martes, 11 de septiembre de 2018

Lecciones de la historia (y 3)



SOBRE LA TIRANIA. 20 LLIÇONS QUE HEM D'APRENDRE DEL SEGLE XX- Timothy Snyder
 
  Estableix una vida privada
Una de las constataciones más espeluznantes que me ha deparado esta época ha sido comprobar cómo la gente ha hecho realidad la pesadilla del Gran Hermano de 1984 de Orwell, no sometidos por una dictadura violenta, sino por voluntad propia y total alegría. Desde que vi el primer programa de tele-realidad hace muchos años, he sido incapaz de entender cómo la gente está dispuesta a exhibir sus más íntimas debilidades y sentimientos a cambio de nada, de la nada. Que no sean capaces de darse cuenta de lo que están perdiendo es sintomático. Las redes sociales han llevado este mercadillo de intimidad al paroxismo. Han convertido sus vidas en mercancía, y el negocio es para otros. Los escándalos de robo de datos se repetirán hasta que dejen de escandalizar. Les hemos regalado la cuerda con la que colgarnos.

  Contribueix a les bones causes
Las organizaciones cívicas contribuyen a hacer una sociedad más sólida. Las iniciativas civiles de todo tipo, ya se dediquen a la cultura, al deporte, a la ayuda solidaria, contribuyen a crear ciudadanos activos, menos aislados, más comprometidos. El pueblo no es un ente pasivo a la espera de lo que los políticos quieran hacer con él.




  Aprèn de la gent d'altres països
Los países se han convertido en compartimentos estancos que crean sus propios dramas y crisis, su mitología y sus protagonistas, pero ignoran muchísimo la realidad de sus países vecinos. Se puede hacer la prueba mirando las noticias de otro país, y comprobando cuánto desconocemos de lo que dicen. Hoy en día la economía y la política son fenómenos internacionales, y la visión local siempre es muy parcial. Y no sólo la actualidad, sino el pasado de otros lugares, puede ser otra ayuda para entender ciertos problemas y sus posibles soluciones.

  Atenció amb les paraules perilloses
Es aplicable lo dicho en el apartado 9.










  Mantingues la calma quan arribi l'impensable
Un momento de crisis económica, o la amenaza terrorista, sirven para invocar el estado de emergencia, bajo el cual se empiezan a anular las garantías democráticas, por nuestro bien. La gente está sumida en el miedo, no es el momento de ser exigentes, de reclamar derechos, de cuestionar los gobiernos... Es el momento en que muchos de aquellos países del siglo XX cayeron en el totalitarismo. Muchos mantuvieron el estado de emergencia durante años y años, y bajo él, la gente estuvo dispuesta a aceptar cualquier atropello. Siempre había alguna amenaza, siempre había que mirar a todos lados de reojo, por si pasaba algo. Parece que desde septiembre de 2001 todo occidente está en estado de emergencia, ¿es eso posible? Estaría bien echar cuenta de todo lo que se ha perdido desde entonces, mientras estábamos entretenidos con el miedo.

  Sigues patriota
El patriotismo estadounidense tiene su propio estilo, bastante lejano para Europa. En su propia mitología, siempre se combina con libertad, libre, liberación. También con democracia. Aunque la injusticia y la opresión siempre han rondado su historia, Estados Unidos nunca ha sido Alemania, ni por supuesto Rusia. Algunos americanos como Snyder están muy preocupados porque ese prestigio no se destruya y la presidencia de Trump no sea el primer socavón del edificio (razón de ser de este libro). La fuerte oposición de los progresistas y de representantes de la cultura como Snyder deja constancia, con consternación, de cada movimiento político presidencial que atenta contra la tradición libertaria americana (aquella que hizo América grande de verdad). Como un presentador de televisión dijo ante otra situación que se saldó con una reacción intransigente del gobierno, de resultados desastrosos: hubiéramos podido ser capaces en el futuro de mirar a nuestros nietos a los ojos, pero al final no.

