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De caballeros andantes y doncellas guerreras

Me doy cuenta de que he leído tantos libros y novelas de caballerías, sagas medievales y romances artúricos, que es sorprendente que no se me haya secado el cerebro y no me haya lanzado por el mundo a desfacer entuertos con mi rocín flaco y mi galgo corredor... Mi cabeza es un barullo de hazañas y aventuras que remiten unas a otras en un juego de referencias sin fin, como le pasaba don Quijote, por ejemplo, en el divertido momento en que decide que, por despecho hacia su amada Dulcinea, se irá al bosque a hacerse el loco, como ya hizo su admirado Amadís de Gaula: “ una de las cosas en que más este caballero mostró su prudencia, valor, valentía, sufrimiento, firmeza y amor, fue cuando se retiró, desdeñado de la señora Oriana, a hacer penitencia en la Peña Pobre, mudado su nombre en el de Beltenebros” Así como el italiano Orlando (de ahí lo de Furioso ): “ por imitar juntamente al valiente don Roldán, cuando halló en una fuente las señales de que Angélica la Bella había cometido...

Hechizada estoy con las Hijas de Felipe

Somos testigos

¿Por qué brujas?