domingo, 19 de diciembre de 2010

Existe

El amor se compromete y trabaja duro. El amor resiste lleno de paciencia. El amor no tiene envidia porque ya se cree rico. Aún así el amor se toma a sí mismo por nada, para poder serlo todo. El amor no se enorgullece. El amor tiene una consideración exquisita. El amor no busca su propio interés. El amor no conoce la ira. El amor no guarda recuerdo del mal que le han hecho. El amor combate la injusticia. El amor ama la sinceridad. El amor siempre da una nueva oportunidad. El amor es infantilmente crédulo. El amor cree firmemente en la esperanza. El amor es blando y manso, y aún así tiene la fuerza de una roca. El amor verdadero es para siempre.

El amor no es una película de Hollywood. El amor no es un producto embotellado. El amor no es una consolación, una huída. El amor no es fácil, no es simple. El amor no es una invención ni una fantasía. El amor existe.

Porque cada día alguien: Ama a su hijo. Ama a su madre. Ama a su enamorado o enamorada. Ama a los que no son su madre ni su padre. Ama a los que no son sus hijos. Ama a los que no le aman. No odia a los que le odian.

Para comprender mejor lo escrito:
1º-Sustituir la palabra Amor por Poesía.
2º-Sustituir la palabra Amor por Belleza.
3º-Sustituir la palabra Amor por Dios.
4º-Eliminar todas las palabras y quedarse con el silencio.
5º-Amar.



domingo, 28 de noviembre de 2010

Vamos a contar un cuento: el rey Herla

Un día, Herla, el rey de los bretones, mientras cazaba en un antiguo bosque junto a sus hombres, se encontró con un enano que cabalgaba una gran cabra. “Soy rey de muchos reyes y jefes”, dijo el enano a Herla y a sus hombres. “Pero he oído hablar de tu fama y tus grandes hazañas, incluso en mi mundo. Eres digno de acudir a mi boda. Haremos un pacto: ahora mismo, los embajadores de Francia están llegando a tu palacio para concertar tu boda con su princesa. Asistiré a tu boda, y un año después de ese día, tú asistirás a la mía”.

Herla y sus hombres volvieron a su palacio y encontraron a los embajadores esperando. Se concertó la boda, y en medio de las celebraciones y los banquetes, llegó el rey de los enanos con su pueblo, trayendo comida y bebida en vasijas de oro y cristal en tal cantidad, que las provisiones del rey Herla se quedaron sin tocar. Al canto del gallo la mañana siguiente, él y su gente desparecieron de vuelta a su mundo.

Un año después de aquel día, el rey de los enanos reapareció para recordarle a Herla su pacto. El monarca y sus hombres cabalgaron hacia el antiguo bosque, donde una gran zanja se abrió ante ellos, adentrándose por un oscuro túnel hasta una gran caverna iluminada como por miles de lámparas. Herla y sus hombres estuvieron de fiesta durante tres días con el rey de los enanos y su pueblo.

Finalmente, cuando se prepararon para marchar, el enano les regaló caballos, perros y halcones. Especialmente, les hizo entrega de un pequeño lebrel para que Herla lo llevara en su caballo con él. “No bajéis de vuestras monturas hasta que este perro salte al suelo”, les advirtió el enano. “Sólo entonces será seguro para vosotros desmontar”.

Herla y sus hombres cabalgaron de vuelta, pero al salir del bosque, encontraron sus tierras diferentes a como las habían dejado tres días antes. Preocupados, siguieron adelante hasta que encontraron un viejo pastor. “Dame nuevas de mi reina, la esposa de Herla”, pidió el rey.

El viejo le miró extrañado, y finalmente dijo: “Alguna vez he oído ese nombre. Pero la historia de esa reina es muy antigua. Su marido cabalgó hacia el bosque y nunca más se le vio. Ella murió con el corazón roto. Pero eso fue en los días de los bretones, y los sajones hemos dominado Inglaterra durante los últimos doscientos años”.

Uno de los hombres de Herla, irritado, saltó de su cabalgadura, e inmediatamente se convirtió en polvo. Entonces Herla ordenó a sus hombres que permanecieran en sus caballos. Y así fueron condenados a cabalgar eternamente, y se convirtieron en la mesnada Hellaquin(*), errando por la tierra en sus caballos sin descanso.

Hasta el primer año del reinado del rey Enrique, en 1133, las gentes dieron noticia de haber visto la mesnada Hellaquin de tanto en tanto. En ese año hubo avistamientos en Gales, aunque poco después, muchos galeses informaron de haber visto a los hombres de Herla hundiéndose en el río Wye. Desde entonces, nadie los ha vuelto a ver.

*
Hellaquin parece ser una derivación de Herla King, que a su vez podría interpretarse como Hell King, o Rey del Infierno. Hellaquin era el nombre de un demonio en la época medieval, más bien un duende travieso y pícaro. Aunque parezca mentira, es el origen del Arlequín.

viernes, 19 de noviembre de 2010

Estoy creando un lenguaje secreto

De todos mis hobbies extraños, este es el más absurdo al que me he dedicado últimamente: colecciono las verificaciones de palabras de Blogger. Si yo fuera una maniática del oscurantismo, ya habría sospechado que esconden mensajes secretos. No lo soy, pero me cuesta poco dejarme llevar por la fantasía, por eso estoy creando un lenguaje secreto mágico con ellas. Podéis invocar la siguiente oración, no os garantizo el resultado. Aquí os dejo uno de mis idolillos por si queréis conjurarlo. Quizá si alguna vez os encontráis alguna de estas palabras, no sea por casualidad…



lunes, 8 de noviembre de 2010

Los unos contra los otros. Y yo con ninguno

No me gusta escribir artículos de opinión porque pienso que mi opinión no tiene por qué importarle a nadie. La red está llena de opiniones de todo tipo. Hay quien va buscando a los que piensan como él para confirmarse en sus opiniones, y hay quien busca a los que piensan lo contrario para atacarlos. Tampoco quiero opinar para que me den la razón. Pero está aquí, al alcance del teclado, y a veces apetece vociferar un poco, cuando todo el mundo lo está haciendo a tu alrededor y no estás de acuerdo con ninguno. Vivo en Barcelona y me he pasado muchos días sufriendo el Huracán Papa. Nadie quiere escuchar una opinión matizada y serena pero yo voy a darla.