  Sigues tant valent com puguis
Desde el fin de la guerra fría, dos tendencias se adueñaron de la política de occidente: una que Snyder llama política de la inevitabilidad, según la cual todo está ya solucionado, triunfan la democracia y el capitalismo, y el futuro consiste en más progreso, más mercado, abundancia y felicidad. La otra tendencia surge bajo todo eso, víctima de las contradicciones de ese progreso, de la pérdida de seguridad y valores, de las amenazas de la modernidad. Snyder la llama política de la eternidad, porque consiste en una evocación de un pasado ideal en que todo era mejor y al que es necesario volver, y ve el futuro como una degeneración, un abismo del que provienen todos los males. Bajo la irresponsabilidad de los primeros y el miedo que siembran los segundos, las conquistas de la democracia surgidas de los desastres del siglo XX se van olvidando. Son dos formas de política anti-históricas, porque hacen del tiempo y de los hechos reales pura mitología. Snyder es un historiador y tiene muy claro que es imprescindible aprender las lecciones de la historia, sobre todo la del siglo XX. Porque es muy posible que el XXI sea su réplica aumentada y mejorada.
Snyder: Si ningú no està disposat a morir per la llibertat, tots morirem sota la tirania.

Timothy Snyder: Sobre la tirania. 20 lliçons que hem d'aprendre del segle XX. Destino, 2017 / Sobre la tiranía: veinte lecciones que aprender del siglo XX. Galaxia Gutenberg, 2017 / On Tyranny: Twenty Lessons from the Twentieth Century.

lunes, 10 de septiembre de 2018

Lecciones de la historia (2)

SOBRE LA TIRANIA. 20 LLIÇONS QUE HEM D'APRENDRE DEL SEGLE XX- Timothy Snyder

  Cuida el teu llenguatge
No hace falta comentar gran cosa sobre el poder que los clichés y los eslóganes tienen sobre la conciencia (no es lo mismo el oponente que el enemigo). Las definiciones marcan como sellos los sucesos y las personas, y nunca hay que repetirlas sin cuestionarlas. Hay que estar atento a la terminología de los mensajes que nos llegan, pero para eso hay que tener riqueza de vocabulario. Snyder da un consejo muy simple: leer. Éstas son las obras en que se ha basado para este libro, que paso a anotar y espero llegar a conocer personalmente:

-Politics and the English Language- George Orwell (1946)
-The Language of the Third Reich -Victor Klemperer (1947)
-The Origins of Totalitarianism -Hannah Arendt (1951)
-The Rebel -Albert Camus (1951)
-La ment captiva -Czeslaw Milosz (1953)
-The Power of the Powerless -Václav Havel (1978)
-How to be a Conservative-Liberal-Socialist -Leszek Kolakowski (1978)
-The Uses of Adversity -Timothy Garton Ash (1989)
-The Burden of Responsibility -Tony Judt (1988)
-Ordinary Men -Christopher Browning (1992)
-Nothing is True and Everything is Possible -Peter Pomerantsev (2014)

  Creu en la veritat
La verdad muere de cuatro maneras, según el autor: los discursos que repiten mentiras, medias verdades o suposiciones, como si fueran la nueva realidad; la consigna, o repetición infinita de un insulto, una definición, una acusación, que la gente interioriza y en la que cree como un nuevo dogma de fe; la aceptación de la contradicción, o seguir creyendo en las promesas incumplidas, en la culpabilidad de algo aunque todas las pruebas demuestren otra cosa, en las soluciones que dan el resultado contrario al esperado... es decir, el abandono del razonamiento; y por último, ese mecanismo humano que explica lo anterior, la necesidad de certezas, la fe: si he decidido que este partido, que este líder, es el mío, el que me apoya, con el que me identifico... le seguiré haga lo que haga, o a quien se lo haga, aunque me lo haga a mí. Puedo encontrar infinitas excusas: lo hace por mi bien, no le dejan hacer otra cosa, al final se verá que tenía razón... Pero sobre todo, nunca admitiré que me equivoqué al elegir, que no era digno del apoyo que le di durante tanto tiempo. Con él a muerte hasta el final. Así acabamos.
Frase de Snyder: la post-verdad es el pre-fascismo.

