viernes, 12 de marzo de 2010

Todo mi yo es cuerpo

Parece que hay una idea tan profundamente metida en la cultura occidental que deja ver sus resquicios a cada momento, y cada vez me desagrada más… Quizá esté superada la idea religiosa de que el cuerpo es vil y sucio y que afortunadamente lo que realmente somos es esa otra parte limpia y pura que es el alma, pero la visión científica actual no la ha cambiado demasiado: el cuerpo es la máquina en la que estamos montados, la utilizamos para vivir, pero no es nosotros.

Muy a menudo las ideas religiosas se expresan en este sentido: nuestro cuerpo es un envoltorio que caduca y del que nos desharemos para elevarnos hacia un etéreo cielo. Estoy segura de que si la gente lo considera detenidamente verá lo absurdo de este pensamiento, pero no lo hace, y hay que insistir en algo tan elemental: somos nuestro cuerpo. A pesar de la lógica, sigue sonando negativo: ¿sólo somos un cuerpo? ¿Nada más que carne corrompible? ¿Órganos y fluidos torpes y sucios? Pues sí, ¿es que te parece poco?

¿Por qué se le quita el valor a algo que existe para dárselo a una entidad ilusoria? Éstos órganos, llámalos corazón, cerebro o cualquier otro, son los que nos permiten sentir el amor, la emoción o la iluminación que llamamos experiencias espirituales. Gracias a nuestro cuerpo nos relacionamos con el resto de los seres humanos, y podemos establecer las relaciones que llenan de sentido nuestra vida. La amistad, la solidaridad, la compasión, surgen de nuestras necesidades físicas igual que el hambre o el sueño, ¡y qué suerte tener esas necesidades! Es cierto que somos seres caducos y que estamos hechos para extinguirnos, sino, ¿qué valor tendría para nosotros el tiempo de nuestra vida y lo que podemos conseguir en ella? Habitamos en el tiempo y en los ciclos de bienestar y malestar, de alegría y tristeza… Eso significa estar vivo, es el funcionamiento de la naturaleza. Casi siempre pensamos en la belleza de los pajaritos y las flores, pero la naturaleza también es el gusano, la putrefacción y el estiércol. Culturalmente los vemos como cosas negativas, pero en el mundo natural no lo son: son parte de los ciclos de muerte y renacimiento. Así que cuando miremos a nuestros cuerpos débiles y enfermos, pensemos que tienen el poder de la eternidad, precisamente porque están vivos, y la vida es frágil, pero siempre permanece.


Y esa visión religiosa del alma buena y el cuerpo malo no siempre se cumple. Es contraria a la visión cristiana, porque la Creación es obra de Dios y por tanto es buena y querida por Él. Desde el momento que el centro del cristianismo es el hecho de que Dios ha tomado forma humana, en un cuerpo de carne con todas sus limitaciones y fragilidades, no se puede despreciar el cuerpo sino dignificarlo. Un Dios que después de morir no se convierte en un fantasma etéreo sino que resucita en su cuerpo material, glorioso pero… lleno de llagas y cicatrices. El cuerpo es lo que nos define, con su gloria y su dolor.

Este tema también me hace recordar el término zen de “zanshin”, el arte del gesto. Aunque proviene de los samuráis y significa “prestar el máximo de atención al adversario”, se puede aplicar a toda la sensibilidad zen. La destreza con la espada, con el arco, al servir el té o al pintar, no provienen del simple entrenamiento. Se trata de acallar el pensamiento y dejar que “el cuerpo actúe por sí solo”. El universo y el cuerpo tienen su propia armonía y saben lo que tienen que hacer. La sabiduría del cuerpo es algo muy ignorado en occidente.

O casi; encontré este fragmento de Friedrich Nietzsche que aparece en "Así habló Zarathustra". Un pasaje llamado "De los despreciadores del cuerpo" dice:
"Mas el ya despierto, el sabio, dice:
Todo mi yo es cuerpo, y el alma no es sino el nombre de algo propio del cuerpo.
Tu pusilánime razón, hermano mío, es también un instrumento de tu cuerpo, y a eso llamas espíritu: un instrumentito, un juguetillo a disposición de tu gran razón.
Hermano mío, detrás de tus ideas y sentimientos se oculta un poderoso señor, un sabio desconocido. Se llama Sí-mismo. Reside en tu cuerpo, es tu cuerpo.
Más razón hay en tu cuerpo que en tus pensamientos más sabios. ¿Quién asegurará que el cuerpo no pueda prescindir de la mejor sabiduría?"

Y vuelvo a recurrir a la autoridad de Teresa Forcades, porque le he oído varias veces una cita de Kant que resume todo lo que he estado intentando decir: “El pájaro cree que sin aire, volaría más rápido”.


Foto: Milique, 68 años, y su doceava nieta Yasmina, de 8. Noragara, Irian Jaya-por Phil Borges

6 comentarios:

tula dijo...