Para empezar, ni siquiera entiendo porqué tiene que haber un Papa. ¿Qué se supone que significa? Está claro que el cargo viene de una época en que no se concebía un grupo social sin jefe/amo/rey. ¿El rey de los cristianos? ¿Qué motivo hay para que entre todo el pueblo de Dios, éste tenga que ser elevado, aclamado y reverenciado?

Pero además es que no me gusta este Papa. Lo conocí cuando dirigía la Congregación para la Doctrina de la Fe, y desde la publicación de aquel Dominus Iesus (año 2000), en que venía a decir que las demás religiones son muy bonitas y tal, pero que la única verdadera es la católica y todos los demás irán al infierno, ya me hice la idea de qué clase de religiosidad representaba. No vale la pena citar las opiniones que defiende sobre la mujer, los anticonceptivos, el aborto, la homosexualidad… Sólo puedo decir que no me parece cristiano. Gracias a su actitud y al sector que le sigue, con gran representación en España, el cristianismo ha pasado a ser sinónimo de retrógrado, rancio, reaccionario, y lo que es peor, agresivamente combativo. Supongo que son éstos los que asisten al megaconcierto de la superestrella en Barcelona y lo aclaman con las mismas banderas y eslóganes de un campeonato de fútbol. La religión como espectáculo. Dudo que nadie se sienta movido a la fe con todo este barullo.

Vivo en un mundo secularizado y laico. El gobierno lo es, cosa que me parece genial. Algunas de las leyes que ha aprobado son para mí grandes avances. También es cierto que cuando quiere levantar alguna cortina de humo, sólo tiene que tirarle a la Iglesia, que responde automáticamente. Así se ha formado una especie de ideología contestataria para la que ser laico y ateo es chupiguay y supermoderno, y meterse con los carcas pedófilos de la Iglesia porque la religión es un asco y provoca guerras y es irracional y una superstición. Pero con el progreso científico todo eso desaparecerá porque nos haremos listos y lo controlaremos todo y todos seremos felices. Mi reacción a todo esto no es muy diferente a la que explicaba en “La historia no me cuadra”.

Suscribo casi todas las críticas que dice la gente a mi alrededor, a pesar de ser tan poco originales, pero cuando les digo que soy creyente no me entienden, como que no consiguen clasificarme. Cuando defiendo que no todos en la Iglesia son iguales y que algunos están haciendo un gran trabajo (y suelen ser los disidentes), cuando afirmo que es positivo que la gente tenga creencias o fe o al menos cultive su alma, porque eso les hará crecer como personas, porque eso será bueno para el mundo, porque una cosa es la religión y otra el fanatismo, la gente se siente desconcertada. Son cosas incompatibles. Si estoy a favor de unos, tengo que estar en contra de los otros, y viceversa. Pues yo no estoy con ninguno. No creo que sea la única que no se deja arrastrar por la confrontación y que tiene ideas propias, incómodas o inclasificables, pero no solemos hacer ruido. Por eso suelo callarme, porque no tengo intención de predicar en el desierto, pero aquí lo dejo dicho.

sábado, 30 de octubre de 2010

Freaks, freaks, freaks





Uno de nosotros: pues sí, siempre lo he tenido claro. Si tengo que elegir entre ser uno de los monstruos de feria, orgullosos de su compañerismo entre deformes, o pertenecer a la categoría de la bella y estafadora trapecista del circo, que tan superior se siente de los que desprecia… pues sí, lo reconozco, soy uno de los freaks.

Así que, cantemos todos: gooble, gobble…

Freaks- Tod Browning, 1932.

viernes, 22 de octubre de 2010

Gilbert Garcin


Autocontrol

Este señor nacido en el sur de Francia, llevó una vida corriente o habitual de la que no tengo noticia alguna. Después de jubilarse, como muchos pensionistas, llenó su tiempo con un hobby, en este caso la fotografía. Y así fue cómo cercano a los setenta (hoy tiene más de ochenta) Gilbert Garcin se convirtió en uno de los fotógrafos más famosos de la actualidad.
No girar en círculos

El perro de Eliott


El señor Garcin no se dedicó a fotografiar el mundo que le rodeaba, sino que creó uno propio, una recreación surrealista, pero de un surrealismo minimalista al estilo Magritte. Se fotografía a sí mismo, a veces también a su señora esposa, en una actitud concreta (en sus fotos siempre usa la cara que tenía a los sesenta y seis años, reunió un surtido para ir alternando). Entonces recorta las figuras enteras y las coloca, como muñequitos, en algún pequeño paisaje fabricado por él mismo con objetos cotidianos. Después fotografía el conjunto en un nítido blanco y negro. La libertad creativa es total.

Reservado

Sus fotos cuentan historias mínimas, son flashes evocadores, como aquellas escenas metafóricas que los creadores de cine mudo colocaban en sus películas para ilustrar los sentimientos de sus personajes. Sus figuritas aparecen perdidas en mundos extraños, enfrentadas a dilemas existenciales, paradojas y retos que los superan. A veces los afrontan con gran inocencia, a veces no son capaces de darse cuenta de su absurdo. Pero os dejo la moraleja a vosotros.

La elección decisiva

Misión imposible


La noria

La rueda del olvido

Todas las fotos en la página web de Gilbert Garcin.