  Investiga
Aún me sorprende la credulidad con que me reenvían noticias o mensajes por móvil, como si fueran cosas reales; normalmente tardo unos diez segundos en encontrar una web que desmiente el bulo, pero nadie se ha tomado esa molestia antes que yo, y el desmentido no se propaga tan rápido como la invención. Para informarme de verdad, acudo a prensa escrita con cierta trayectoria histórica. Todos los medios tienen alguna orientación ideológica, pero lo importante es ser consciente de ello y relativizar ciertas visiones del mundo. Recurrir a diferentes medios ayuda a hacerse una idea más ajustada de la verdad. Cuando el sesgo ideológico es tan intenso que devora las noticias, el medio pierde credibilidad para mí. Pero los reportajes periodísticos que analizan, profundizan y dan coherencia a la realidad social, son los que realmente ayudan a estar informado, ya que superan ese bombardeo de titulares o imágenes sin contexto a los que se ha acostumbrado la gente a través del móvil o internet, que sólo buscan la reacción emocional y promueven la desmemoria.

  Mira als ulls i parla de coses trivials
Levanta la nariz de las pantallas y conoce a quien tienes al lado.








  Practica la política corpòria
Trata con gente que no sea como tú, ve a sitios desconocidos, escucha ideas nuevas, conoce otras realidades. En la variedad está la fuerza. Se vive en el mundo real.






Continuará....

domingo, 9 de septiembre de 2018

Lecciones de la historia (1)


 
 
Timothy Snyder es un historiador y profesor de Yale especializado en la Europa del siglo XX, los estados totalitarios y el Holocausto. Sobre la tirania. 20 lliçons que hem d'aprendre del segle XX es un libro de 2017, escrito al calor de lo que está pasando ahora mismo, breve y contundente (123 páginas). Viene a demostrar que los historiadores no sólo se encierran en polvorientos archivos a evocar tiempos lejanos, sino que aplican todo lo que saben al mundo en que viven y tienen respuestas para el presente. Snyder da veinte consejos para combatir la tiranía, con ejemplos de lo que pasó en el siglo XX: 


  

 No obeeixis amb anticipació
Como el experimento del psicólogo Stanley Milgram demostró, la gente corriente está muy dispuesta a obedecer a cualquier figura de autoridad (o que aparente serlo) sin cuestionarse si lo que le ordenan es correcto para los demás o para sí. Cada pulgada de voluntad que el ciudadano cede es arrebatada y atesorada con mano firme por el poder.


 Defensa les institucions
Damos por hecho que logros conseguidos después de durísimas luchas ya son irreversibles y eternos, pero pueden desaparecer con una rapidez increíble. Si la justicia es una farsa, el parlamento un circo, los derechos laborales un chiste... No se les puede abandonar, sino ponerse manos a la obra otra vez hasta volverlos a levantar. Abandonar es el principio del fin.


 Compte amb un estat de partit únic
En la variedad de partidos está la vida de la democracia. En las tiranías del siglo XX, partidos únicos fueron haciendo la vida imposible a los demás, y pervirtiendo la democracia, hasta suprimir las elecciones y quedarse con el país. Hay mecanismos de control para garantizar la transparencia democrática que deben implementarse (y ya sabemos que las amenazas son cada vez más sofisticadas).





 Assumeix la teva responsabilitat davant del món
Los símbolos y las marcas se han utilizado como expresión de odio, para etiquetar y denigrar a los excluidos. También para adherirse a la corriente mayoritaria por apoyo, o por mímesis, o quizá por miedo. Los símbolos en sí son neutros y pueden ser una forma de expresión, pero la historia de su uso les da contenido. Pueden ser tergiversados y manipulados burdamente. Pero cuando son una amenaza directa y se apuntan contra unos colectivos concretos, no pueden ser ignorados como simple decoración. No se puede mirar para otro lado.

  Pensa sempre en l'ètica professional
Hay profesiones que tienen un código deontológico porque se han comprometido con unas responsabilidades. Si fallan, el resto de la sociedad va detrás.







