lunes, 28 de diciembre de 2009

El trabajo de Phil Borges







Aunque el año pasado ya le dediqué una entrada al estupendo fotógrafo Phil Borges, deslumbrada por sus espectaculares retratos, y recomendaba su página web, ahora he descubierto que este año ha comenzado un blog donde le añade nombre e historia a los personajes de sus fotografías, y le da voz a todo tipo de personas y organizaciones que conoce en sus viajes. Lo que más me ha gustado de sus reportajes, es que no retrata desgracias ni víctimas, sino supervivientes, soluciones y logros. Tampoco habla de grandes sucesos, sino de personas que hacen pequeños gestos, aquello que pueden, y el resultado es espectacular: salvar una vida ya es mucho; dar esperanza y sentido a una vida, lo es todo.
Recomiendo también ver todos sus reportajes en Vimeo, son testimonios impresionantes. Que no se preocupen los que no entiendan inglés, las imágenes y las caras hablan por sí solas. Aquí muestro una breve presentación de sus intereses:


Introduction from Phil Borges on Vimeo.

lunes, 9 de noviembre de 2009

La historia no me cuadra

Últimamente, estoy leyendo varios libros que me desmontan las ideas históricas que tenía hasta ahora. Sé que la historia no es una ciencia exacta, que no tiene por qué ser lógica ni seguir un recorrido ordenado, pero yo creía haber aprendido algo de los diferentes períodos históricos, y ahora veo que no me cuadran.

Veamos un resumen histórico que yo hubiera suscrito hace unos años:
Primero, la antigüedad greco-latina donde se creó nuestra cultura y apareció la idea de democracia e igualdad.
Segundo, la oscura Edad Media en que todo quedó interrumpido o retrocedió.
Tercero, el Renacimiento y después la Ilustración, que supusieron el triunfo de la razón sobre la superstición, y de la libertad sobre la opresión. La época actual es heredera de este movimiento y en él seguimos.
Hace poco he visto la película Ágora que insiste en esta idea. En ella se especula con que la científica Hipatia hubiera descubierto el heliocentrismo y las órbitas elípticas. Era heredera de un modo de pensar (analítico, experimental) que no hace imposible esa posibilidad. Pero Hipatia es destruida por el creciente poder del cristianismo, que supedita la realidad imparcial a sus propios dogmas. Harán falta más de mil años para que Johannes Kepler haga el mismo descubrimiento, en pleno Humanismo, época en que la humanidad empieza a sacudirse el yugo dogmático.

A mí, este limpio esquema se me empezó a deshacer cuando oí las primeras críticas a nuestro estupendo mundo moderno, en que la Ciencia es el nuevo Dios. Un mundo en que sólo valen los resultados científicamente probados, y la única realidad es la visible y física (analizable). Un mundo sin origen ni razón, un mecanismo que se analiza para conocer todos sus engranajes pero que da mucho miedo, angustia y vacío. Oí voces que reclamaban lo que se había perdido con el triunfo de la Razón. Pero, ¿lo que había antes no era oscurantismo y superstición?

A lo mejor resulta que la Edad Media no era esa época de atraso y barbarie. Es una época muy ambivalente y llena de sugerencias. El cristianismo expurga las filosofías clásicas, hereda y adapta mucho de ellas, pero es cierto que el enfoque ha cambiado. ¿Por qué investigaban los sabios antiguos el cielo y la tierra? Tenían una especie de amor imparcial por la verdad. Los cristianos no buscan leyes científicas imparciales; estudian el mundo para entender a Dios. Por eso intentan unas ciencias morales, y no les importa si la realidad no cuadra del todo con ellas. Los sabios antiguos no tenían la necesidad de hacer el bien. Se olvida a menudo que las relaciones humanas en la Antigüedad eran muy crueles, sobre todo para las mujeres y los niños. En el mundo cristiano, al menos en teoría, hay una constante llamada a la justicia en nombre de Dios.

La forma política de la Edad Media es el feudalismo. Es una relación de jerarquía, pero sobre todo de fidelidad. Está basado en la confianza. A pesar del rígido orden social, se insiste en que todos los hombres y mujeres por igual son obra de Dios. Es una época en que hay mujeres con poder y autoridad moral, porque nadie les puede negar su filiación divina. Esas eran las ideas en que estaba basada la sociedad, aunque luego fueran utilizadas en favor de los poderosos para someter al pueblo. Pero no es esa época de ignorancia y miedo que se suele vender. Hay un ejemplo muy claro, y es que la gente suele asociar la quema de brujas con la Edad Media, cuando es un fenómeno que se produce a partir del siglo XIV, y tuvo su época fuerte en los siglos XVI y XVII. Pero, ¿no era ésa la época de la libertad y la razón?