sábado, 16 de octubre de 2010

Salomé

SALOMÉ: ¡Ah, no podías tolerar que besara tu boca, Iokanaán! ¡Bien! Ahora la besaré. La morderé con mis dientes como se muerde un fruto maduro. Pero, ¿por qué no me miras, Iokanaán? Tus ojos, antes tan terribles, tan llenos de furia y desprecio, ahora están cerrados. ¿Tienes miedo de mí, Iokanaán, y por eso no me miras?... Y tu lengua, que era como una sierpe roja arrojando veneno, ya no se mueve, no dice nada ahora, Iokanaán, esa víbora escarlata que escupía su veneno sobre mí. Nada querías tener conmigo, Iokanaán. Me rechazaste. Pronunciaste palabras malignas en mi contra. ¡Me trataste como a una ramera, como a una libertina, a mí, Salomé, hija de Herodías, princesa de Judea! Y bien, Iokanaán, yo sigo viva y tú estás muerto y tu cabeza me pertenece. Puedo hacer con ella cuanto se me antoje. Puedo arrojársela a los perros y a las aves del cielo… Ah, Iokanaán, Iokanaán, fuiste el único hombre al que amé. Los demás me resultan odiosos. ¡Pero tú eras hermoso! Tu cuerpo era una columna de marfil colocada sobre una cavidad de plata. Era un jardín lleno de palomas y azucenas de plata. Era una torre de plata revestida de marfil. No había nada en el mundo tan blanco como tu cuerpo. No había nada en el mundo tan negro como tu pelo. En el mundo no había nada tan rojo como tu boca. Tu voz era un incensario que esparcía perfumes exóticos, y cuando te miraba oía una rara música. ¡Ay!, ¿por qué no me miraste, Iokanaán? Detrás de tus manos y de tus maldiciones ocultaste tu rostro. Tapaste tus ojos con el velo de quien hubiera visto a su Dios. Bien, viste a tu Dios, Iokanaán, pero a mí, a mí jamás me viste. Si me hubieses visto me habrías amado. Yo te vi., Iokanaán, y te amé. ¡Oh, cómo te amé! Todavía te amo, Iokanaán, sólo a ti te amo… Estoy sedienta de tu belleza, hambrienta de tu cuerpo, y ni las frutas ni el vino pueden saciar mi apetito. ¿Qué haré ahora, Iokanaán? Ni los torrentes ni los océanos pueden mitigar mi pasión. Yo era una princesa y me despreciaste. Era virgen, y me arrebataste la virginidad. Era casta y llenaste mis venas de fuego… ¡Ay, ay!, ¿por qué no me miras, Iokanaán? De haberme mirado me hubieras amado. Me hubieras amado, lo sé, y el misterio del amor es más grande que el misterio de la muerte. Sólo cabe respetar el amor.
¡Ah! Besé tu boca, Iokanaán. Besé tu boca. Sentí un sabor amargo en los labios. ¿Sería el sabor de la sangre…? Aunque, tal vez, sea el sabor del amor… El amor, dicen, tiene un sabor amargo… Pero, ¿y qué? ¿Y qué? Besé tu boca, Iokanaán.


-Salomé, Oscar Wilde.
-Ilustraciones de Aubrey Breadsley para la edición francesa.
-Imágenes de la película "Salomé" (1923) de Alla Nazimova

jueves, 7 de octubre de 2010

Edith Stein

Nació en 1891 en una típica familia judía centroeuropea de laboriosos comerciantes y empresarios. Aunque la madre era religiosa y devota, ninguno de sus hijos resultó muy creyente. Ella estaba más interesada por los estudios, primero en psicología y después en filosofía. Su generación fue una de las primeras en que las mujeres tuvieron acceso a la universidad, y enseguida demostró unas grandes aptitudes. Se apasionó por la fenomenología y pronto fue una discípula aventajada de Husserl. Su interés principal era el tema de la empatía, al que dedicó su tesis doctoral. Se había educado con unas ideas éticas de servicio a la humanidad y de anteponer a todo el bien común en la sociedad. Al estallar la I Guerra Mundial, no dudó en colgar sus estudios y aprender enfermería, para trabajar con enfermos infecciosos. Su gran sentido ético la llevaba a una constante búsqueda de la verdad. No he acabado de entender el proceso, pero parece que de alguna manera sus intereses filosóficos y humanos la llevaron a la fe, bautizándose en 1922. No era extraño que los judíos se convirtieran en aquella época. Sin embargo era más habitual que optaran por una opción más cercana a ellos como el protestantismo. Edith nunca explicó muchos detalles sobre su conversión, pero al hacerse católica se sintió judía por primera vez: “No puede imaginarse lo que significa para mí ser hija del pueblo escogido, pertenecer a Cristo no solo espiritualmente, sino también por lazos de sangre”.

Ejerció varios trabajos de profesora, sin embargo su condición de mujer le impidió conseguir una cátedra a pesar de sus dotes. Se dedicó a la escritura y la traducción, e hizo giras de conferencias en Alemania y el extranjero. Era muy apreciada en ambientes intelectuales, pero pronto las cosas empezaron a cambiar. En abril de 1933 escribió una carta al papa Pío XI solicitando un pronunciamiento del Vaticano contra el antisemitismo que veía crecer en Alemania: “¿No es este intento de aniquilar la sangre judía una afrenta a la sagrada humanidad de nuestro Salvador, a la santísima Virgen y a los apóstoles? ¿No se opone diametralmente todo esto a la conducta de nuestro Señor y Salvador, quien, incluso en la cruz, oró por sus perseguidores? […] Todos nosotros, que somos fieles hijos de la Iglesia y observamos las condiciones imperantes en Alemania con los ojos abiertos, tememos lo peor para el prestigio de la Iglesia si el silencio se prolonga por más tiempo”. (Texto completo) La respuesta fueron unas vagas bendiciones. El 20 de julio de aquel mismo año, se firmó un concordato entre la Santa Sede y el Tercer Reich, que fue incumplido inmediatamente.


Edith escribió esta carta durante sus vacaciones de Semana Santa, que pasó como acostumbraba en el monasterio benedictino de Beuron. Al regresar había perdido su plaza de profesora en el Instituto Alemán de Pedagogía Científica, a causa de las leyes racistas nazis. Una brillante y reconocida filósofa como ella no era considerada apta para el puesto.

En esta encrucijada, Edith se decidió a cumplir la vocación que sentía hacía tiempo y entró en el Carmelo de Colonia. Su nombre de profesión fue Teresa Benedicta de la Cruz (o Bendecida por la Cruz). Debió ser por influencia de Santa Teresa de Ávila, cuyo Libro de la vida la había marcado. Siguió escribiendo y siendo una figura notoria. En 1938, al hacerse evidente el peligro que corría en Alemania, se trasladó al convento de Echt en Holanda, donde pensaba estar más segura, pero eso no duró mucho. Cuando los obispos católicos de los Países Bajos publicaron una carta contra las deportaciones de judíos holandeses, los nazis respondieron con una detención masiva de judíos católicos. El 2 de agosto de 1942 la policía se la llevó del convento junto con su hermana Rosa, también bautizada católica, que había profesado como terciaria de la orden. Poco después llegaron a Auschwitz y fueron conducidas directamente a la cámara de gas.