  Desconfia dels paramilitars
Aquí Snyder retrata uno de los mayores miedos de su país, el que producen esos grupos que rechazan las leyes comunes y se organizan por sí mismos, eso sí, armados hasta los dientes. Pero la cultura de “grupo armado” se infiltra en la vida social lentamente. Hay combatientes privados en las guerras, fuerzas de seguridad privadas de los poderosos y sus instituciones, prisiones gestionadas por empresas privadas. Los partidos políticos extremistas de la Europa de entreguerras combinaban las campañas electorales con palizas y asesinatos de los opositores, llevados a cabo por sus “brazos armados”. Los cuerpos policiales deben atenerse a unas leyes y responder si no las cumplen, por lo que nunca puede permitirse una policía paralela. En Europa suena un poco lejano, pero en USA los “equipos de seguridad privados” han llegado al gobierno. Snyder: "Quan els homes armats que sempre han afirmat que estaven en contra del sistema comencen a portar uniformes i a desfilar amb torxes i fotos d'un líder, la fi és a prop."

  Si has d'anar armat, sigues molt reflexiu
No puede haber un estado totalitario sin que el ejército y la policía se apunten. Pero muchos de sus miembros simplemente se dejaron arrastrar por los elementos más extremistas. La disciplina y la obediencia forman parte de su esencia, pero se espera que las personas tengan criterios propios, capaces de distinguir lo que es correcto de lo que no. Y capaces de negarse a cumplir órdenes injustas.




  Destaca
Aquí Snyder pone el ejemplo de Europa en plena II Guerra Mundial (tema que ha estudiado a fondo): cuando la Alemania nazi y la Unión Soviética, entonces aliados, se habían repartido todos los países de grado o por la fuerza, los ingleses se quedaron solos como democracia libre. Hitler estimaba a los ingleses como pueblo hermano, y quería llegar a un acuerdo con ellos; en la sociedad británica no faltaban partidarios del régimen nazi. Incluso en los Estados Unidos había una importante corriente de simpatía hacia él. Pero Churchill se plantó ante todos esos conformismos y resistió, a pesar de los terribles bombardeos. El frente del oeste seguía abierto cuando Hitler llevó a cabo su prevista invasión de Rusia, que por ello se vio condenada al fracaso. Más tarde los EEUU se unieron a la guerra, tras el ataque japonés, y a partir de ahí la balanza se decantó definitivamente. Pero todo empezó porque alguien no quiso seguir la corriente mayoritaria y actuó diferente. Como ése, se podrían contar muchos ejemplos de personas que cuestionaron el estado de cosas, y sólo esa pequeña grieta inició el resquebrajamiento. 

Continuará... 

martes, 28 de agosto de 2018

Barbarie cotidiana


Sigo con las recomendaciones o libros que han caído en mis manos por pura chiripa o atraídos por el poderoso magnetismo que producen mis dudas, cuestionamientos y abrasadoras ganas de saber: El miedo a los bárbaros, de Tzvetan Todorov. Realmente no hay una página de las trescientas y pico de este libro que no esté llena de reflexiones y sugerencias, de sensatez y de verdades, por lo que ni siquiera he llegado a resaltar citas: es un libro citable de principio a fin.

Básicamente viene a decir que es el miedo a los bárbaros (diferentes, novedosos, intraducibles) el que nos impulsa a cometer actos de barbarie (negarlos, rechazarlos, perseguirlos). También es muy destacable su definición de barbarie como algo intrínseco de la humanidad: la barbarie no es cosa de monstruos, sino que nace de los sentimientos de indefensión, miedo y egoísmo tan propios del ser humano. Esto no significa justificarlo, sino entender su verdadera naturaleza: con aquello que se sitúa fuera de la humanidad ni siquiera se puede tratar. El bárbaro es el que no considera humanos a los otros, y por tanto puede tratarlos como a cosas, puede tratarlos con crueldad sin creer que hace nada malo. Da igual que esos otros sean a su vez pacíficos o violentos. Tratar a los violentos como si no fueran humanos es otro acto de barbarie.

