viernes, 28 de agosto de 2009

Nunca volveré a mirarte a los ojos

This is the end
Beautiful friend
This is the end
My only friend, the end
Of our elaborate plans, the end
Of everything that stands, the end
No safety or surprise, the end
I'll never look into your eyes...again

Can you picture what will be
So limitless and free
Desperately in need...of some...
stranger's hand
In a...desperate land

Es el fin,
Hermoso amigo
Es el fin,
Mi único amigo. El fin.
De nuestros elaborados planes. El fin
De todo en lo que permanece, el fin.
Ninguna seguridad ni sorpresa, el fin.
Nunca volveré a mirarte a los ojos.
Puedes imaginarte lo que será,
Tan ilimitado y libre,
Necesitando desesperadamente
de alguna mano desconocida
En un país desesperado.

domingo, 23 de agosto de 2009

Las letras mágicas

Desde el principio de los tiempos, los sistemas de escritura utilizados por diferentes culturas se han considerado una revelación de los dioses, y por lo tanto, llenos de magia y poder. Estos son algunos ejemplos de pueblos que han utilizado sus letras sagradas como medio de adivinación o invocación.

Los mandeos y el alfabeto abaga.
Los mandeos son un pueblo que ha habitado en Irak hasta fechas recientes, aunque su origen debe ser Palestina, ya que su idioma tradicional es el arameo oriental. Su religión es de raíz irania, dualista, y toma algunos elementos del judaísmo y el cristianismo primitivo. Uno de sus profetas es Yohanan, San Juan Bautista, aunque consideran a Jesús un farsante. Yohanan bautiza a su gran profeta Manda d’Haiyé, del que toman el nombre, que significa Gnosis de la Vida, rebelando también influencias gnósticas en esta religión. Su libro sagrado es el Ginza, el tesoro.

El alfabeto mandeo desciende del arameo, aunque la mayor parte de los textos conocidos son manuscritos de la Edad Media y del período moderno. Hay también textos de encantamiento escritos en cuencos que datan del siglo VI d. C. y rollos del 400 d. C.


Los mandeos llaman a su alfabeto abaga, de las tres primeras letras que lo conforman. Según ellos, cada letra representa un poder de vida y luz y la primera y la última letra, en la forma de un pequeño círculo, representan la perfección de la luz y la vida. Las letras del alfabeto, escritas sobre 24 fragmentos de oro o plata se ponen debajo de la almohada de la persona que desea guía en algún asunto o dificultad.
La imagen muestra un texto mandeo y su traducción. En este texto podemos ver algo de la filosofía dualista que anima esta creencia.

"¡Salve, salve, oh alma que has partido de este mundo! Has dejado la corrupción y el cuerpo apestoso en el que habitaste, la morada de los males, el lugar de todos los pecados del mundo, de las tinieblas, del odio, la envidia y la disensión."

Los pueblos germánicos y el alfabeto rúnico.
Los caracteres rúnicos han estado asociados siempre a cuestiones mágicas y místicas. La palabra runa ha generado mucha especulación; el vocablo gótico runa puede traducir el latino misterium "misterio, secreto". La antigua palabra inglesa rún significa "misterio; consejo; palabra". Probablemente la palabra runa tenga la misma etimología que la palabra alemana raunen, que quiere decir "adivinar". Las runas trasmitían, por consiguiente, un mensaje secreto. Cada signo rúnico tendría su propia cualidad y un valor numérico con el que se podían crear combinaciones que aumentaban el mensaje cifrado. Aquellos que sabían grabar las runas gozaban de un prestigio muy especial: eran los sabios y temibles "maestros de las runas". La razón por la que las runas han estado asociadas siempre a los secretos y misterios es un misterio en sí mismo.

Hay que distinguir varios alfabetos rúnicos distintos: el antiguo futhark (por las seis primeras letras: f, u, th, a, r, k) pangermánico, que consta de 24 signos y estuvo en uso entre los siglos I y VIII, y el nórdico, más reciente, que consta de sólo 16 signos y se utilizó entre los siglos IX y XII. El más complejo de todos los alfabetos rúnicos fue el anglosajón, que comprendía al principio 28 signos y más tarde se amplió a 33. Esta modalidad gráfica estuvo en uso hasta comienzos del siglo VIII.

Las runas eran un medio esotérico de comunicación mística; la idea de escribir en modo alguno se entendía como transmisión de información profana. El sentido de muchas inscripciones rúnicas sigue siendo oscuro, incluso en el caso de que se puedan traducir palabra por palabra. La lectura de runas no se debía entender en el sentido moderno de leer, sino que se trataba de un auténtico descifrar, de una elucidación e interpretación de textos a varios niveles. Como en la inscripción de una fíbula de plata que exhorta al lector: “Interpreta [adivina] las runas, que proceden de potencias divinas”.

-De "Historia universal de la escritura" de Harald Haarman, y la asociación PROEL.

sábado, 1 de agosto de 2009

Sumi-e


Sumi (tinta); e (pintura). El arte de la pintura a tinta es uno de los caminos del zen japonés, como lo son la ceremonia del té, la lucha de espadas, el tiro con arco o la caligrafía, de la que el sumi-e es una variación. Estas disciplinas en apariencia tan diferentes, siguen el mismo método para conseguir el mismo propósito: el control de las molestas distracciones, el dominio de sí mismo y finalmente la liberación del talento interior, más auténtico, más perfecto y más feliz que cualquier cosa que se pueda conseguir con el intelecto.