Edith Stein fue declarada santa en 1987, no sin polémica pues también fue declarada mártir, pero, ¿murió por ser cristiana o por ser judía? ¿Acaso fue ella más mártir por ser monja, o mejor que los otros judíos por ser cristiana? Quiero creer que declararla a ella santa es como hacer extensivo el reconocimiento a todas las víctimas de aquel crimen, de cualquier religión o condición, y especialmente a aquella extinguida cultura de los judíos centroeuropeos. Cargaron con su cruz y fueron conducidos como ovejas al matadero. Ella luchó con la palabra y con la razón. No pudo hacer más. Finalmente murió orgullosa de ser lo que era.

Los modernos iconos la suelen representar con la estrella de David sobre su hábito carmelita, como estaba obligada a llevar igual que el resto de los judíos. Sostiene un crucifijo, y me da por pensar que el Cristo de la cruz también debería llevar una estrella amarilla en el pecho, al fin y al cabo otro judío asesinado más. Sus asesinos los eliminaron, pero ahora sus asesinos son polvo anónimo. Los matados, en cambio, siguen presentes con sus palabras y el ejemplo de sus vidas. Nos alcanzan y nos tocan, y nos volvemos a mirarlos. Nos podemos coger a sus manos.

“La consideración de un individuo humano aislado es una abstracción. Su existencia es existencia en un mundo, su vida es vida en común. Y estas no son relaciones externas, que se añaden a un ser que ya existe en sí mismo, sino que su inclusión en un todo mayor pertenece a la estructura misma del hombre”.


-Para comprender a Edith Stein- Urbano Ferrer. Ediciones Palabra, Serie Pensamiento nº 36, 2008.
-Estrellas amarillas- Edith Stein. Editorial de Espiritualidad, 1992.

jueves, 30 de septiembre de 2010

Mi monstruo favorito

Ya que me han recordado últimamente a H. R. Giger, por qué no volver a su mejor pesadilla, el monstruo más aterrador de la historia del cine, mi monstruo. Realmente no tiene nombre, pues alien es una palabra inglesa que suele usarse para “extranjero”, es decir de fuera, ajeno. Ahora esa palabra produce un efecto inmediato al oírla: algo así como un encogimiento de tripas y unas ganas desesperadas de salir corriendo.

Que es el monstruo más aterrador, quizá sea una opinión personal, de alguien que ha tenido la ocurrencia de ver alguna vez esta película de noche, y además ha soñado con él, y ya se sabe que los sueños son mucho más reales que ver una película; quizá haya habido monstruos más feos y más feroces en el cine (y los hay en la realidad, como sabrá quien haya visto un cocodrilo del Nilo de cinco metros o un pez abisal). Pero el alien no es una simple fiera depredadora, lo que lo hace especial es… que es demasiado humano.

Puede lucir una naturaleza biomecanoide, mezcla de órganos desmembrados, remendados, fosilizados, acero y huesos, no necesariamente vivo, quizá artificial, o antinaturalmente inmortal, insensible y pululante como un insecto gigante; pero sobre todo parece algo que ha sido humano, que lo puede ser, una evolución, una involución, una mutación hacia algo terrible, un esqueleto o trabazón de huesos que se ha deshecho de su envoltura civilizada, sociable y anodina de persona; intuimos que lo llevamos dentro como un órgano desconocido hasta ahora, que quizá en cualquier momento puede comenzar a crecer y a hacer metástasis, a emerger y abrirse paso y reventarnos el pecho, y eso será lo que realmente éramos aunque no queríamos reconocerlo. Alien es la fiera, el hambre, la violencia, el grito, la enfermedad, la llaga, la herida, la muerte… Alien es el Miedo.

domingo, 5 de septiembre de 2010

El consejo internacional de las trece abuelas indígenas

Se reunieron por primera vez en el 2004 en el estado de Nueva York, EEUU. Trece abuelas provenientes de las llanuras y los desiertos de Norteamérica, de México, de Brasil, de la selva amazónica, del centro de África, del Ártico, de Nepal y el Tíbet. Pertenecen a pueblos indígenas y practican religiones nativas, de las que no tienen libros sagrados, ni han sido nunca oficiales ni obligatorias. De las que no merecen mucha credibilidad. Tienen visiones y hablan con espíritus, reverencian a sus antepasados, curan con hierbas y para sus ceremonias sagradas usan el peyote, la ayahuasca, la planta iboga y otras sustancias. Han tenido vidas durísimas, pero se han convertido en maestras y guías de muchos. Aunque rezan a dioses o espíritus de tradiciones diferentes, todas se han entendido perfectamente. Bendicen el fuego y el agua, aman la naturaleza y quieren para sus nietos un mundo mejor. Son viejas y humildes y no tienen ningún poder, pero esperan irradiar con sus reuniones algo de luz y de esperanza.
Desde entonces se han reunido en Nuevo México, en Oaxaca, en el norte de la India, donde fueron recibidas por el Dalai Lama, en las Black Hills, en el Amazonas, en el Vaticano, donde las echaron de la plaza de San Pedro, en Asís, y en España, con visita a Barcelona. La próxima reunión es en el mes de octubre, del 22 al 25, en la isla de Amami en Japón.





Página web del International Council of Thirteen Indigenous Grandmothers.

“La voz de las trece abuelas. Ancianas indígenas aconsejan al mundo”- Carol Schaeffer. Ediciones Luciérnaga, 2008

domingo, 22 de agosto de 2010

Senderos de gloria





La humanidad puede ser bestial, y los seres humanos pueden devorarse unos a otros, pero queda la esperanza si una cancioncita les puede hacer recordar que un día todos habitaron en el mismo país de la infancia. Un gran final para una gran película.

-"Senderos de gloria" (Paths of glory), Stanley Kubrick, 1957

domingo, 1 de agosto de 2010

Hildegarda de Bingen


Sucedió en el año 1141 después de la encarnación de Jesucristo. A la edad de cuarenta y dos años y siete meses, vino del cielo abierto una luz ígnea que se derramó como una llama en todo mi cerebro, en todo mi corazón y en todo mi pecho. No ardía, sólo era caliente, del mismo modo que calienta el sol todo aquello sobre lo que pone sus rayos. Y de pronto comprendía el sentido de los libros, de los salterios, de los evangelios y de otros volúmenes católicos, tanto del antiguo como del nuevo testamento, aun sin conocer la explicación de cada una de las palabras del texto, ni la división de las sílabas, ni los casos, ni los tiempos.
Encendida por este fuego, Hildegarda de Bingen (1098-1179) tomó las riendas de su comunidad de monjas benedictinas, se separó del convento masculino del que dependía y fundó otros dos, envió y recibió cartas de las personalidades del momento, escribió tratados de medicina, y de todas partes acudían enfermos y fieles para ser curados e iluminados por ella. Compuso su propia música. Viajó y predicó en monasterios y ciudades. Fue siempre reconocida por las autoridades eclesiásticas. Y sobre todo transmitió su cosmovisión en tres libros admirables donde el universo, la humanidad y Dios se revelan en una sinfonía espectacular.

