sábado, 5 de marzo de 2016

El misterio del tres



Tres cuadrados concéntricos unidos por líneas que cruzan cada lado: este diseño básico es un tablero de juego pero también es mucho más. Aparece grabado sobre losas perdidas entre las ruinas, y también en lápidas, así como en muros de iglesias, a lo largo de todo el Mediterráneo, pero también por toda Europa y hasta oriente. Entra en la historia hacia la época en que se extendía el Imperio Romano, y parece que alcanzó toda su zona de influencia, por los territorios a los que alcanzaba su comercio. Los tableros grabados en piedra son difíciles de datar, porque es posible que no sean de la misma época en que se levantaron los edificios en los que aparecen, lo que ha llevado a muchas especulaciones sobre su antigüedad. Tampoco se puede saber en qué dirección viajaban los juegos, si de occidente a oriente o viceversa, pero no se debe menospreciar la velocidad con la que se contagian estas invenciones: mientras los naipes o el ajedrez llegaban de oriente, quizá este juego se cruzaba en su camino hacia allá...

Los tableros no siempre siguen exactamente este diseño; varía el número de cuadrados y la cantidad de intersecciones que los cruzan. Puede decirse que el diseño pertenece a una amplia familia de trazados cuadrangulares, pero su estructura básica permanece reconocible.

Los romanos llamaron a los juegos que se practicaban sobre tableros cuadriculados merellus, que es una simple referencia a un “juego con fichas”. De ese nombre parecen proceder los que se utilizan en las diversas lenguas: en inglés es nine men's morris, y se discute si ese morris hace referencia a la danza popular inglesa o al nombre latino; también se le llama Mill, es decir, “molino”, nombre que recibe en castellano. A veces también se le llama alquerque de nueve, aunque el alquerque realmente es el juego de damas; antes de que se practicaran sobre el tablero de ajedrez, las damas se jugaban sobre una parrilla en que las fichas se colocaban en las intersecciones y se movían por las líneas (por cierto, el nombre alquerque proviene de la versión árabe del juego, al qirq). En otros idiomas se usan variantes de mills, merells, marro de nou en catalán, jeu du moulin en francés...

 En el Libro del axedrez, dados e tablas de Alfonso X el Sabio

En esta imagen como en la que abre el texto, los marginalia del manuscrito del Romance de Alexandre que se encuentra en la Bodleian Library están llenos de personajes entregados a toda clase de juegos. No podía faltar el Mill.
Lo que es seguro es que su significado religioso, fuera el que fuera, se adaptó a las diferentes culturas y se hizo un hueco en la Europa cristiana. El cuadrado simbólicamente representa la tierra, y por extensión el mundo: las cuatro direcciones, las cuatro estaciones, los cuatro vientos, etc. Es la misma idea representada en los mandalas, en que el cuadrado se combina con el círculo, que simboliza el cielo. El cuadrado también es un recinto, la forma ideal de la ciudad o de la casa, desde el pomerium romano a la Jerusalén celeste, con sus tres puertas en cada lado que suman un total de doce. En versión tridimensional puede ser un zigurat, en que los tres niveles se superponen y el centro es al mismo tiempo la cúspide. Este diseño puede verse como un laberinto cuadrangular, en el que un camino hacia el centro pasa por diferentes encrucijadas (que son también cruces). Muchos diseños incluyen un punto grabado en el centro, lo que parece resaltar su importancia. René Guenon también comentó este diseño, al que llamó triple recinto, viéndolo como la representación de un templo o lugar sagrado, aunque a mí sus teorías me parecen algo superficiales. La cuestión es que los tableros grabados en paredes no son evidentemente para jugar. Tienen una utilidad simbólica cuyo valor sólo conocían aquellos que los colocaron allí.

Diseño situado en un muro de la iglesia románica de San Pedro de Tejada, Burgos.

 Esta imagen y la anterior proceden de los blogs Juegos de tableros romanos y medievales y Laberinto Románico

Esta losa se halló en el Nevern Castle de Gales.



Precioso tablero plegable del siglo XVI que, aparte del molino, incluye un tablero de ajedrez y uno de backgammon detrás. Procede de Alemania y ahora se encuentra en el Victoria and Albert Museum.

No he dicho gran cosa sobre el juego, que es una variante extendida del tres en raya, en que dos jugadores emplean nueve fichas cada uno (la cantidad puede variar según el trazado del tablero). Las reglas del juego se pueden encontrar en internet para quien esté interesado, pero en mi caso debo decir que, a diferencia de otros juegos que he tratado anteriormente en esta serie y que nunca me canso de jugar, como el parchís y la oca, el molino me deja indiferente, y me interesa mucho más el diseño que el juego. Es que tengo la sensación de que, después de todo lo dicho, y a pesar de toda la magia del tres, ir alineando fichas por el tablero me parece que desaprovecha totalmente las sugerencias espaciales de este triple recinto. Por eso ideé un juego propio para este tablero, sin duda muy soso desde el punto de vista lúdico, pero que incluye los ingredientes que más me interesan: los dados y el recorrido. Juego con cuatro fichas, las hago entrar a cada una por una “puerta” y las hago circunvalar cada recinto y avanzar por los “pasillos” hasta llegar al centro. Le llevo la contraria a dos mil y pico años de historia, pero así tengo la sensación de que estoy más cerca de descubrir el misterio.