Analicemos la evolución política. Al feudalismo le sigue el absolutismo de reyes o emperadores. Amenazados por el poder de los nobles, los reyes favorecen las ciudades y su burguesía, lo que lleva al triunfo del capitalismo. Los burgueses, carentes de genealogías, ensalzan el individualismo del hombre hecho a sí mismo. Las correspondientes revoluciones quitarán el poder a los reyes y crearán estados modernos. Tanto el absolutismo como los estados ensalzan la unidad y persiguen la diferencia o la divergencia. La prosperidad ahora es técnica, y para el progreso de la ciencia es necesaria la libertad, sobre todo de pensamiento. El hombre moderno no tiene que responder ante ningún dios, si acaso ante el Estado, aunque éste puede ser un estado totalitario y asesino como hemos visto en el siglo XX.

Lo curioso es que ya hemos dejado atrás la creencia en que la técnica salvaría al mundo y nos llevaría inevitablemente al bienestar y la felicidad. Esa creencia existía a principios del siglo XX y quedó enterrada bajo las cenizas de dos guerras mundiales. Ahora la esperanza en la ciencia es mucho más pragmática y espera satisfacciones más inmediatas, aunque dentro de poco va a ser más bien un asidero al que agarrarse desesperadamente en la lucha por la supervivencia, después que el mismo progreso técnico esté destruyendo el equilibrio natural del planeta.

Lo cierto es que es imposible que la ciencia y su realidad analizable lleguen a ser suficientes para colmar las aspiraciones humanas. No somos robots o máquinas de carne, necesitamos un motivo para funcionar, y está en nuestra propia naturaleza la necesidad de una vida psicológica, espiritual, emocional o como quiera que se la defina. No hay una evolución que lleva desde la adoración del sol a los telescopios espaciales, son asuntos distintos, aunque algunos lo quieren ver así y de hecho he escuchado a científicos increíblemente integristas para ser herederos del triunfo de la razón. La cuestión es que la mayoría del mundo occidental vive en una sociedad consumista, manipulada y totalmente vacía de sentido.
Los antiguos hablaban de Sabiduría. No se trataba sólo de conocer cosas, sino de que ese conocimiento nos hiciera mejores. Según la tradición de enseñanza en la antigua India, no existe un saber independiente, que es aprendido por el discípulo. No, el Saber es el proceso de aprender, existe sólo cuando toma cuerpo en el que lo aprende y asimila, el Saber se crea al vivirlo. A mí me parece una lección muy valiosa para cualquier época. Intransigencia, oscurantismo e integrismo los ha habido en todas las épocas. También ha habido ideas valiosas que no hay que desechar. Puede que las bibliotecas ardieran, pero el verdadero conocimiento estaba en los corazones de los hombres que no dejaban de absorberlo en todo lo que les rodeaba. Saber que los planetas giran alrededor del sol en órbitas elípticas a ti y a mí no nos sirve de nada en sí mismo, si no nos enseña: humildad (vivimos en un rincón del universo); armonía (todo tiene su orden); libertad (los astros no dependen de nosotros, ni nosotros de ellos) y amor: en este universo armónico y libre, somos una pieza que se funde con el todo, y la belleza de todo esto nos conmueve.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La belleza de las miradas afganas

Se llama Zabi y tiene 24 años. Se viste y baila como una mujer bellísima aunque la sociedad no lo reconozca. Seguramente le matarán por eso. ¿Por qué un país como Afganistán es capaz de crear tanta belleza y tan incapaz de reconocerla?
Lo contaba Plàcid Garcia-Planas en La Vanguardia del 1/11/09


Ver también: La mirada asesinada

lunes, 19 de octubre de 2009

Raku

La ceremonia del té es una de las más brillantes creaciones de la cultura japonesa, que sigue su tradición de hacer de lo más simple un arte. Estar sentado largo tiempo en una diminuta casa de papel, mientras alguien prepara una taza de té y te la sirve, no parece la mejor forma de crear arte. Y sin embargo, cada átomo que envuelve ese suceso es pura belleza.

Todo este arte está basado en los conceptos «paz, respeto, pureza y soledad»: Wa-Kei-Sei-Jaku. «El tcha-no-yu crea armonía solicitando los cinco sentidos —escribe Paul Arnold-: armonía del tacto (la taza), armonía del perfume (el té), armonía de la luz (los shoji translúcidos), armonía del sonido (el agua que hierve en la marmita). Estas nuevas armonías, suscitadas deliberadamente al grado sutil de una sensibilidad despierta, invaden enteramente al ser y adormecen los choques, las luchas y las preocupaciones que se disputan, normalmente, en nuestro espíritu. De pronto volvemos a encontrar en la calma y el refinamiento, el perfecto acuerdo entre nuestros cinco sentidos y el mundo que nos rodea. Tal es el sentido de las palabras de Tekuan: La ceremonia del té es el sentimiento de armonía entre el cielo y la tierra, y es la norma del mundo "en paz".»