Porque sobre todo fue una visionaria. Es curioso que la primera vez que oí hablar de ella fuera en un libro del neurólogo Oliver Sacks, al cual le parecía clarísimo que las visiones de Hildegarda eran un producto típico de la migraña:

Hildegarda escribe: Las visiones que vi me llegaron, no mientras dormía ni en sueños, ni en la locura, ni con mis ojos carnales, ni con los oídos de la carne, ni en lugares ocultos, sino despierta, alerta, y con los ojos del espíritu y los oídos interiores, las percibí con los ojos abiertos y según la voluntad de Dios.Una de las visiones, ilustrada por unas estrellas que caen y se apagan en el océano, significa para ella “la caída de los ángeles”: Vi una estrella de lo más espléndida y hermosa, y con ella una inmensa multitud de estrellas que caían, todas ellas hacia el sur… Y de pronto todas quedaban aniquiladas y se convertían en negros carbones… y se sumergían en los abismos y ya no podía volver a verlas (Scivias).
Ésta es la interpretación alegórica de Hildegard. Nuestra interpretación literal sería que ella experimentaba una lluvia de fosforescencias en tránsito a través del campo visual, y que ese paso era seguido de un estocoma negativo.

Y resume así cómo entiende la experiencia de Hildegarda:
Investidas de esta sensación de éxtasis, rebosantes de un profundo significado teológico y filosófico, las visiones de Hildegarda contribuyeron a encauzar su vida en una senda de santidad y misticismo. Nos ofrecen un ejemplo único de la manera en que un hecho fisiológico banal, odioso e insignificante para la vasta mayoría de la gente, puede convertirse, en una conciencia privilegiada, en el sustrato de una suprema inspiración extática.

Quizá suene extraño que empiece a escribir sobre Hildegarda, intentado dar una explicación científica a su experiencia. Quizá alguien leyendo estas razones se sienta defraudado, porque las visiones ya sólo le parezcan un fenómeno psicológico, o porque yo pretenda reducir una experiencia espiritual a un simple cuadro médico. Creo en la explicación del doctor Sacks y es posible que Hildegarda experimentara las auras de una migraña (un fenómeno que según el neurólogo es mucho más complejo de lo que se supone y del que hay mucho por descubrir). Pero también creo otra cosa: creo que el infinito universo llega hasta nosotros en una auténtica avalancha (a través de nuestra fisiología, claro, ¿si no de qué?); un cerebro funcionando normalmente hace una primera selección de lo perceptible (¿pero qué cerebro es del todo normal?); pero la cultura y nuestra idea de la realidad suprimen muchas otras percepciones. Cuando una persona derriba estas barreras, esa luz ígnea entra a raudales. Un científico puede explicarlo así y no se equivoca, pero es que esa explicación científica es sólo la base sobre la que se apoya una realidad más grande.

Las visiones de Hildegarda podían suceder de repente pero eran de una extensión infinita. Aunque ella se esforzaba en transmitirlas con palabras, falta vocabulario para la multitud de matices, texturas, luces y oscuridades. Las formas se multiplicaban con vida propia y eran nunca vistas, las dimensiones perdían sentido y dentro de cada imagen aparecían multitud de otras, descritas hasta el último detalle. Se extendían por los cielos y todo el universo, formaban ejércitos, ciudades, y Hildegarda veía cada rostro y oía lo que decían, oía música y la voz divina que le transmitía su mensaje. Y el resto de su vida lo dedicó a transcribir e interpretar estas visiones en los libros Scivias, Libro de los méritos de la vida y Libro de las obras divinas. Pero la interpretación es otra cuestión.

La historiadora Victoria Cirlot hace una comparación muy interesante entre Hildegarda y el surrealismo (lo que es muy evidente) pero sobre todo con Max Ernst y su técnica del frottage. Salvando las distancias temporales y culturales, el fenómeno por el que el pintor veía aparecer en las manchas creadas al azar las formas y volúmenes, es parecido al de Hildegarda encontrando en sus indescriptibles visiones una gran explicación del universo. Y es parecido a un nivel muy profundo, porque también el pintor se siente invadido de algo más grande que él, de todo el universo que lo asalta y lo obliga a arrancar de la nada las texturas y los colores que manan a través de él, sin que pueda evitarlo. Una corriente le arrastra a hacer de lo infinito algo concreto, a hacer de lo invisible algo visible. En su tiempo y con su cultura, a Hildegarda le pareció que esas visiones le explicaban todo lo existente, y encontró relaciones entre cada imagen y la historia sagrada, las Escrituras, el cuerpo humano, sus órganos y su equilibrio, la vida del alma, los astros y el cosmos, la naturaleza, los animales y plantas y todo el universo.

Pero eso no convierte las visiones en simples alegorías que simbolizan otras cosas; las visiones son verdad porque son la única manera en que esta realidad puede manifestarse, y esto nos llevaría a una reflexión sobre lo que es el arte, sobre todo el arte religioso: el Símbolo, el canal por el que se manifiesta otra realidad, el mensaje cifrado que cada receptor debe descifrar.

