las mujeres y el vino. Son versos depresivamente románticos:
Si de mí dependiera, yo no habría venido,
si de mí dependiera, yo no me marcharía.
Y lo mejor sería que en este mundo ruinoso
ni llegara, ni hubiera de partir, ni estuviera.

Hubo una gota de agua, se acabó uniendo al mar;
hubo un poco de tierra, y se igualó a la tierra;
tu llegar y partir de este mundo, ¿qué son?:
apareció una mosca y desapareció.
Son también versos descreídos:
Que amantes y borrachos irán a los infiernos,
no puede ser verdad, creerlo es imposible;
si van a los infiernos amantes y borrachos,
quedará el paraíso desierto y despoblado.
Y muy, muy desconsolados:
Cuando huyan de sus cuerpos tu alma pura y la mía,
sobre nuestras dos fosas levantarán dos tumbas;
más tarde, para alzarles a los demás sus tumbas,
con tu tierra y la mía moldearán ladrillos.
Este libro de poesía es el protagonista del libro de Amin Maalouf Samarcanda, biografía inventada de un personaje real (como en León el Africano), excusa para desgranar la historia de Asia Central en el siglo XI, y de epílogo la del mismo lugar entre los siglos XIX y XX. Pero qué forma de contar la historia, como si fuera algo personal, como una novela de intriga con giros inesperados, muletillas del tipo: "Lo que él me dijo a continuación con frases entrecortadas, el mundo entero iba a saberlo al día siguiente". El mismo principio de la novela es una promesa: "En el fondo del Atlántico hay un libro. Yo voy a contar su historia". Ese libro es un manuscrito imaginario de las Robaiyyat de Jayyam, el motor de todo el argumento, poco importa que muchos versos citados por Maalouf no sean originales, pero ¿quién quiere distinguirlos, si la ficción es mejor?
Omar Jayyam deseaba dormir entre las flores. En su tumba de Nisapur "las ramas de los perales y melocotoneros se extendían sobre la sepultura y esparcían sus flores de tal manera que estaba oculta bajo una alfombra de pétalos".
¡Qué solo estabas, Jayyam, junto a tu amada!
Ahora que se ha ido, podrás refugiarte en ella.
-Robaiyyat, Omar Jayyam. Edición e introducción de Sadeq Hedayat. Versión española de Zara Benham y Jesús Muñárriz. Poesía Hiperión nº 217, 1998.
-Samarcanda, Amin Maalouf (1988) Alianza Editorial. El libro de bolsillo, Literatura Contemporáneos L5541, 2002.

2 comentarios:

Boehmiano dijo...

Cordial saludo para ti, Hiniare.
Sin duda debe ser un hermoso libro. Yo leí la biografía recreada de Manes o Mani, en su hermosa novela "Los jardines de luz". Por cierto, en Trotta acaba de publicar Fernando Bermejo Rubio un magnífico libro sobre esta singular forma de religiosidad. Y se ha publicado allí también la primera antología, en castellano, de textos maniqueos. Qué pena que el lenguaje ordinario sea tan injusto con esos bárbaros anhelos de espiritualidad.
A Omar Jayyan lo conozco menos. Debió ser una persona extraordinaria. A ver si me animo a leerlo con más continuidad y a conocer algo de su vida y pensamiento. Porque el amor a la belleza, verdaderamente sentido, me parece realidad y figura de todo lo más grande.

hiniare dijo...

Gracias por pasarte por aquí, Boehmiano. Pues ya llevo varios libros de Amin Maalouf y cada vez me está gustando más, no es fácil encontrar un buen escritor histórico en estos tiempos "codigodavincianos". Leeré "Los jardines de la luz", me interesa mucho ese personaje tan extremo y revolucionario, aunque supongo que su biografía será tan inventada como la Jayyam en este libro, porque son personas de las que realmente se sabe muy poco. Pero Maalouf sabe crear una historia mejor que la Historia. Hasta otra, ya veo que no renuevas mucho tu blog, pero no dejo de leerlo,
hini.