Aunque cada objeto está cuidadosamente elaborado, mi favorito son las tazas en que se sirve el té. Fueron introducidas en el siglo XVI por el gran creador de esta ceremonia, Sen no Rikyu, el cual las encargó al maestro Chojiro para sustituir las ostentosas porcelanas chinas que se usaban hasta entonces. Chojiro moldeó la arcilla con sus manos, sin usar el torno. Los tazones quedaron irregulares, imperfectos, y para cocerlos utilizó la técnica del raku, que al enfriar bruscamente las piezas provoca que se agrieten y a veces se rompan, además de darles maravillosas tonalidades lacadas. Esta es una muestra perfecta del espíritu japonés, del wabi. Las tazas parecen haber brotado de la naturaleza, un casual trozo de roca extraído directamente de la tierra, a pesar de ser la expresión del talento y la increíble destreza de sus creadores. Son rugosas y ásperas, casi salvajes, pero también remendadas, a punto de caerse en pedazos. Son un resultado único, fruto del azar, irrepetibles. Como el concepto de ichi-go ichi-e de la ceremonia del té: el precioso momento en que estamos reunidos, el momento que nunca podrá repetirse, porque es único y ahora mismo es nuestro, lo tenemos entre las manos.

Mi entrada copiada en otro blog: http://www.cambioplanetario.com/t8358-raku-ceremonia-del-te

sábado, 3 de octubre de 2009

¡Juguemos!


Eso que hoy llamamos descuidadamente “un juego de mesa” empezó siendo (como casi todo) una ceremonia sagrada. Sus elementos eran: un trazado que podía ser un camino mágico, o una red de movimientos como escenario de una batalla; y los elementos que se movían por él, que podían ser oficiantes o danzantes, y en tamaño reducido: piedras, semillas, frutos… Para que el juego sea perfecto, sólo hace falta incluir un elemento de azar; así, no sólo cuenta la destreza de los jugadores, sino que interviene un destino superior (los dioses, la suerte). Los dados se inventaron en época romana, antes fueron semillas de cauri, bastoncillos, huesos o simplemente monedas. Su relación con ceremonias de adivinación es evidente. Así que tenemos el camino, los caminantes y el azar… y el tiempo mágico en que todo se desarrolla.
Aunque los juegos son prehistóricos, fueron las primeras civilizaciones las que dejaron tableros realizados como obras de arte que era un lujo poseer (los pobres jugarían con semillas y tableros trazados en la arena). Uno de los juegos más antiguos conocidos es el egipcio senet. Se lo conoce tan bien porque se han encontrado muchos tableros en tumbas, incluidas representaciones de los difuntos jugando. Esto demuestra que para los egipcios aún era un ritual de cuyo resultado dependía que el alma pudiera alcanzar su meta de salvación.
No se han conservado sus reglas, pero se supone que era un juego de recorrido a lo largo de 30 casillas (en tres líneas de 10) que se seguían dibujando una Z. Algunos tableros encontrados están cubiertos de dibujos, pero parece que sólo la casilla 15 y las cinco últimas tenían algún valor. Es revelador que, en algunos tableros, la casilla 27 llevara dibujadas unas líneas que representan el agua: la ficha que caía en ella “moría”, y debía volver a la casilla 15, que llevaba dibujada una cruz Ankh; por lo tanto, la ficha “renacía”.
Había otros juegos populares en Egipto: el juego de la serpiente, con un tablero circular que claramente anticipa el juego de la oca; el juego de los perros y los chacales, el tau… y seguramente conocería juegos populares en todo el Mediterráneo similares a damas o tres en raya, antes de que llegase el mítico ajedrez… pero de esos otros hablaré en otra ocasión.
Para vivir la experiencia de jugar al senet, recomiendo dos sitios: el Cleveland Museum of Art tiene un gracioso juego automático. Para dos jugadores, es estupendo el juego del British Museum. Hay que tener en cuenta que cada uno utiliza reglas diferentes.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Otras tres páginas

Una página de Francisco de Quevedo
Amor constante más allá de la muerte
Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora, a su afán ansioso lisonjera;

Mas no de esotra parte en la ribera
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma, a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas, que humor a tanto fuego han dado,
Médulas, que han gloriosamente ardido.

Su cuerpo dejará, no su cuidado,
Serán cenizas, mas tendrá sentido,
Polvo serán, mas polvo enamorado.