Hildegarda no fue una simple espectadora, estas visiones fueron su despertar, una revelación para su alma. Para ella la necesidad de escribirlas era tan fuerte que cayó enferma hasta que se decidió a hacerlo. De hecho padeció enfermedades durante toda su vida, sobre todo ante los impedimentos, y en su caso la enfermedad significa siempre un rechazo a cumplir la voluntad de Dios. Debió de ser una situación violenta para ella ponerse a pontificar desde su situación de mujer. Siempre insistía en que era iletrada e ignorante y que todo el mérito de sus escritos venía del cielo. No es del todo cierto porque su talento de escritora y teóloga es sólo suyo, pero era una buena defensa ante quien la acusara de pretender dar lecciones. No dudo de que ella lo tenía muy claro: la revelación tiene más mérito cuanto más humilde sea el receptor, y la mujer es el ser más insignificante. El origen de esta clase de conocimiento hacía que fuera considerado superior al intelectual, y esto le dio reconocimiento y autoridad, hasta el punto de permitírsele predicar públicamente. Podría decirse que Hildegarda desmiente lo que se supone de la situación de la mujer en la Edad Media; ella misma, sin dejar de ser heredera de su época machista y clasista, tiene ideas muy personales sobre las relaciones de hombres y mujeres (“Y así el hombre y la mujer se unieron para realizarse el uno a través del otro, porque el hombre sin la mujer no se llamaría hombre, ni la mujer sin varón sería llamada mujer”). Sí se cumple el tópico, sin embargo, en el hecho de que nunca fuera declarada oficialmente santa (¡o Doctora de la Iglesia*!), y en que una personalidad histórica como la suya cayera prácticamente en el olvido durante siglos.

Las ilustraciones de sus libros, a pesar de su creatividad desbordante, son una pálida recreación de la originalidad de sus visiones. Parece claro que fueron hechas tras su muerte, aunque aún se discute si los diseños fueron suyos. No son comparables a ningunas otras miniaturas medievales. En este video aparecen algunas de ellas, acompañadas de su composición O Ecclesia:

O Ecclesia,
oculi tui similes saphyro sunt,
et aures tue monti Bethel,
et nasus tuus est
sicut mons mirre et thuris.
et os tuum quasi sonus
aquarum multarum.



Dixerunt:
Wach! rubicundus sanguis
innocentis agni
in desponsatione sua
effusus est.
Hoc audiant omnes caeli!
et in summa symphonia
laudent agnum Dei!
quia guttur serpentis antiqui
in istis margaritis
materie verbi Dei suffocatum est



Oh Iglesia,
tus ojos son como el zafiro,
tus oídos como la montaña de Betel,
y tu nariz es
como una montaña de mirra e incienso,
y tu boca como el sonido
de muchas aguas.

Dijeron:
¡Ay! La roja sangre
del Cordero inocente
en sus bodas
ha sido derramada.
Que lo oigan todos los cielos,
y en suprema sinfonía
alaben al Cordero de Dios,
pues la garganta de la serpiente antigua,
en estas perlas
de la materia del Verbo de Dios,
ha sido sofocada.

-Hildegarda de Bingen, una conciencia inspirada del siglo XII- Régine Pernoud. Paidós Testimonios, 1998.
-Vida y visiones de Hildegard von Bingen- Victoria Cirlot. Siruela, Biblioteca Medieval, nº 13, 2001.
-Hildegard von Bingen y la tradición visionaria de occidente- Victoria Cirlot. Herder, 2005.
-Completísimo sitio en internet a cargo de Azucena Adelina Fraboschi.


*Desde el 7 de octubre de 2012, Hildegarda de Bingen ha sido declarada Doctora de la Iglesia.

miércoles, 23 de junio de 2010

Si el corazón pensara dejaría de latir

A veces, sin poder evitar la mentalidad primitiva y mágica, tienes la sensación de que los horrores descritos en un libro están de alguna manera metidos entre las tapas de cartón, como guardados en esa cajita plana, y crees que si te quedas ese libro en casa, de alguna manera tendrás la monstruosidad archivada en tu estantería, y algún vaho o influencia se puede escapar por la noche y alcanzar tus sueños y llenarlos de pesadillas, o de alguna manera será una herida sangrando todo el tiempo sobre tu vida cotidiana, aunque ya hayas dejado de pensar en él. Este libro me da miedo.

Son cuatro historias como cuatro patadas en el estómago, de gente que habla y escribe (todos escriben lo que nadie va a leer), pero que están ya muertos porque se empieza a morir cuando se pierde la esperanza de seguir viviendo. Aquí la muerte no es una entidad poética, es desesperación, agonía y podredumbre, hasta que se interioriza tanto que “si estuviéramos vivos en la tumba, terminaríamos por amar a los gusanos”. Si alguien ha olvidado cómo es la realidad de las cosas, puede recuperarla en este libro. Porque está lleno de Verdad, que tampoco es una entidad utópica: “que lo que yo he visto otros lo han vivido y es imposible que quede entre las azucenas olvidado”.

Pero al mismo tiempo creo que se merece que lo guarde y lo mencione aquí aunque no sé si aconsejarlo; no le deseo a nadie que aprecio que pase el mal rato que he pasado yo leyéndolo, a pesar de que creo que debería ser necesario incorporar a la memoria, de alguna manera, la experiencia de esta lectura. Pero al acabarla también me he encontrado pensado que recordar la historia jamás evita que vuelva a repetirse. No importa lo cercanos que sean los testimonios y todos sus esfuerzos por transmitirlos; cada generación llega igual de ignorante y dispuesta a cometer los mismos errores, o a superarlos. La prueba es que este libro pasará por encima de un montón de gente como otra aburrida historia de guerra y gente que sufre, la prueba es que aún estamos en “la confusión entre que algo sea ya materia de historia y el que no lo sea aún”.

Esta historia está aquí mismo, tirándonos del borde del vestido para que nos volvamos a mirarla todavía a la cara, está tan cerca que nos salpica, que todavía nos acusa. De nuestras neveras llenas y nuestras casas con calefacción nos acusa la gente que padeció hambre y frío, de nuestras vidas aburridas nos acusa la gente matada que no pudo vivir, que de haber vivido nos hubiera alcanzado. Toda la civilización está acusada, si después de tantos milenios condujo a esto. Yo sólo puedo decir que si este libro me da tanto miedo, me alegro. Quienes no sintieron miedo ni horror, son los que provocaron estas cosas. En cambio, ser humano duele.


Los girasoles ciegos- Alberto Méndez. Anagrama, 2004. El título del libro corresponde al último de los cuatro relatos. “Si el corazón pensara dejaría de latir” es el título del primero.

domingo, 6 de junio de 2010

Los diez cuadros del boyero


Los diez cuadros del boyero presentan las etapas en el camino del despertar que es el Zen. Este camino está simbolizado por la historia de un cuidador de bueyes que busca al buey perdido, en principio, un ejemplo muy sencillo... Existen diferentes versiones, pero la más conocida es ésta que consta de diez cuadros y que se atribuye a Kakuan Zenji, maestro zen chino del siglo XII. Cada cuadro va acompañado de una introducción (jo) y un poema (ju).

