domingo, 28 de noviembre de 2010

Vamos a contar un cuento: el rey Herla

Un día, Herla, el rey de los bretones, mientras cazaba en un antiguo bosque junto a sus hombres, se encontró con un enano que cabalgaba una gran cabra. “Soy rey de muchos reyes y jefes”, dijo el enano a Herla y a sus hombres. “Pero he oído hablar de tu fama y tus grandes hazañas, incluso en mi mundo. Eres digno de acudir a mi boda. Haremos un pacto: ahora mismo, los embajadores de Francia están llegando a tu palacio para concertar tu boda con su princesa. Asistiré a tu boda, y un año después de ese día, tú asistirás a la mía”.

Herla y sus hombres volvieron a su palacio y encontraron a los embajadores esperando. Se concertó la boda, y en medio de las celebraciones y los banquetes, llegó el rey de los enanos con su pueblo, trayendo comida y bebida en vasijas de oro y cristal en tal cantidad, que las provisiones del rey Herla se quedaron sin tocar. Al canto del gallo la mañana siguiente, él y su gente desparecieron de vuelta a su mundo.

Un año después de aquel día, el rey de los enanos reapareció para recordarle a Herla su pacto. El monarca y sus hombres cabalgaron hacia el antiguo bosque, donde una gran zanja se abrió ante ellos, adentrándose por un oscuro túnel hasta una gran caverna iluminada como por miles de lámparas. Herla y sus hombres estuvieron de fiesta durante tres días con el rey de los enanos y su pueblo.

Finalmente, cuando se prepararon para marchar, el enano les regaló caballos, perros y halcones. Especialmente, les hizo entrega de un pequeño lebrel para que Herla lo llevara en su caballo con él. “No bajéis de vuestras monturas hasta que este perro salte al suelo”, les advirtió el enano. “Sólo entonces será seguro para vosotros desmontar”.

Herla y sus hombres cabalgaron de vuelta, pero al salir del bosque, encontraron sus tierras diferentes a como las habían dejado tres días antes. Preocupados, siguieron adelante hasta que encontraron un viejo pastor. “Dame nuevas de mi reina, la esposa de Herla”, pidió el rey.

El viejo le miró extrañado, y finalmente dijo: “Alguna vez he oído ese nombre. Pero la historia de esa reina es muy antigua. Su marido cabalgó hacia el bosque y nunca más se le vio. Ella murió con el corazón roto. Pero eso fue en los días de los bretones, y los sajones hemos dominado Inglaterra durante los últimos doscientos años”.

Uno de los hombres de Herla, irritado, saltó de su cabalgadura, e inmediatamente se convirtió en polvo. Entonces Herla ordenó a sus hombres que permanecieran en sus caballos. Y así fueron condenados a cabalgar eternamente, y se convirtieron en la mesnada Hellaquin(*), errando por la tierra en sus caballos sin descanso.

Hasta el primer año del reinado del rey Enrique, en 1133, las gentes dieron noticia de haber visto la mesnada Hellaquin de tanto en tanto. En ese año hubo avistamientos en Gales, aunque poco después, muchos galeses informaron de haber visto a los hombres de Herla hundiéndose en el río Wye. Desde entonces, nadie los ha vuelto a ver.

*
Hellaquin parece ser una derivación de Herla King, que a su vez podría interpretarse como Hell King, o Rey del Infierno. Hellaquin era el nombre de un demonio en la época medieval, más bien un duende travieso y pícaro. Aunque parezca mentira, es el origen del Arlequín.

5 comentarios:

Alyebard dijo...

Muy buen cuento. Parece que su origen enlace dos cosas, la del héroe que va a otro mundo donde el tiempo transcurre diferente y a su regreso nadie le reconoce y el del rey desaparecido que a su regreso liberará el pueblo. Si tenemos en cuenta que en Gales es donde se refugiaron los Bretones ante los Anglo-sajones. Tus entradas son geniales!

hiniare dijo...

Milgracias, Alyebard! Es el típico cuento celta donde la fatalidad y el destino se conjuran para convertir a los hombres en leyendas.
Como los mismos celtas. Se marcharon pero sus fantasmas estan en el origen de muchas de nuestras historias. Nos vemos,
h.

Stalker dijo...

Este delicioso cuento me ha llevado a otro mundo; mejor dicho: hace un mundo, lo re-crea, encarna lo imposible y lo da en palabras.

Ahora tocaría dormir, o rumiar, la enseñanza que nos transmite.

No bajemos del caballo aún, por si acaso...

un abrazo

hiniare dijo...

No lo pensé, pero debí empezarlo diciendo aquello de: "Hace muchos, muchos años, en un lugar muy lejano..." y a partir de ahí, dejarnos llevar por la maravilla.

Besos,
h.

RAB//. dijo...

Me recordó un poco a la leyenda de Rip Van Winkle, una de mis favoritas, que recrea Washington Irving... sólo que la intención y la moraleja son distintas.
:+