Una página de Robert Louis Stevenson
Cielos brillantes e infinitos
se alzaron, y en la noche vi
incontables estrellas ángeles
derramando tristeza y luz.

Las vi lejanas como el cielo,
mudas y brillantes y muertas,
estrellas de la noche, ociosas,
más queridas que mi sustento.

Noche tras noche en mi tristeza
vi las estrellas sobre el mar,
hasta que miré en las tinieblas…
y una estrella bajó hasta mí.

Una página de San Juan de la Cruz
Noche oscura
En una noche oscura,
con ansias en amores inflamada,
¡oh dichosa ventura!,
salí sin ser notada,
estando ya mi casa sosegada.

A escuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
¡oh dichosa ventura!,
a escuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.

En la noche dichosa,
en secreto, que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz y guía
sino la que en el corazón ardía.

Aquesta me guiaba,
más cierto que la luz del mediodía,
a donde me esperaba
quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.

¡Oh noche que guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste
Amado con amada,
amada en el Amado transformada!

En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,
y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.

El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serena
en mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.

Quedeme y olvideme,
el rostro recliné sobre el Amado;
cesó todo, y dejeme,
dejando mi cuidado
entre las azucenas olvidado.

sábado, 12 de septiembre de 2009

La mujer del cuadro

Hay pintores cuyos cuadros son fáciles de reconocer al primer vistazo, porque tienen un estilo único, por sus colores, sus temas. Sin embargo, algunos pueden ser reconocidos porque en sus cuadros siempre aparece Ella. En el caso del renacentista del siglo XV Botticelli, Ella es Simonetta Vespucci. Era una dama noble, cuya belleza cantaron todos los poetas. Todos los cortesanos se enamoraron (neoplatónicamente) de ella, pero él era un humilde pintor, muy lejos de poder aspirar a nada más que a trazar sus rasgos Ella murió poco después, pero en la pintura de Botticelli se había marcado una frontera visible: sus anteriores vírgenes y santas eran convencionales, sin rasgos destacables; a partir de entonces, todas sus vírgenes, santas, princesas o diosas serían Ella: la misma inconfundible y trenzada cabellera dorada, el rostro alargado, su dulce sonrisa. Incluso esa gloriosa Venus es etérea y grácil, una casta diosa del amor.

El otro pintor reconocible por la misma causa es el prerrafaelita del siglo XIX Rossetti. En su caso, Ella fue varias modelos: Elizabeth Siddal, con la que se casó y que acabó suicidándose, o Fanny Cornforth, o Jane Burden, esposa de William Morris. Pero en sus cuadros Ella es siempre la misma mujer pelirroja, de labios carnosos y mirada turbia; su Venus aparece en un jardín exuberante (las mariposas se posan sobre su aureola). En su cuadro “El sueño de Dante (la muerte de Beatriz)”, tanto Beatriz como las dos damas que sujetan su dosel son Ella. ¿Todas esas mujeres se parecían, o es que él pintaba un rostro ideal, el único que veía?


Hablar de Dante Gabriel Rossetti y del florentino Botticelli, me lleva a hablar del genuino Dante. Para Dante, Ella era Beatriz Portinari, que nunca le correspondió y que también murió joven y bella. Él no era pintor, pero encontró la forma de inmortalizarla. Borges comenta una opinión que él mismo comparte, que Dante escribió su Divina Comedia, y se hizo su protagonista, sólo para escribir que Beatriz lo cogió de mano y lo llevó al Paraíso. Los lectores se han conmovido por esa escena durante ocho siglos, pero sólo Dante fue consciente de que nunca ocurrió, de que la escribió en la soledad de su escritorio sin que ningún cielo resplandeciera sobre él. Pero la hizo tan resplandeciente que Ella permanece para siempre.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Bunraku