A mí este libro me parece un manual de tolerancia y decencia, y me gustaría poder destilarlo en píldoras y recetarlo a todos aquellos que lanzan sus mensajes de odio y racismo contra los otros. Pero desgraciadamente he llegado a la conclusión de que no se puede razonar con los intolerantes, porque el racismo no es cosa de razón sino de sentimientos. El racista vive en una realidad en la que está siendo constantemente agredido por los extranjeros, y no importa que yo viva en el mismo mundo y no me ocurra lo mismo. Sé que la realidad es algo construido por la psique y su contenido se ve afectado absolutamente por los sentimientos; la memoria no es un almacén de datos, sino un mestizaje de percepciones y estados de ánimo, tanto de los que se vivieron junto con las experiencias, como de los que se sienten al recordarlas. Si el racista está convencido de que los extranjeros son ladrones y embusteros, y disfrutan de todos los privilegios posibles en detrimento de él mismo, todo lo que le ocurra en la vida se explicará por esos motivos; ha sufrido cómo le insultan y cómo se le cuelan en la cola del médico, ¿cómo puedes venir tú luego a convencerle de que eso no ha pasado de esa manera, o de que los no-extranjeros también le hacen lo mismo sin que le afecte tanto? Sobre esas vivencias cotidianas se construyen las ideas de exclusividad territorial y fronteras infranqueables, de culturas inferiores, de religiones perversas, de diferencias irreconciliables.

Hablo del racismo de barrio, de patio de vecinos, cotidiano y mezquino, que se extiende por las calles como la peste a col hervida. Hablo de vecinos y familiares, incluso de gente a la que aprecio. Como recomienda Todorov, no caigo en el juego fácil de odiar a los que odian (y que quizá me odian, o me desprecian, o me tratan de lunática o ilusa devoralibros ignorante de la realidad). Lo que no dejo de hacer es: fundamentar mis ideas en la autoridad de los pensadores de todos los tiempos que reflexionaron sobre el tema, y en los libros de historia que explican porqué el mundo de hoy ha llegado a ser como es; y hablar y actuar siempre en consecuencia cuando la injusticia se presente o se proclame, aunque sea en esas cosas pequeñas de barrio y de patio de vecinos.

La intolerancia se resume en frases cortas, en eslóganes, en pintadas. La razón se extiende en largas y profundas explicaciones, como este libro de Todorov. Leerlo es un diálogo y un estímulo continuo, capaz de mantenerme despierta incluso en en las pesadas siestas de vacaciones. No se me ocurre mejor manera de recomendarlo.

El Miedo a los bárbaros: más allá del choque de civilizaciones -Tzvetan Todorov (Galaxia Gutenberg: Círculo de Lectores, 2008)

lunes, 27 de agosto de 2018

En defensa de la democracia


Gracias a una buena recomendación ha llegado a mis manos el libro de Rob Riemen Per combatre aquesta època (Para combatir esta era / To Fight Against This Age). Riemen es un pensador y ensayista holandés, fundador de la publicación Nexus en 1991, que dio lugar a la creación del Instituto Nexus en 1994, un foro de difusión de la cultura, las ideas y el debate. Este breve libro compuesto de dos ensayos lleva por subtítulo: Dues consideracions urgents sobre el feixisme, una continuación muy pertinente de las lecturas sobre la II Guerra Mundial con las que acabé el curso.

Después de constatar los horrores que el fascismo desató en Europa, sólo me hacía falta escuchar que nos encontramos en una nueva era pre-fascista, algo que ya podía sospechar viendo las noticias y todo lo que pasa a mi alrededor. La última gran guerra fue tan devastadora, que tras ella Europa fue capaz de recapacitar y entró en una época nueva y sin precedentes, una época en que la posibilidad de que sus estados se vuelvan a masacrar en una guerra ha desaparecido por primera vez en la historia. Durante cuarenta y cinco años se mantuvieron dos bloques políticos amenazándose mútuamente en una guerra fría, pero incluso esa situación acabó siendo barrida por el cambio de los tiempos, y pareció que las democracias liberales y el estado del bienestar se imponían como la mejor opción. También el capitalismo y la sociedad de consumo. Todos estos logros positivos vienen envueltos en un paquete inquietante que esconde numerosos peligros, el de la cultura moderna occidental.

