miércoles, 19 de septiembre de 2012

El momento



Lo que ocurrió anoche merece la pena ser recordado, porque viví unos momentos incomparables. Anoche, poco antes de las doce, me senté en el balcón. Soplaba una brisa muy fresca, muy suave, de aire puro. Las calles estaban silenciosas. Desde el seto, bajo el balcón, la fragancia de la dama de noche llegaba hasta mí con mucha intensidad, de manera que no respiraba más que aquel perfume, infinitamente dulce y delicioso. Mientras me sentía habitando en aquel mundo intermedio del entrechocar de las tiernas hojas de los árboles y la exuberancia de las flores sobre la tierra, levanté la vista hacia el cielo atravesado por el viento fresco y allí estaban, las estrellas. Allí me encontré, llamando a las estrellas por su nombre, mirándolas arrobada una por una, las siete de la Osa Mayor (excepto Megrez, demasiado débil, invisible), como queriendo llamar su atención para recordarles cuánto las quería. Y un poco más allá de Dubhe entreví la chispa luminosa de una estrella fugaz. ¡Es bien curioso! Es tan poca cosa de ver que casi ni te das cuenta, pero es al comprender lo que has visto que te llena la emoción, porque es tan excepcional y tan raro… Mirando las estrellas, sentía las flores; oliendo las flores, veía las estrellas. ¡Qué extraño que dos cosas tan distintas me parecieran en ese momento tan iguales! Cuando me fui a dormir, llené mi habitación de jazmines. Tendida sobre la cama, podía percibir la tersura de los blancos pétalos que me envolvían de dulzura. La brisa corría sobre mí como el agua fresca. En mis ojos cerrados podía ver brillar las estrellas. No pensaba en nada, nada podía preocuparme porque en ese momento me sentía tan feliz como un bebé mecido en su cunita. Caí dormida en un mundo en el que sólo había flores y estrellas.

Jueves, 8 de julio de 1993

4 comentarios:

Alyebard dijo...

:) són aquells moments màgics que ens acompanyen sempre. Indescriptibles, fugissers, nostres.

hiniare dijo...

Y si no fuera por la escritura, otro momento que se hubiera perdido en el tiempo como lágrimas en la lluvia...ay!

Anónimo dijo...

Quizás si todos viésemos con tu sensibilidad el mundo se transformaría.

Tula de Fractales

hiniare dijo...

Hola Tula: la gris vida cotidiana, tan alejados como estamos de lo natural, no lo pone fácil para ejercitar la sensibilidad. Creo que con sólo un poco más de cielo, flores, mar y luz del sol, todos tendríamos más posibilidades de abrirnos a experiencias “místicas”.
h.