El Bunraku, el teatro de marionetas japonés, alcanzó su máxima popularidad en el siglo XVII, sobre todo gracias a la obra del gran maestro Chikamatsu Monzaemon. Hasta entonces, las obras de títeres eran sobre todo históricas, legendarias o heroicas. Estas obras eran conocidas como “jidai-mono”. Chikamatsu inventó un género completamente nuevo llamado “sewa-mono”, u obras de la gente de a pie, que retrataban vívidamente sucesos contemporáneos, hechos reales, o la vida de la gente normal de la época.
Una de sus más famosas obras sewa-mono fue Sonezaki Shinju (Suicidio de amor en Sonezaki), escrita en 1703, que fascinó al público de su época y se convirtió en un gran éxito. Narra la trágica historia de amor del ayudante de tendero Tokubei y la prostituta Ohatsu, en la que el deber social (giri) se enfrenta a los sentimientos íntimos (ninjo), llevando a los amantes a la muerte. El Bunraku llegó a ser más famoso que el Kabuki. Más adelante cayó en desuso, pero fue recuperado a principios del siglo XIX y su popularidad se ha mantenido hasta ahora.
Las grandes marionetas (ningyo) de casi un metro pueden llegar a pesar hasta 15 kilos y necesitan tres personas para ser manipuladas. El maestro principal (omo-zukai) controla la cabeza con la mano izquierda, que incluye el cuello, los párpados, la boca y las cejas, mientras con la mano derecha mueve el brazo derecho de la marioneta. Es el que dirige el movimiento y el único que a veces lleva la cara descubierta. Sus dos ayudantes se cubren con capuchas negras, el uno controla el brazo izquierdo del muñeco (hidari-zukai) y el otro las piernas y los vestidos (ashi-zukai). Todos deben acompasarse con el narrador, que recita o canta el texto y hace todas las voces, acompañado por la música del shamisen.
Este documental en castellano es algo anticuado pero explica bastante bien el funcionamiento y la fuerza expresiva de las marionetas.


Si algo creado por el ser humano pudo parecerse a la vida, son estas marionetas-actores. Sin duda su manipulador siente que son ellos los que le arrastran. Cuando se les mira, quietos, deben parecer a punto de decir algo. En escena se los ha visto llorar, gritar, respirar. Algo de conciencia debe haber quedado en ellos.

viernes, 28 de agosto de 2009

Nunca volveré a mirarte a los ojos

This is the end
Beautiful friend
This is the end
My only friend, the end
Of our elaborate plans, the end
Of everything that stands, the end
No safety or surprise, the end
I'll never look into your eyes...again

Can you picture what will be
So limitless and free
Desperately in need...of some...
stranger's hand
In a...desperate land

Es el fin,
Hermoso amigo
Es el fin,
Mi único amigo. El fin.
De nuestros elaborados planes. El fin
De todo en lo que permanece, el fin.
Ninguna seguridad ni sorpresa, el fin.
Nunca volveré a mirarte a los ojos.
Puedes imaginarte lo que será,
Tan ilimitado y libre,
Necesitando desesperadamente
de alguna mano desconocida
En un país desesperado.

domingo, 23 de agosto de 2009

Las letras mágicas

Desde el principio de los tiempos, los sistemas de escritura utilizados por diferentes culturas se han considerado una revelación de los dioses, y por lo tanto, llenos de magia y poder. Estos son algunos ejemplos de pueblos que han utilizado sus letras sagradas como medio de adivinación o invocación.

Los mandeos y el alfabeto abaga.
Los mandeos son un pueblo que ha habitado en Irak hasta fechas recientes, aunque su origen debe ser Palestina, ya que su idioma tradicional es el arameo oriental. Su religión es de raíz irania, dualista, y toma algunos elementos del judaísmo y el cristianismo primitivo. Uno de sus profetas es Yohanan, San Juan Bautista, aunque consideran a Jesús un farsante. Yohanan bautiza a su gran profeta Manda d’Haiyé, del que toman el nombre, que significa Gnosis de la Vida, rebelando también influencias gnósticas en esta religión. Su libro sagrado es el Ginza, el tesoro.

El alfabeto mandeo desciende del arameo, aunque la mayor parte de los textos conocidos son manuscritos de la Edad Media y del período moderno. Hay también textos de encantamiento escritos en cuencos que datan del siglo VI d. C. y rollos del 400 d. C.


Los mandeos llaman a su alfabeto abaga, de las tres primeras letras que lo conforman. Según ellos, cada letra representa un poder de vida y luz y la primera y la última letra, en la forma de un pequeño círculo, representan la perfección de la luz y la vida. Las letras del alfabeto, escritas sobre 24 fragmentos de oro o plata se ponen debajo de la almohada de la persona que desea guía en algún asunto o dificultad.
La imagen muestra un texto mandeo y su traducción. En este texto podemos ver algo de la filosofía dualista que anima esta creencia.

"¡Salve, salve, oh alma que has partido de este mundo! Has dejado la corrupción y el cuerpo apestoso en el que habitaste, la morada de los males, el lugar de todos los pecados del mundo, de las tinieblas, del odio, la envidia y la disensión."