Me gusta de esta búsqueda del sentido (el buey), que cuando el buscador parece haberlo alcanzado (etapa 8:ya está realizado y feliz), el buey desaparece, y también el boyero. La ilustración que suele acompañar ese pasaje es un círculo perfecto y vacío, y resulta que ese es el auténtico principio.

Pero lo que más me gusta y me interesa es la última etapa: entrar en el mercado con las manos dispuestas a ayudar. El fruto de todo este viaje no es la “auto-ayuda” ni el propio bienestar. El viaje se hace solo, pero se llega a la meta acompañado; el resultado es la acción, y conduce directamente a llevar el bienestar a los demás. Una muestra más de que el budismo no es esa religión mortificante de meditaciones y abstinencias interminables que algunos creen, ni tampoco una "terapia" para sentirse mejor: su fin es el bien común, la hermandad universal, lo que los cristianos llaman “el reino de Dios”. Al final, ¿no resulta este el único fin de todas las religiones?

Este sería un resumen de las diferentes etapas:
1- Buscar al buey: la conciencia de una necesidad.
2- Ver las pisadas: encontrar respuestas en las enseñanzas.
3- Ver al buey: el primer despertar.
4- Atar al buey: aprender a controlar las nuevas experiencias.
5- Domar al buey: practicar la disciplina.
6- Cabalgando sobre el buey volver a casa: se han vencido los impedimentos, está liberado y feliz, se domina a sí mismo.
7- El buey olvidado, el hombre mismo solo: ya no hay nada que controlar, el problema ha desaparecido.
8- Hombre y buey olvidados: el yo desaparece porque nunca ha existido.
9- Volver al origen: totalmente desvanecido, percibe el mundo tal y como es.
10- Entrar en el mercado con las manos dispuestas a ayudar: se identifica con sus semejantes.


Desnudo el pecho y descalzo, entra el hombre en el mercado.

¡Está cubierto de barro y polvo, pero cómo sonríe!

Sin recurrir a poderes místicos,

hace florecer en un momento los árboles marchitos.

viernes, 21 de mayo de 2010

A qué jugaban los vikingos

Podría reflexionar sobre la historia, el encanto de las culturas antiguas, el precioso arte medieval… pero en realidad de lo que me interesa hablar es de juegos. Los juegos de mesa existen desde la prehistoria y creo que son una creación fascinante; algo de arte, algo de ritual, algo mágico… y muy divertidos. Por ejemplo, los juegos de los vikingos.

Pues sí, parece ser que los vikingos, entre asedio y asalto, pasaban el rato con un tipo de juego de mesa conocido como Tafl o Hnefa-Tafl, que significa juego del Rey. Con diferentes modelos y variantes lo extendieron por toda su zona de influencia, desde los países escandinavos hasta las Islas Británicas, Irlanda, Islandia, etc. Se le menciona en las sagas, y era parte de la educación de la nobleza ser diestro en el Hnefatafl. Se han encontrado bastantes tableros y piezas, y curiosamente algunos tableros eran de clavijas, con agujeros para sujetar las fichas, clara señal que los usaban para jugar durante sus famosos viajes en barco. La principal característica de este tipo de juegos es que los dos contrincantes que se enfrentan en él tienen fuerzas muy desiguales y un objetivo diferente para ganar. Por un lado hay atacantes, que normalmente doblan en número a sus enemigos, y defensores, entre los cuales se encuentra el Rey.

Hay juegos de Hnefatafl comercializados como el de la foto, que he localizado en internet. Las reglas se han reconstruido aproximadamente como las que debieron existir hacia el siglo X. El tablero es de 11x11, los atacantes son 24 y los defensores 12 más el Rey, colocados como se puede apreciar. La casilla central del tablero es exclusiva del Rey y se llama Konakis, el trono. Sólo el Rey puede ocuparla aunque las otras fichas pueden atravesarla. Las cuatro casillas de las esquinas también son casillas reales. El objetivo del Rey es alcanzar una de ellas, y habrá ganado la partida. El objetivo de los atacantes es capturar al Rey.

Todas las piezas se mueven de la misma manera, y es el movimiento de la torre en el ajedrez, o sea, todas las casillas que quieran en vertical u horizontal, sin saltar otras piezas. La forma de capturar una pieza enemiga es colocar dos piezas propias a cada lado de ella, en horizontal o vertical. Sin embargo, cuando una pieza se coloca ella misma entre dos enemigas no es capturada. Las casillas reales de las cuatro esquinas sirven un poco de comodín: si un jugador acorrala a una pieza enemiga entre su ficha y una casilla de la esquina, la captura igualmente.

El Rey captura piezas de la misma manera, pero para capturarlo a él es necesario rodearlo por los cuatro costados. Para capturar al Rey, la casilla central también sirve de comodín: se le puede acorralar con piezas por tres costados y su propia casilla por el otro.

Aunque este tipo de juegos fueron perdiendo popularidad al extenderse el ajedrez por Europa, curiosamente en el siglo XVIII el naturalista sueco Linneo describió una variante encontrada en Finlandia, llamada Tablut. La principal diferencia es el tablero, de 9x9, y la reducción de los jugadores a 16 contra 8 más el Rey, colocados como se ve en la foto. En este caso, el Rey conseguía ganar alcanzando cualquier casilla del borde del tablero. El Tablut también se ha rescatado y se puede jugar hoy en día.