Riemen recoge los pensamientos de autores como Goethe, Tocqueville, Thomas Mann, Nietzsche u Ortega y Gasset para analizar esta sociedad occidental moderna que es capaz de llevar el arte y la ciencia a sus más altas cotas, pero al mismo tiempo engendra una nueva forma de cultura: la sociedad de masas. Gracias a los medios de transporte y de comunicación masivos, a la inmensa expansión de las ciudades, al progreso material que inunda los mercados de productos, se crea este nuevo habitante de la sociedad de masas, tan propio del siglo XX. Según Riemen, se desarrolla como un niño malcriado en un ambiente que se lo consiente todo: lo quiere todo, lo quiere ya, no le importa lo que cueste, no le importa quien salga perjudicado; no quiere esforzarse, no quiere complicaciones; si no está satisfecho, reacciona con una pataleta, atacando a los demás, rompiendo todos los juguetes y destrozando la casa.

Como los niños malcriados, hijos de unos padres modernos que no quieren ser autoritarios, el ciudadano ha pasado, de la excesiva represión de las religiones oficiales, a la total ausencia de ética o valores. De la misma manera, la herencia cultural de occidente, que durante tanto tiempo fue monopolio de las élites, no se ha difundido a la población en general, porque el ciudadano moderno no quiere esforzarse en aprender, estudiar o meditar sobre esa herencia. Es la gran paradoja que haría llorar a los ilustrados del XVIII y a tantos idealistas de la historia: cuando las mieles de la cultura están por fin al alcance de todos los pueblos, resulta que nadie está interesado, sino que prefieren el ocio, el cotilleo, la musiquilla y la pornografía.

Y por supuesto, surgen los celos, la avaricia, la insatisfacción y la depresión. Ante ello, el ciudadano como niño viciado sólo sabe responder con el odio y la violencia. Éste es el panorama que dio lugar a los fascismos de principios del siglo XX, unos movimientos que nunca hubieran podido existir sin la sociedad de masas. Las ideas se han simplificado tanto para ser comprendidas por la gran mayoría, que se han reducido a titulares, eslóganes y tópicos que no diferencian ya entre la publicidad y la política. Terreno abonado de demagogos y manipuladores que pueden azuzar a esas masas contra cualquier chivo expiatorio, mientras las democracias son vaciadas de utilidad o sentido a base de leyes que recortan nuestros derechos, alegremente entregados por los ciudadanos, y de paso las arcas del estado acaban en bolsillos particulares.

Riemen clama contra las falsas apariencias de ésta época moderna que esconde los mismos rasgos de aquella Europa que se lanzó a los brazos del totalitarismo, que ya ha olvidado la lección. Las apariencias cambian, pero el continuo vaciado de sentido de la sociedad da lugar a un nuevo fascismo, digamos, estándar (para distinguirlo del histórico): la democracia se devalúa en su propia corrupción, pierde prestigio, y aparecen líderes “salidos del pueblo” que van a poner orden, “purificando” de elementos extraños la sociedad para devolverla a un pretendido estado ideal del pasado. Enseguida aparece un satanizado enemigo al que odiar; los opositores son enemigos del pueblo, son traidores y mentirosos, hay que acusarlos, condenarlos, encarcelarlos, anularlos. No hay diálogo ni tregua, los líderes aparecen como fuertes, poderosos, ofrecen “mano dura”. Se explotan los miedos y los prejuicios de los ciudadanos, se fomenta su ignorancia, y éstos se muestran dispuestos a renunciar a sus derechos, y destruyen todas las instituciones que eran la única garantía de justicia que les quedaba. ¿Suena familiar?

Para Riemen la democracia es un sistema pensado para hacer mejores a las personas: con más derechos, con más acceso a la cultura, a la salud, gracias a una libertad y una justicia que amparen su convivencia. La violencia, el racismo y el odio son el fin de la democracia y el fin de Europa (si es que la entendemos como la herencia del humanismo y la Ilustración). Lo que se extendía en estas tierras durante los años 30 y 40 del siglo XX no fue Europa sino un erial poblado de jaurías de lobos ensangrentados y de montañas de cadáveres.