Los pueblos germánicos y el alfabeto rúnico.
Los caracteres rúnicos han estado asociados siempre a cuestiones mágicas y místicas. La palabra runa ha generado mucha especulación; el vocablo gótico runa puede traducir el latino misterium "misterio, secreto". La antigua palabra inglesa rún significa "misterio; consejo; palabra". Probablemente la palabra runa tenga la misma etimología que la palabra alemana raunen, que quiere decir "adivinar". Las runas trasmitían, por consiguiente, un mensaje secreto. Cada signo rúnico tendría su propia cualidad y un valor numérico con el que se podían crear combinaciones que aumentaban el mensaje cifrado. Aquellos que sabían grabar las runas gozaban de un prestigio muy especial: eran los sabios y temibles "maestros de las runas". La razón por la que las runas han estado asociadas siempre a los secretos y misterios es un misterio en sí mismo.

Hay que distinguir varios alfabetos rúnicos distintos: el antiguo futhark (por las seis primeras letras: f, u, th, a, r, k) pangermánico, que consta de 24 signos y estuvo en uso entre los siglos I y VIII, y el nórdico, más reciente, que consta de sólo 16 signos y se utilizó entre los siglos IX y XII. El más complejo de todos los alfabetos rúnicos fue el anglosajón, que comprendía al principio 28 signos y más tarde se amplió a 33. Esta modalidad gráfica estuvo en uso hasta comienzos del siglo VIII.

Las runas eran un medio esotérico de comunicación mística; la idea de escribir en modo alguno se entendía como transmisión de información profana. El sentido de muchas inscripciones rúnicas sigue siendo oscuro, incluso en el caso de que se puedan traducir palabra por palabra. La lectura de runas no se debía entender en el sentido moderno de leer, sino que se trataba de un auténtico descifrar, de una elucidación e interpretación de textos a varios niveles. Como en la inscripción de una fíbula de plata que exhorta al lector: “Interpreta [adivina] las runas, que proceden de potencias divinas”.

-De "Historia universal de la escritura" de Harald Haarman, y la asociación PROEL.

sábado, 1 de agosto de 2009

Sumi-e


Sumi (tinta); e (pintura). El arte de la pintura a tinta es uno de los caminos del zen japonés, como lo son la ceremonia del té, la lucha de espadas, el tiro con arco o la caligrafía, de la que el sumi-e es una variación. Estas disciplinas en apariencia tan diferentes, siguen el mismo método para conseguir el mismo propósito: el control de las molestas distracciones, el dominio de sí mismo y finalmente la liberación del talento interior, más auténtico, más perfecto y más feliz que cualquier cosa que se pueda conseguir con el intelecto.

Cualquiera de estos caminos exige una dedicación de años y una entrega total. Por supuesto, no se trata de llegar a ningún fin, porque el anhelo de un fin ya es un impedimento; lo importante es el camino. Se han de manejar los materiales, se han de ensayar las posturas. Repetir, repetir y repetir los ejercicios hasta que las extremidades pierdan su torpeza y se liberen de sus limitaciones. Cometer errores una y otra vez, y aprender a soportarlos. Así, con el tiempo, la mente se libera del deseo de éxito, la mano se convierte en un transmisor instantáneo de las emociones, y se olvidan todas las lecciones, técnicas y trucos. Entonces se alcanza la maestría.

La estética zen se basa en unos principios fijados durante siglos, pero que pueden resultar extraños a ojos occidentales:


-Fukinsei, asimetría. La perfección es presuntuosa y rígida, la asimetría es libre y respira.

-Kanso, austeridad. Es mucho más difícil trabajar con pocos elementos, pero el resultado es superior.

-Koko, la pátina. Las cosas viejas, maltratadas por el tiempo, son mucho más interesantes que las acabadas de hacer. Las cicatrices y huellas, las superficies gastadas, dicen mucho más y son más hermosas.

-Shizen, naturalidad. No hay mejor maestra que la naturaleza. En ella las cosas surgen espontáneamente y por eso son auténticas.

-Yuugen, profundidad. El arte no trata de apariencias. Si las formas no reflejan lo que llevan en el fondo, no transmiten nada. Hay una totalidad más allá de los detalles.

-Datsozoku, desapego. Las emociones inmediatas distorsionan el arte. Si se practica libremente prescindiendo del resultado, se abre el canal para que el talento auténtico pueda expresarse.
-Seiyaku, serenidad. Es el resultado de lo anterior. Con la mente como un estanque quieto, la piedra lanzada producirá ondas perfectas.

Por último, hay un elemento esencial en el arte zen: el vacío (ku). No sólo constituye la capacidad creativa de la mente, sino que es el protagonista de la pintura. El vacío (yohaku) es el papel en blanco, en el que los trazos negros muestran lo visible, abarcando el aire y el espacio sin el cual no podrían manifestarse.

