domingo, 27 de febrero de 2011

Azucena

Me hubiera gustado que de niña me hubieran regalado cuentos con ilustraciones como las de Arthur Rackham, pero libros así los conseguí mucho después. Ahora que lo pienso creo que no guardo ni uno de los cuentos o tebeos que tenía. Pero los cuentos que yo más recuerdo haber leído y que sigo guardando ya tenían veinte años cuando llegaron a mis manos por herencia. Quizá lectoras de una generación anterior a la mía los conozcan: son los de la colección Azucena. Reconozco que eran cuentos tontos y no demasiado buenos de princesas y hadas y damas y príncipes, no sé si estaban fuera de época cuando los leí, pero en todo caso a mí no me afectó demasiado. Los coloreaba, los dibujaba, imaginaba mis propias historias, y sospecho que me acabaron llevando a la idea de que leer es divertido y de ahí al Mago de Oz, Alicia, Ivanhoe, Julio Verne, Stevenson… y toda una biografía lectora. No sé si ahora serían considerados material de coleccionista; están bastante machacados después de pasar por varias manos infantiles y el tiempo se los come poco a poco. Pero, si hasta ahora no se han perdido, creo que se quedarán conmigo bastante tiempo.

viernes, 18 de febrero de 2011

Arthur Rackham

Aún antes de saber quién era, había visto muchas de sus ilustraciones en cuentos de hadas. Después he encontrado a muchos imitadores suyos, porque desde que él los dibujó, los duendes, las hadas, los príncipes, las princesas, los monstruos y ogros ya no han podido ser de otra manera. Sus bosques encantados son los más inquietantes, oscuros y misteriosos, con los árboles más retorcidos y hechizados; sus lagos son los que esconden los monstruos más aterradores o las ondinas más bellas. Quizá no lo bastante valorado por dedicarse a ilustrar cuentos, su técnica era prodigiosa y sus obras están a la altura de los mejores creadores simbolistas. Marcó una época con sus Cenicienta, Caperucita, su Alicia, pero también ilustró obras clásicas: El sueño de una noche de verano de Shakespeare, Canción de Navidad de Dickens… la lista es muy larga. Sus ilustraciones para El anillo de los Nibelungos son espectaculares.
Gracias a él, no voy a dejar nunca de leer cuentos.