viernes, 3 de octubre de 2008

¡Oh, el amor!

"El amor y occidente" es uno de esos libros que te hablan de algo que crees conocer muy bien por parecerte evidente, elemental; pero al leerlo se te cae un velo de los ojos y descubres que no habías entendido nada.
Hablemos del amor, ¡oh, el amor!, ese sentimiento maravilloso, tan natural... Pues no, no hay nada natural en el ser humano, todo es cultural, y mucho más en occidente: aquí es un producto elaborado que heredamos de los siglos anteriores. Concretando, cuando nos enamoramos, lo que hacemos es revivir lo que aprendimos en las películas, en las novelas, en las canciones...
El autor propone una teoría que quizá esté ya superada, o no sea exacta, no lo sé, pero tal y como la explica me parece muy verosímil. En la Edad Media se extendió por Europa un movimiento religioso de ascendencia maniquea, el catarismo. En la raíz de este movimiento había una fuerte divergencia entre materia y espíritu: el mundo era malvado, la carne culpable; el alma deseaba liberarse de esta prisión y ascender a Dios, la salvación se asemejaba a la muerte. En la misma época aparece el amor cortés y triunfan los trovadores. Rougemont propone que esta es una especie de versión laica del catarismo, y hace un largo análisis del mito de Tristán e Isolda para demostrarlo.
Estos amores de caballeros heroicos hacia damas puras y etéreas no tienen nada que ver con un amor carnal. Su fin no es el matrimonio, ni una vida de hogar. Siempre hay un impedimento (si no lo hubiera, no sería romántico), el amor ha de ser prohibido, imposible... En el sublime final los amantes han de morir el uno por el otro, su pasión se convierte en eterna, fuera de este mundo...
Quién no ha suspirado por estas bonitas historias, quién no ha derramado una lagrimita al acabar la película... Y qué insípido parece el mundo real en comparación. Pero se sigue soñando con glorias eternas al enamorarse, y se sigue repitiendo la cantinela del amor para siempre, del amor que triunfa sobre todo, del sacrificio que se es capaz de hacer por amor, de dar la vida. Recitamos el antiguo guión. Pero en la vida cotidiana el amor tiene que combinarse con hacer la cena, con fregar el baño, con ir a comprar las cortinas; y la gente lo aborrece, y se va en busca de otro amor, inalcanzable, prohibido... hasta que se alcanza y vuelta a empezar.
El amor existe en todas las culturas y suele referirse a un genuino sentimiento entre una pareja, pero en occidente le hemos puesto encima una pesada carga: ansiamos el imposible, y ni siquiera sabemos lo que es.
-Yo soy ardiente, yo soy morena,
yo soy el símbolo de una pasión;
de ansia de goces mi alma está llena.
¿A mí me buscas? -No es a ti, no.
-Mi frente es pálida, mis trenzas de oro,
puedo brindarte dichas sin fin;
yo de ternura guardo un tesoro.
¿A mí me llamas? -No, no es a ti.
-Yo soy un sueño, un imposible,
vano fantasma de niebla y luz;
soy incorpórea, soy intangible,
no puedo amarte. -¡Oh, ven; ven tú!
José de Espronceda
-"El amor y occidente", Dennis de Rougemont (1978). Editorial Kairós, Colección Ensayo, 1997.

4 comentarios:

Boehmiano dijo...

¡El mito del amor! Como cantaba Franco Battiato... Desde luego que se trata de un libro clásico y muy sugerente. Yo tengo que volver a releerlo, pero desde Platón al Romanticismo, pasando por los trovadores, se ha idealizado mucho el amor. Suzanne Lilard, escritora y dramaturga belga, en un célebre libro "sobre la pareja" (se titulaba así) diferenciaba muy bien el amor-pasión del amor razonable, bien nacido del interés, bien de la amistad y el compañerismo. El primero es el que nos seduce; el segundo puede ser más estable, más duradero.
En estos tiempos, en que los amores no suelen durar, tendríamos que preguntarnos, con Jung, ¿qué le pasa a nuestra alma?
Stendhal no esperaba mucho de la idealización del amor. Yo, en cambio, soy de temperamento romántico. Amistad, erotismo y espiritualidad -quiero decir: voluntad, voluntad de querer, y no de poder-(aunque no sea fácil) pienso que pueden integrarse en un normal amor de pareja... Pero hace falta que la persona esté integrada o en vías de integración. Si vive y goza del presente, el tiempo ahora amado acaso se convierta en "sempiternidad", como decía Pánikkar. Y el amor sea posible y raro: haga posible lo imposible.
Hasta pronto.
B

hiniare dijo...

Hola Boehmiano, gracias por pasarte por mi blog una vez más. Me considero un caso típico de amante de los imposibles, por eso leer este libro me tocó la moral, ¡se me vió el truco! También me considero racional y estas dos naturalezas no paran de luchar en mi; como dices, hay que encontrar un término medio y supongo que consiste en darse cuenta de que lo cotidiano también es apasionante. Por ahora estoy en ello. Hasta otra,
h.

Filô dijo...

Hiniare! Otra de las facetas de Eros es la de ser un asalariado de la cultura occidental. Este travieso daimon, con tal de causar estragos, trabaja para cualquiera, y de cualquier forma que se nos pueda imaginar ;-)
Un abrazo,
F.

hiniare dijo...

¡Hola, Filô! Es cierto que el amor (en versión telenovela) sigue siendo muy productivo para la economía. A mí este libro me rebajó los humos románticos. ¡Nada de deseos imposibles, Filô, son malos para la salud y encima son mentira!
Con mis mejores deseos,
h.