Los materiales reciben el nombre de Los Cuatro Tesoros del Erudito (Bunbou Shishou), y son:

Sumi-la tinta: en forma de barra, la tinta negra se deshace en agua para formar una gama infinita de grises, que sustituyen los colores. La tinta tiene una cualidad acuática, fluye por el papel y deja un rastro como una corriente.
Suzuri-el tintero: tiene una parte elevada, oka (colina), donde se frota la barra de tinta, y otra profunda, umi (océano), donde se recoge. Los mejores son de piedra y su superficie es ligeramente rugosa para moler las partículas de tinta de forma adecuada. Su tacto y el sonido que produce son sus mejores cualidades. Como el lecho del río, tiene la cualidad de la piedra.

Fude-el pincel: hay diferentes modelos, pero con uno basta, tanto para las líneas gruesas como para las finas, si se sabe manejar la presión, la velocidad y el grado de humedad. Sujetándolo verticalmente al papel o con una inclinación de 45º, no se han de mover los dedos ni la muñeca: todo el movimiento debe venir del hombro y del codo. Suele ser grande y estar hecho con pelos de animales. La suavidad con la que acaricia el papel le hace parecer un ser vivo. Los antiguos maestros hacían un funeral para sus pinceles viejos y los incineraban en los templos.

Kami-el papel: suele ser el famoso papel artesanal japonés, el washi. Son esenciales su absorbencia, su textura, la forma en que reacciona al recibir la tinta. Las fibras del arroz o de las plantas que se dejan entrever en él recuerdan su origen vegetal.

En el manual de pintura chino “El jardín de la semilla de mostaza”, que llegó a Japón en el siglo XVII, se establecían cuatro elementos naturales para seguir un aprendizaje completo del sumi-e. Se les llamó Los Cuatro Honorables Caballeros (Shikunshi) y se debían aprender por este orden:
-Ran, la orquídea silvestre. Está compuesta de trazos espontáneos y sueltos. Hojas delgadas y flores de diminutos pétalos.

-Také, el bambú. Para dibujarlo son necesarios movimientos enérgicos. Cañas gruesas con secciones muy marcadas, hojas que se abren como abanicos.

-Ume, el ciruelo florido. Es un tronco nudoso en que se utilizan técnicas de aguada para darle textura. De él brotan flores delicadas hechas con pinceladas muy suaves.

-Kiku, el crisantemo. Es la flor japonesa por excelencia y para pintarla se requiere conocer todas las técnicas anteriores.
La naturaleza ha sido siempre un elemento muy importante de la cultura japonesa. Aún hoy en día, hay parques enormes en las grandes ciudades, y allí donde se acaban los edificios, empiezan los bosques. En el sumi-e no se trata de ir a copiar los paisajes o las plantas. Se ha de interiorizar el espíritu de aquello que se pinta, para que salga por sí mismo en el momento de coger el pincel. De todas formas, no es necesario tener un modelo real. Nada hay más cercano al arte abstracto que estos trazos negros sobre un papel. Tengo una edición del Tao Te King en que cada verso está caligrafiado y acompañado de una ilustración en tinta: manchas, brochazos, gotas que se escurren del papel. Algunas me han hecho llorar, aún más que las palabras. Quien las trazó, en un estado de quietud y concentración, suavemente dejó escapar sus emociones, y gracias a ello han llegado hasta mí. La pintura está llena de vida.
-Información extraída y libremente interpretada de: "Pintura zen, método y arte del Sumi-e"-Mª Eugenia Manrique. Kairós, 2006.

domingo, 19 de julio de 2009

Alphonse Mucha

Alphonse Mucha (1860 - 1939) fue un pintor y artista decorativo checo, ampliamente reconocido por ser uno de los máximos exponentes del Art Nouveau. Mucha produjo una gran cantidad de pinturas, pósteres, anuncios e ilustraciones así como diseños para joyería, alfombras y decorados teatrales. Su salto a la fama lo logró con su primer cartel litográfico para la actriz Sarah Bernhardt. Los carteles realizados para ella contribuyeron a difundir la fama de la actriz más allá de las fronteras de Francia. Hasta 1901, Mucha no solo fue responsable de los carteles publicitarios, sino también de sus escenografías y vestuarios.
El suyo es un universo de mujeres etéreas con largas cabelleras que se ondulan entre flores y otros elementos vegetales, adornadas con joyas exóticas y recargadas. Hay una evocación de un pasado medieval idealizado, como una versión pagana y sensual del arte de las vidrieras góticas. Estuvo tan de moda y fue tan imitado, que con el paso del tiempo y la aparición de otros estilos, fue denostado como decorativo y superficial. Pero ahora se le identifica con toda una época, y se siguen recreando sus diseños para todo tipo de creaciones, desde mobiliario hasta tatuajes.