Cualquiera de estos caminos exige una dedicación de años y una entrega total. Por supuesto, no se trata de llegar a ningún fin, porque el anhelo de un fin ya es un impedimento; lo importante es el camino. Se han de manejar los materiales, se han de ensayar las posturas. Repetir, repetir y repetir los ejercicios hasta que las extremidades pierdan su torpeza y se liberen de sus limitaciones. Cometer errores una y otra vez, y aprender a soportarlos. Así, con el tiempo, la mente se libera del deseo de éxito, la mano se convierte en un transmisor instantáneo de las emociones, y se olvidan todas las lecciones, técnicas y trucos. Entonces se alcanza la maestría.

La estética zen se basa en unos principios fijados durante siglos, pero que pueden resultar extraños a ojos occidentales:


-Fukinsei, asimetría. La perfección es presuntuosa y rígida, la asimetría es libre y respira.

-Kanso, austeridad. Es mucho más difícil trabajar con pocos elementos, pero el resultado es superior.

-Koko, la pátina. Las cosas viejas, maltratadas por el tiempo, son mucho más interesantes que las acabadas de hacer. Las cicatrices y huellas, las superficies gastadas, dicen mucho más y son más hermosas.

-Shizen, naturalidad. No hay mejor maestra que la naturaleza. En ella las cosas surgen espontáneamente y por eso son auténticas.

-Yuugen, profundidad. El arte no trata de apariencias. Si las formas no reflejan lo que llevan en el fondo, no transmiten nada. Hay una totalidad más allá de los detalles.

-Datsozoku, desapego. Las emociones inmediatas distorsionan el arte. Si se practica libremente prescindiendo del resultado, se abre el canal para que el talento auténtico pueda expresarse.
-Seiyaku, serenidad. Es el resultado de lo anterior. Con la mente como un estanque quieto, la piedra lanzada producirá ondas perfectas.

Por último, hay un elemento esencial en el arte zen: el vacío (ku). No sólo constituye la capacidad creativa de la mente, sino que es el protagonista de la pintura. El vacío (yohaku) es el papel en blanco, en el que los trazos negros muestran lo visible, abarcando el aire y el espacio sin el cual no podrían manifestarse.

Los materiales reciben el nombre de Los Cuatro Tesoros del Erudito (Bunbou Shishou), y son:

Sumi-la tinta: en forma de barra, la tinta negra se deshace en agua para formar una gama infinita de grises, que sustituyen los colores. La tinta tiene una cualidad acuática, fluye por el papel y deja un rastro como una corriente.
Suzuri-el tintero: tiene una parte elevada, oka (colina), donde se frota la barra de tinta, y otra profunda, umi (océano), donde se recoge. Los mejores son de piedra y su superficie es ligeramente rugosa para moler las partículas de tinta de forma adecuada. Su tacto y el sonido que produce son sus mejores cualidades. Como el lecho del río, tiene la cualidad de la piedra.

Fude-el pincel: hay diferentes modelos, pero con uno basta, tanto para las líneas gruesas como para las finas, si se sabe manejar la presión, la velocidad y el grado de humedad. Sujetándolo verticalmente al papel o con una inclinación de 45º, no se han de mover los dedos ni la muñeca: todo el movimiento debe venir del hombro y del codo. Suele ser grande y estar hecho con pelos de animales. La suavidad con la que acaricia el papel le hace parecer un ser vivo. Los antiguos maestros hacían un funeral para sus pinceles viejos y los incineraban en los templos.

Kami-el papel: suele ser el famoso papel artesanal japonés, el washi. Son esenciales su absorbencia, su textura, la forma en que reacciona al recibir la tinta. Las fibras del arroz o de las plantas que se dejan entrever en él recuerdan su origen vegetal.

En el manual de pintura chino “El jardín de la semilla de mostaza”, que llegó a Japón en el siglo XVII, se establecían cuatro elementos naturales para seguir un aprendizaje completo del sumi-e. Se les llamó Los Cuatro Honorables Caballeros (Shikunshi) y se debían aprender por este orden:
-Ran, la orquídea silvestre. Está compuesta de trazos espontáneos y sueltos. Hojas delgadas y flores de diminutos pétalos.

-Také, el bambú. Para dibujarlo son necesarios movimientos enérgicos. Cañas gruesas con secciones muy marcadas, hojas que se abren como abanicos.

-Ume, el ciruelo florido. Es un tronco nudoso en que se utilizan técnicas de aguada para darle textura. De él brotan flores delicadas hechas con pinceladas muy suaves.

-Kiku, el crisantemo. Es la flor japonesa por excelencia y para pintarla se requiere conocer todas las técnicas anteriores.
La naturaleza ha sido siempre un elemento muy importante de la cultura japonesa. Aún hoy en día, hay parques enormes en las grandes ciudades, y allí donde se acaban los edificios, empiezan los bosques. En el sumi-e no se trata de ir a copiar los paisajes o las plantas. Se ha de interiorizar el espíritu de aquello que se pinta, para que salga por sí mismo en el momento de coger el pincel. De todas formas, no es necesario tener un modelo real. Nada hay más cercano al arte abstracto que estos trazos negros sobre un papel. Tengo una edición del Tao Te King en que cada verso está caligrafiado y acompañado de una ilustración en tinta: manchas, brochazos, gotas que se escurren del papel. Algunas me han hecho llorar, aún más que las palabras. Quien las trazó, en un estado de quietud y concentración, suavemente dejó escapar sus emociones, y gracias a ello han llegado hasta mí. La pintura está llena de vida.
-Información extraída y libremente interpretada de: "Pintura zen, método y arte del Sumi-e"-Mª Eugenia Manrique. Kairós, 2006.