En fin, supongo que el problema de interesarse por juegos tan exóticos es encontrar luego a alguien para poder jugar con él. Por supuesto que en internet hay cantidad de jugadores en línea para todo, pero si algo me gusta de los juegos de mesa es… jugarlos sobre una mesa, con un tablero de verdad, con fichas que se puedan tocar y mover, en 3D auténtico. Eso es lo básico y primitivo de los juegos de mesa, divertirse y al mismo tiempo poder sentirse como un auténtico vikingo.

lunes, 17 de mayo de 2010

Chema Madoz

Seguro que habéis visto sus fotografías en algún periódico o revista, o en la portada de un libro. Si las habéis visto, las reconoceréis enseguida por su estilo inconfundible: un transparente blanco y negro, y unos objetos fotografiados con precisión… sólo que hay algo en ellos que no es habitual. Supongo que se le puede llamar poesía visual, a mí me parecen pequeñas sugerencias colocadas ante los ojos del espectador, para que sea éste el que haga surgir la respuesta en su mente. Una forma diferente de ver cosas cotidianas, cómo algo puede convertirse en otra cosa con sólo un pequeño gesto… No tengo mucho más que decir, son las imágenes las que hablan. Para disfrutar de muchas más, ésta es la web de Chema Madoz.











sábado, 1 de mayo de 2010

La levadura en la masa

A mediados del siglo XX, una joven francesa, Magdeleine Hutin, leyó la biografía de Charles de Foucauld, aquel hombre controvertido y extremo cuya fe le llevó a buscar lo más radical, en su caso abandonar la sociedad y marchar a lo profundo del desierto del Sahara, y vivir entre pueblos no cristianos dando el testimonio de una vida contemplativa y abierta a todos. Para Magdeleine, esta lectura provocó una intuición profunda de cómo desarrollar la espiritualidad que le había comunicado. En aquella época, antes de la II Guerra Mundial, ya existían comunidades religiosas que seguían el camino de Foucauld y habían establecido conventos en el Sahara, pero Magdeleine no quería encerrarse sino estar cerca de la gente. También había órdenes religiosas misioneras trabajando con los pueblos de África, pero su aire colonialista poco respetuoso con las culturas autóctonas no le agradaba. Poco a poco y con muchas dudas y fracasos, fue creando la orden de las Hermanitas de Jesús. El diminutivo empleado no es una concesión a la santurronería: quienes se unieran a esta orden, debían ser tan pequeñas y humildes, tan insignificantes e inofensivas, que nadie se sintiera amenazado por ellas y ni siquiera el desprecio las afectara. ¿Y a qué se dedicaron?: a ESTAR con la gente. Fueron a vivir con los nómadas del desierto, pasaron hambre con ellos, y cuando tuvieron algo que comer lo compartieron. No fueron a ayudarles, en el sentido de

Magdeleine Hutin

abrir hospitales o escuelas (otros religiosos ya se dedicaban a ello), porque eso hubiera significado pretender ser más que ellos, pretender ser más ricas o más civilizadas. Ellas querían ser UNA MISMA COSA con las comunidades con las que compartían su vida. Tampoco los evangelizaban ni pretendían convertirlos (en su profesión se consagraban “a los pueblos del Islam”), respetaban sus creencias y predicaban con su ejemplo: su humildad, su bondad, su comprensión y su disponibilidad para lo que las necesitaran hablaban más sobre su religión que ningún discurso. Querían ser como “la levadura en la masa”, ese pequeño ingrediente que sólo con su presencia provoca la fermentación.

Magdeleine siempre quiso evitar los enfrentamientos entre tradiciones religiosas. Cuando se establecían en territorio de iglesias orientales, se ponían bajo su jurisdicción, y en sus ceremonias adoptaban el idioma y la liturgia orientales. Su idea era que en su orden pudieran profesar igual católicas que ortodoxas o protestantes, pero ese reglamento no fue aceptado por la Iglesia. Qué decir ya de que mujeres musulmanas se unieran a su orden sin dejar su religión. Para ella y para los pueblos con los que vivían, esa unión era lo más natural, pero nada parecido pudo realizarse.

Con el tiempo, Magdeleine comprendió que su propósito no podía limitarse a un pueblo concreto, y las comunidades empezaron a extenderse por el mundo. Fueron a vivir con los trabajadores pobres en los suburbios de las grandes ciudades europeas, con los sin techo, con las prostitutas, con los presos, con los gitanos nómadas, con los pueblos sometidos de África y América del Sur. Ni qué decir tiene que Magdeleine fue víctima de muchas incomprensiones. Ella misma era contradictoria, impulsiva, incansable perseguidora de su ideal. Enferma desde su juventud, vivió hasta los noventa años sin dejar de viajar por todo el mundo, sin dejar de pasar hambre, frío y necesidades. En una época en que las monjas eran criaturas celestiales con hábitos almidonados, ¿qué pudo pensar la Iglesia o la sociedad de unas religiosas que vestían la ropa pobre de los trabajadores, que viajaban haciendo auto stop o en los remolques de los camiones, que trabajaban para ganarse la vida y no aceptaban dotes, donaciones o tener dinero en el banco? Su pobreza ofendía a las autoridades, que llegaron a considerarla “indigna de personas consagradas” (¡!!), mientras ellas se escandalizaban de que la misma pobreza en la población no les pareciera igualmente indigna.

Trabajando en la fábrica en 1946

Quizá lo más difícil de entender era su actitud. Las Hermanitas de Jesús se consideran contemplativas en medio del mundo. En la ideología actual de “utilidad” sólo valoramos las acciones que dan un resultado. Los misioneros “hacen” algo y se les valora por eso, pero, ¿por qué siempre se mira la cuenta de resultados? Ellas están en este mundo, con su actitud, totalmente entregadas a su ideal, hasta estar dispuestas a sufrir lo que sea y a dar la vida. La autenticidad que irradian debe ser espectacular, y creo que debe producir un efecto, silencioso, escondido, pero que me parece una auténtica revolución. La prueba es que han sido aceptadas en las culturas más diversas, de las que también han surgido vocaciones, y que ahora mismo no

En Moscú en 1964 (no podían lucir las cruces sobre el pecho)

dejan de extenderse por todo el mundo. Y sin duda sólo pueden seguir este camino mujeres increíblemente fuertes. ¿Quién estaría dispuesto a ir a cualquier parte del mundo, sin ninguna seguridad de tener algo que llevarse a la boca ni un techo sobre su cabeza, viviendo en lugares de los que la gente común en general quiere marcharse… con las manos abiertas y dispuesta a dar todo lo que pidan de una? Y sin dejar de ser humanas. Y sin dejar de creer en la humanidad. Me parecen admirables y, aunque yo no sea capaz de llegar tan lejos, saber que existen también me da esperanza.

Esta es la página en inglés de Little Sisters of Jesus, dentro de la agrupación de la Familia Espiritual de Charles de Foucauld, Jesus Caritas.

De "La crida del desert: una biografia de la germaneta Magdeleine de Jesús"- Kathryn Spink. Claret, Festa 22, 2001