A mi alrededor sólo escucho mensajes de odio. Afloran a todos los labios como si fuera lo más natural. La mayoría de la gente no escucha nunca una opinión meditada, ni la lee. Tienen ideas confusas sobre lo que pasó en el siglo XX. Pero están dispuestos a saltar al primer eslogan o tweet provocativo. A propósito de mi anterior post, podría aplicar aquí la conclusión a la que me llevaron esas terribles lecturas sobre la Guerra Mundial: comprobé que los ejecutores no tenían sentido de la compasión ni de la humanidad. Sentí como propio el dolor de todas las víctimas, y comprendí que eso fue precisamente lo que les faltó. El amor al prójimo es una tarea difícil, porque el prójimo, considerado de uno en uno, a menudo es insoportable y odioso, y se hace muy penoso amarlo. Pero considerando a la humanidad en su conjunto como algo de lo que formamos parte, en nombre de las entrañas que todos llevamos dentro, hay unos límites que no deberíamos traspasar nunca: no permitir jamás la injusticia, la violencia o la crueldad, aunque se ejerzan contra aquellos que no nos afectan, o no nos gustan. Nadie nos es ajeno, y una sociedad injusta nos hace injustos a todos. No soy especialmente sentimental ni sensiblera, pero en vista de lo que ha pasado en la historia de la humanidad, creo que la compasión es imprescindible como guía, es nuestra única salvación. Que se apele a Dios, a la ética o a la democracia es igual, la cuestión es no permanecer indiferente y tomar partido: combatir esta época, recuperar el legado de cultura y pensamiento que nos sirve de guía, y armarnos de argumentos y razón (por ejemplo, leyendo libros como éste).

Rob Riemen, Per combatre aquesta època (Arcàdia, 2018) / Para combatir esta era (Taurus, 2018)

domingo, 24 de junio de 2018

Yo no he olvidado





"Para que triunfe el mal, basta con que los hombres de bien no hagan nada" es una citada frase del pensador Edmund Burke, pronunciada en aquel siglo de las luces en que las palabras aún tenían peso; cuán lejos estaba este señor de imaginar el actual infierno de palabras e imágenes que ya no significan nada. Por eso lo cito y no intento siquiera decir nada propio.

Últimamente he estado leyendo varios libros sobre la II Guerra Mundial. El remolino de horror e incomprensión te arrastra hasta hacer difícil continuar. Al girar una página llegué a esta foto:
Es el ghetto de Varsovia, y no es ni remotamente la foto más terrible que puede encontrarse de aquel lugar. No sé hasta qué punto deben suprimirse los instintos humanos para pasar al lado de una criatura muerta y no hacer nada, ni siquiera mirarla. Ni puedo imaginar la cantidad de gente que no hizo nada para que se llegara a este punto.

Los cálculos sobre la Segunda Guerra Mundial hablan de unos 55 millones de muertos, la gran mayoría civiles. Muchos fueron asesinados, tiroteados, ejecutados; otros fueron bombardeados y masacrados de las más diversas maneras. Muchos murieron de hambre y enfermedades. Y todo eso pasó porque otras personas creyeron que no eran seres humanos, que no tenían derecho a vivir, que sus vidas no valían nada. Esto pasó en la Europa de Burke y la Ilustración.

Podría reclamar muchas cosas a los gobiernos y a la sociedad, pero no creo que mis palabras les digan nada. Podría ponerles delante el espejo de lo que vivieron sus abuelos o bisabuelos, pero he comprobado que la mayoría de la gente ha olvidado incluso la historia más reciente. "Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" es otra cita de Jorge Santayana que se recuerda a menudo. Escuchar las palabras de los sabios puede rescatarnos del infierno de palabras vacías (escuchar). Leer libros duele pero es necesario para vivir. El resto es nada.

Entrada de 2008; yo he crecido, el mundo no: