domingo, 10 de enero de 2010

¿Quien es yo?

Conocí a Alan Watts gracias a sus libros sobre religiones orientales, muy reveladores y directos, capaces de hacer entender a un occidental el pensamiento oriental sin descafeinarlo ni vulgarizarlo. Aplicó sus reflexiones a otros campos de la espiritualidad y la filosofía, como en su libro de ensayos “Mito y religión”. La última entrada de Candelero y unas palabras de Raimon Pannikar (“…mientras no lleguemos a considerar la Tierra como nuestro cuerpo y el cuerpo como nuestro Sí…”) me han hecho recordar un texto que hace mucho que quería comentar, aunque no puedo llegar a abarcar todo lo que dice. Es el ensayo “¡Olvidemos lo que debería ser! Es lo que es”, sobre ese complicado asunto del Yo.

¿Qué es lo que entendemos por yo? Watts es muy expresivo cuando dice que creemos ser “un ego metido en un saco de piel situado a medio camino entre las orejas y la parte posterior de los ojos”. Eso debe ser el homunculus montado en su máquina biológica. ¿Y algo tan absurdo nos parece la realidad real?



Watts da la clave cuando se fija en la expresión “venir al mundo” con la que describimos el inicio de nuestra vida. No venimos al mundo sino que nacemos de él, igual que las manzanas salen del manzano. Somos el producto de nuestro medio ambiente, estamos incluidos en la circulación atmosférica y la deriva de los continentes, somos lo que comemos y bebemos y todo lo que nace o germina nos concierne, tanto como el funcionamiento de nuestro páncreas o la circulación de nuestra sangre. No es una ilusión, no podemos elegir vivir sin el medio ambiente como no podemos elegir vivir sin cabeza o sin respirar.

Nos cuesta definir la realidad real con palabras porque nuestro idioma está organizado de una manera tan rígida que no logramos superarlo. Hemos construido la estructura Sujeto+Verbo, por lo tanto, necesitamos un protagonista para nuestras vidas, y ese debe ser Yo. Estoy viviendo; ¿quién es el que vive?: Yo. Pero en realidad no estás viviendo: más bien eres vivido, o se vive. Esta construcción gramatical nos desconcierta y es difícil de interpretar, pero se acerca más a la verdad.

Y así Watts lo resume en una frase preciosa: el yo auténtico es el universo centrado en nuestro organismo. Claro que la mayoría no somos capaces de experimentar que somos el universo, sólo aquellos que tienen alguna vivencia mística especial. Una vivencia en que son capaces de percibir directamente lo que les rodea saltándose el análisis cerebral.

No tiene nada de malo nuestro cerebro, es la única forma en que puede funcionar. Necesita escanear la realidad, línea por línea, para poder procesar la información, y después necesita crear símbolos para manejarla, como el lenguaje. Es un gran avance evolutivo, sólo que la realidad “nos sobreviene en un continuo multidimensional en que todo sucede a la vez, en todas partes y al mismo momento”. Una vez simbolizada la realidad, debemos considerar el hecho de que sólo conocemos una parte de ella, que queda mucho más, y que debemos buscar otra forma de entenderla.

Por eso va a ser difícil superar esta dolorosa separación de la naturaleza a la que nos hemos condenado, porque hemos construido toda nuestra sociedad a base de separarnos de ella. No es imposible, hay pueblos en el mundo que siguen viviendo dentro de la naturaleza, y hay filosofías y escuelas espirituales que han encontrado el camino para lograr esa conciencia. Llevan miles de años haciéndolo pero la mayoría del mundo les da la espalda. Mientras los continuemos considerando curiosidades extrañas no podremos salir de este absurdo que cada vez se vuelve más una cuestión de supervivencia. Lo digo antes que nada por mí: tengo las ideas y la teoría, ahora necesito encontrar la manera de llevarlo a la práctica.

Ilustración: el universo y el hombre según el Libro de las Obras Divinas de Hildegarda de Bingen (siglo XII).

2 comentarios:

Daniel dijo...

Coincido con tu reflexión.
Yo creo que volver a vivir en armonía con la naturaleza va íntimamente ligado al cambio de conciencia que hace falta para vivir en armonía entre nosotros. Me parece que esta transformación se realiza o se va posibilitando a través del cambio personal, de tomar conciencia y consentir en ese "ser vivido", en ese perder el control. Es difícil en estos tiempos en que el ego está tan fomentado, pero seguramente son los últimos coletazos de una estructura que ve cercana su muerte.

Abrazos Hiniare.

hiniare dijo...

Hola Daniel!
Sí, yo creo que a esa estructura ya le están temblando los cimientos...
Quizá no hace falta tanto pensar en cómo cambiar el mundo, bastante trabajo es cambiarse a uno mismo (y una cosa lleva a la otra).
Gracias por pasarte por aquí, nos vemos,
h.