jueves, 25 de junio de 2009

Anna Boyé

"Estoy especializada en el reportaje social y de investigación, y la fotografía me ha ayudado a comprender el mundo en el que vivo. A través del reportaje conozco otras culturas, otras maneras de ver y sentir la vida, otros lenguajes. Me permite mirar en las personas y comprender la "diferencia", todo aquello lejano a mi. Por eso me fascina". Así es como se define la excelente fotógrafa Anna Boyé. Seguro que habéis visto fotos suyas sin saberlo, porque ha recorrido todo el mundo y ha retratado toda clase de situaciones, especialmente los rostros de gente que es única en su vida cotidiana. Sus últimos trabajos han sido: Un viaje a través del mundo de las religiones, del que muestro aquí algunas fotos, y Matriarcados, al cual pertenece el vídeo. Todos estos trabajos y muchos otros se pueden ver en su página web: www.annaboye.com

Felicia L Sol. Rabina. Congregación B'nai Jeshurun. Nueva York

La familia de Ruth. Sacerdotisa Anglicana.

María Teresa. Sant Benet de Montserrat, Barcelona

miércoles, 17 de junio de 2009

Cristianos nuevos

La limpieza étnica y religiosa ocurrida en España a partir de 1492 tuvo consecuencias trágicas durante siglos. Trajo la Inquisición, para perseguir a los judíos que supuestamente aún practicaban su religión, el acoso constante a sus descendientes, las sospechas de "impureza de sangre", la exigencia de linajes limpios, la discriminación de quienes no los tenían o no podían pagárselos...
Se ha hablado mucho en los últimos tiempos del trágico destino de los sefarditas que tuvieron que dejar su país, pero ¿y la tragedia de los que se quedaron? Ocultando su mancha, falsificando documentos, intentando comprar su honra a cualquier precio. Convertidos en apariencia o en verdad, poco importaba. Pero sus descendientes, aquellos que fueron bautizados al nacer, que no heredaron la religión sino que entraron de nuevas en ella... son los que empezaron a preguntarse qué significaba ser cristiano, y qué tenía que ver el cristianismo con las instituciones que lo representaban.
Teresa de Cepeda y Ahumada, que más tarde sería conocida como Teresa de Ávila o Santa Teresa de Jesús, también ocultaba esa "mancha", y su vocación era sincera. Pero, ¿de qué le servía entrar en un convento? Allí las monjas no sabían latín, porque nadie se lo había enseñado. ¡Recitaban sus oraciones sin entenderlas! La Iglesia prohibía traducir la Biblia, incluso escribir comentarios sobre ella. Lo único que tenían las monjas, y el resto de los cristianos iletrados, para acercarse a la Palabra de Dios, eran las homilías de la misa o los consejos del confesor. Las monjas ricas, que habían aportado una buena dote, tenía habitación propia, criadas, ¡esclavas!, y comían aparte. Las monjas pobres pasaban hambre. El convento era un aparcamiento de hijas no casaderas.
Pero algo se movía entre esos descendientes de conversos. Beatas, iluminados, frailes y monjas que buscaban una experiencia directa de Dios, que lo sentían en su interior, como la "voz" de Teresa. Sabían que en su origen los monasterios habían sido otra cosa, aquello que deseaban: silencio, pobreza, oración meditada. Por ello Teresa inició su reforma del Carmelo, y recorrió los caminos, solicitada desde todos los rincones, fundando nuevos conventos, también masculinos. En ellos no se pedía limpieza de sangre para entrar (¡a eso habíamos llegado!), ni dote, sino auténtica vocación. A veces agasajada por los poderosos, a veces perseguida y maltratada: porque defendía que la oración ritual no vale, sino la del corazón, porque era una mujer y se atrevió a decir que Dios le hablaba, y a escribirlo (aunque siempre con el permiso de los confesores, lo contrario habría sido suicida). Fue perseguida por el Santo Oficio, y debió faltar poco para que la quemaran por hereje. Pero la hicieron santa. Quizá porque nadie podía negar la inspiración de sus escritos, aquellos que a punto estuvieron de ser destruidos. Debieron pensar, y alguien lo dijo, que tales palabras debían por fuerza proceder de Dios, porque era evidente que una mujer por sí sola no pudo idearlas. Pero tras su muerte fueron destruyendo lo que había creado, la libertad y la independencia de sus monjas.
Qué patético escenario, el de las órdenes religiosas conspirando unas contra otras. Qué irónico que en ese país supuestamente católico, los únicos cristianos verdaderos fueran los "nuevos", y tuvieran que emprender una lucha titánica para poder realizar su amor a Dios.
-Teresa de Ávila, biografía de una escritora, de Rosa Rossi. Icaria. Totum Revolutum, nº 23, 1984.