Pues muy buena entrada, en eso estoy, en escuchar el cuerpo y acallar la mente.
Es curioso que en situaciones de máximo riesgo si el cuerpo no toma las riendas no se sale de la situación, incluso la mente lo complica.
Otra cosa, no conocía a Phil Borges, muy bueno, si.
Un beso y gracias por un blog tan completo.

Jordi dijo...

En efecto, somos todo cuerpo. Y no por ello nuestra existencia pierde emoción o misterio. ¡Hay tantos enigmas escondidos en nuestros cuerpos!
No hace falta buscar en almas separadas e independientes.

Descartes relacionaba la creencia en el alma con el deseo de inmortalidad. Pero ése es un deseo bastante absurdo, como dices. Menuda esclavitud, vivir eternamente.
Sin preocuparse por otra vida eterna, cada instante del ahora se llena de vida propia.

Saludos.

hiniare dijo...

Hola Tula, hola Jordi,
Estaba pensando que en una cultura tan basada en la imagen y lo físico como la nuestra, el cuerpo "real" es algo totalmente ignorado y despreciado, mientras todo el mundo tiene en el pensamiento el cuerpo "ideal" que es sólo un producto de consumo y no tiene nada que ver con la realidad...
Tenemos una asignatura pendiente con lo corporal.

Tula, si no lo has hecho ya, puedes echar un vistazo a los links que tengo de la web y el blog de Phil Borges: es espectacular.

Hasta luego,
h.

Boehmiano dijo...

Yo también coincido contigo, y mira que me gusta el espíritu, Hiniare. Los dualismos no hemos sabido evitarlos, pues al parecer la mente trabaja a partir de dualidades. Pero la persona es una.
Por otra parte, me parece preciosa la noción de cuerpo etérico, de estrellas o astral. Y no digamos la de cuerpo glorioso.
Nietsche supo, sin hedonismos baratos o vulgares, reivindicar los sentidos, la pasión, el cuerpo... y criticar entelequias separadas.
El misterio nos envuelve y hay que verlo en lo más concreto, lo más humilde, lo más sencillo e inmediato; de otro modo, en verdad no lo vemos.
El instinto y la intuición, en efecto, son más certeros que la "razón" de la que tanto se presume (sin ver que la inteligencia es otra cosa, más amplia, más versátil, más cordial).
Reivindiquemos el cuerpo incluso desde el sí mismo, desde el alma espiritual (Boehme dice que ésta nace del cuerpo). Y reivindiquemos la ternura, el afecto, la caricia, la gracia... frente a las rigideces estúpidas, frías y torpes de los moralismos que han falseado y falsean (por miedo, educación, atavismos o lo que sea) la genuina libertad y plenitud (o, lo que para mí es lo mismo, la genuina religiosidad o espiritualidad).
Pero hay una luz, un querer concreto, una conciencia que pueden elevar, plenificar, sutilizar (o como decirse quiera) al cuerpo; igual que existe una conciencia torcida, neurótica o malévola que puede atentar contra su santidad originaria.
Lo bueno y lo malo nacen del corazón, como dice Jesús. Nada tienen que ver con la inocencia del cuerpo.
Volviendo a Nietzsche, mejor su superhombre que es un niño que juega, que no su águila o animal que ataca en línea recta y sin escrúpulos destrozando a los débiles (qué bien supo aprovecharse de estas frases el nazismo).
Es mi punto de vista. Pero me extendí y pido discretas disculpas.
Un abrazo:
B.

hiniare dijo...

Boehmiano, siempre es un gusto escuchar tus lecciones. Aunque cite filósofos no creas que tengo muchos conocimientos, así que cuando intento expresar algunas ideas, lo mejor es recibir vuestras respuestas y aprender un poco.

Comprendo lo que quieres decir y estoy de acuerdo. Ciertas experiencias nos hacen sentir que existimos por encima o más allá de nuestro cuerpo, desgraciadamente eso nos lleva a despreciar el propio cuerpo del que esas experiencias proceden. Incluso tengo problemas con el lenguaje, porque si digo que glorifico la carne, parece que me reduzco a lo prosaico y sensual, cuando lo que quiero decir es que veo que lo espiritual y lo físico son uno solo... Cada vez me parece más claro que las convenciones del lenguaje nos impiden pensar. Hace mucho que me esfuerzo en superar los dualismos, me parecen un error, y este del cuerpo y el alma es uno de los peores...

Nos vemos,
h.

Boehnmiano dijo...

Me encanta estar de acuerdo contigo, pero si no lo estuviera reflexionaría para ver qué tengo que aprender.
Sí, nosotros debemos saber leer más allá del lenguaje, no detenernos en el mero término.
Sigue publicando estos post (¿se dice así?) o temas tan estupendos.
Nos vemos,
B.