sábado, 12 de septiembre de 2009

La mujer del cuadro

Hay pintores cuyos cuadros son fáciles de reconocer al primer vistazo, porque tienen un estilo único, por sus colores, sus temas. Sin embargo, algunos pueden ser reconocidos porque en sus cuadros siempre aparece Ella. En el caso del renacentista del siglo XV Botticelli, Ella es Simonetta Vespucci. Era una dama noble, cuya belleza cantaron todos los poetas. Todos los cortesanos se enamoraron (neoplatónicamente) de ella, pero él era un humilde pintor, muy lejos de poder aspirar a nada más que a trazar sus rasgos Ella murió poco después, pero en la pintura de Botticelli se había marcado una frontera visible: sus anteriores vírgenes y santas eran convencionales, sin rasgos destacables; a partir de entonces, todas sus vírgenes, santas, princesas o diosas serían Ella: la misma inconfundible y trenzada cabellera dorada, el rostro alargado, su dulce sonrisa. Incluso esa gloriosa Venus es etérea y grácil, una casta diosa del amor.

El otro pintor reconocible por la misma causa es el prerrafaelita del siglo XIX Rossetti. En su caso, Ella fue varias modelos: Elizabeth Siddal, con la que se casó y que acabó suicidándose, o Fanny Cornforth, o Jane Burden, esposa de William Morris. Pero en sus cuadros Ella es siempre la misma mujer pelirroja, de labios carnosos y mirada turbia; su Venus aparece en un jardín exuberante (las mariposas se posan sobre su aureola). En su cuadro “El sueño de Dante (la muerte de Beatriz)”, tanto Beatriz como las dos damas que sujetan su dosel son Ella. ¿Todas esas mujeres se parecían, o es que él pintaba un rostro ideal, el único que veía?


Hablar de Dante Gabriel Rossetti y del florentino Botticelli, me lleva a hablar del genuino Dante. Para Dante, Ella era Beatriz Portinari, que nunca le correspondió y que también murió joven y bella. Él no era pintor, pero encontró la forma de inmortalizarla. Borges comenta una opinión que él mismo comparte, que Dante escribió su Divina Comedia, y se hizo su protagonista, sólo para escribir que Beatriz lo cogió de mano y lo llevó al Paraíso. Los lectores se han conmovido por esa escena durante ocho siglos, pero sólo Dante fue consciente de que nunca ocurrió, de que la escribió en la soledad de su escritorio sin que ningún cielo resplandeciera sobre él. Pero la hizo tan resplandeciente que Ella permanece para siempre.

4 comentarios:

Boehmiano dijo...

Precioso comentario, Hiniare. Y conmovedor.
Es el eterno femenino que eleva el alma y dignifica el cuerpo. Un cuerpo hermoso es un signo de luz.
El amor en su doble cara y fascinante.
En fin, los románticos...
Eva es madre de la vida. ¡Sólo un necio puede echarle la culpa de algo! Otra cosa es lo que suelo llamar el sentimiento órfico de la vida...
Pero si no fuera por la belleza, en sus innúmeras manifestaciones...

hiniare dijo...

Gracias Boehmiano, por compartir mis cuadros y poemas preferidos. Yo tampoco puedo resistirme a esta belleza, y quizá lo que más me conmueve es saber que fue tan breve y que se convirtió en polvo tan rápido. Quizá todo el arte hable de momentos perdidos...
Espero seguir leyéndote, hasta pronto,
h.

Jordi dijo...

Hola Hiniare,

Veo que compartimos gustos artísticos. A mi me encanta el simbolismo, los prerrafaelitas. J.W.Waterhouse es mi preferido. También pintaba a la misma modelo casi siempre.

Si te interesa el tema de las musas, George Romney y Lady Hamilton son otro ejemplo interesante.
¿Adivinas de donde he sacado la cara de mujer que aparece en mi perfil? :)

Saludos.

hiniare dijo...

Hola, "Lady Emma"... Nunca dejarán de fascinarme las mujeres fatales de los simbolistas, qué surtido tiene Waterhouse, es arrebatador.

A George Romney no lo conocía: delicado, muy al estilo inglés. Y su Lady Hamilton como Circe, ¿no es casi simbolista?

Hasta pronto,
h.